FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
YO MARCOS
Para quienes desean emprender un viaje en busca de la identidad y la verdad detrás de nuestra Virgen mexica.
YO MARCOS

“Vamos a ir a la Basílica.”
La primera vez que los ojos de Alberto se posaron frente a la virgen morena, mientras su pequeño cuerpo se trasladaba por una banda eléctrica en el interior de la Basílica, fue a los 3 o 4 años en compañía de su mamá y su abuela. La primera vez que los ojos de Marcos Cipac se posaron sobre su propia creación terminada, un milagro que jamás llevaría su nombre y que la historia trataría de borrar, el escritor de códices entendió que en esa imagen llevaría la historia de su pueblo más allá de su propia existencia. Dos hombres emprendieron un recorrido, a España o hacia su interior, atravesaron un océano o sobrevivieron un genocidio, hasta encontrar la identidad de todo un pueblo, o la de un bello ser humano de orgullosa piel mexica.
“¿Quién inventa ahora la verdad?”
Años atrás, el actor Alberto Juárez emprendió un viaje espiritual que lo llevaría a un monasterio en Extremadura, España, en un intento por ver a la Virgen del Coro, también conocida como la Virgen Negra. Esta talla de madera en relieve del siglo XV es tradicionalmente relacionada como el modelo iconográfico que tomó como referencia el pintor indígena Marcos Cipac para pintar en el siglo XVI a la Virgen de Guadalupe, imagen que es venerada diariamente por millones de mexicanos, y cuya creación la iglesia se ha encargado de atribuir a un milagro antes que a un artista azteca. A partir de estos sucesos, el dramaturgo chihuahuense Adriano Madriles desarrolla “Yo Marcos”, un unipersonal que entremezcla biodrama con teatro documental y un toque de docudrama.
“Somos los huérfanos de los dioses.”
Ante la negativa de poder acceder a espacios prohibidos para turistas dentro del monasterio, Alberto decide abrir una aplicación de encuentros, espacio cibernético que lo llevaría inesperadamente a encontrar respuestas a su búsqueda; luego de ver como su pueblo ha sido diezmado por los españoles, Marcos Cipac debe de obedecer al poder blanco español si es que desea rescatar algo de su raza, aunque sea sobre un pedazo de tela. Donde los libros de historia se encuentran con hojas en blanco, la ficción entra para llenar huecos, todo ello en un camino que conduce al centro de uno mismo, a un regreso al hogar.
“Pintar no borra los muertos.”
La construcción de “Yo Marcos” desarrolla en paralelo el biodrama de Alberto Juárez, su búsqueda de respuestas y la verdad en torno a la Virgen que desde niño ha admirado al punto de tenerla tatuada dos veces en la piel, y una pieza de teatro documental con elementos de ficción en torno a la vida y obra de Marcos Cipac, específicamente a la creación de la imagen que supuestamente se le apareció a Juan Diego entre flores. Esto da como resultado un doble discurso. Por un lado, se tiene el rescate de una verdad histórica, el reclamar crédito indígena, sobre un hecho que sido intencionalmente borrado en favor del misticismo de la fe católica, por muy incómodo que les resulte a los fieles creyentes. Sin embargo, por el otro lado, la dramaturgia explora un tema más introspectivo, el de la búsqueda de la identidad, tanto personal como de toda una raza, en un mundo que borra o manipula el pasado o la realidad misma. Es en esta bien equilibrada dualidad de discursos que el trabajo de Adriano Madriles consigue capturar el imaginario del espectador para que cuestione no sólo lo que se nos ha educado a creer sin chistar, sino a vernos en un espejo para entender que la respuesta a quiénes somos se encuentra más en el reflejo que en cualquier otro lugar.
“El verdadero tesoro siempre está en casa.”
El primer impacto visual que tiene la audiencia al entrar al espacio de representación es una proyección de la plancha de la Basílica de Guadalupe, espacio que está completamente invadido por tiendas de campaña, por miles de feligreses o peregrinos, todos en espera de algún milagrito, ya sea que la violencia familiar termine, que el cachito de la lotería salga ganador o que el América sea el vencedor en algún partido. En épocas de la conquista, la destrucción de la historia de los mexicas se simboliza con la quema de una hoja de papel. Los restos se ponen sobre un cuenco y se apagan con un poco de agua, misma que es utilizada como agua bendita para bautizar a Marcos Cipac, acto que simboliza la manera en que los españoles y la fe cristiana se está construyendo sobre la sangre y cenizas de toda una civilización.
“Lo muy mexicano es muy español.”
A nivel dirección de escena, “Yo Marcos” crea momentos cargados de misticismo, que dan vida a una atmósfera de tiempos pasados donde clérigos e indígenas se confrontaban, así como escenas que critican a un sistema religioso, pero también a sus muy devotos y egoístas creyentes. Ambos estímulos escénicos invitan a la interpretación o reinterpretación de símbolos, ya sea a través del uso de máscaras, de proyecciones traseras, o de la quema de un incienso que se convierte en el pincel con que se pinta a una virgen. Esto lo consigue el director Omar Flores Sarabia, responsable también del diseño de iluminación, video y multimedia. Aun cuando el posicionamiento de ciertos elementos actúa en contra de una plena apreciación de la puesta en escena, como lo es una cortina de hilos directamente enfrente de la pantalla donde se proyectan múltiples imágenes clave para la narrativa de la obra, la propuesta de Flores Sarabia consigue acentuar la dramaturgia de manera sostenida. Igualmente apreciable es el trabajo de Brisa Alonso en el diseño de vestuario, quien consigue transportar al actor entre sí mismo y el pintor azteca con pocos, pero bien utilizados elementos.
“Esta no es una pintura, es un mapa, es la historia de mi raza.”
Como una versión ficcionada de sí mismo, Alberto funciona como el narrador eje en “Yo Marcos”. Al dar vida a múltiples personajes secundarios de nacionalidad española, ya sean un monje en el presente, o un sacerdote empoderado en tiempos de la conquista, por mencionar un par, la caracterización favorece un poco más la caricatura que el realismo, decisión que a momentos crea humor, en la globalidad es también una postura crítica. Como el pintor Marcos Cipac, Juárez lo aborda desde el orgullo y la necesidad de trascendencia a partir de su obra. Esta multiplicidad de interpretaciones se realiza de forma balanceada, desde un lugar de creación honesto, veraz y comprometido.
“Estoy erguido sobre mis propias ruinas.”
Quienes me conocen saben qué tan grande es mi aversión en contra de la iglesia católica. Esas mismas personas entienden plenamente qué tan largo ha sido el camino que he emprendido a lo largo de mis 52 años para poder encontrarme, para estar cómodo y feliz con mi propia identidad. Desde esas dos aristas, “Yo Marcos” me habló directamente, reafirmando que tan imperante es ver a la iglesia con una mirada acusatoria y crítica, entenderla como cómplice de muchísimos crímenes, incluyendo la complicidad en el borrar la historia de nuestra propia historia mexica. Asimismo, me recordó que este Juan Carlos, el que existe hoy en el 2026, está construido en las ruinas de mi propio pasado, de un hombre que alguna vez se odió a sí mismo por no poder abrazar amorosamente su propia identidad queer.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Yo Marcos
DRAMATURGIA: Adriano Madriles
DIRECCIÓN: Omar Flores Sarabia
IDEA ORIGINAL Y ELENCO: Alberto Juárez
DÓNDE: Sala Xavier Villaurrutia, dentro del Centro Cultural del Bosque.
DIRECCIÓN: Reforma y Campo Marte, detrás del Auditorio Nacional, Chapultepec.
CUANDO: Jueves y viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 10 de mayo 2026.
CUANTO: $150. Aplican descuentos. Boletos en taquilla y en Boletos | YO MARCOS | Centro Cultural del Bosque
DURACIÓN: 100 minutos sin intermedio




