AZUL BOSQUES

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Para quienes desean enfrentarse a un futuro Orwelliano donde el placer sexual es regido por el Estado.

AZUL BOSQUES

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Sexo nivelado, satisfacción garantizada.”

Si se comportan como es debido, durante 30 minutos, 5 veces al año, los individuos tienen autorizado dirigirse a un dispensario para descargar. Igualmente, el Estado puede encomendarles que presten sus servicios como facilitadores, poniendo sus cuerpos, nunca sus caraas, como herramienta de placer para alguien más. Un sistema estrictamente regulado a través de cámaras y sensores donde el placer de los ciudadanos es monitoreado para mantenerlos controlados bajo la ilusoria promesa de ganar estrellas y, quizá, hasta un magno concurso donde la recompensa es la libertad sexual. El sistema parecía infalible, hasta que una firma sobre una rodilla, a través de un muslo, comenzó una revolución orgásmica imposible de parar.

“XX, XY, a mí me da igual.”

El futuro distópico se ha convertido en un tema recurrente en la dramaturgia de David Gaitán. Ejemplo de ello son sus dos últimas obras en escena: Oso Polar Decapitado, donde una eclipse glacial orilla a los seres humanos a ponerse a la merced de robots, y El Mar es un Pixel, donde las redes sociales y la inteligencia artificial se convierten en un verso perverso. Su más reciente propuesta, “Azul Bosques”, es un unipersonal que igualmente aborda dicho futuro distópico, pero ahora desde una visión en la que el Estado controla por completo la sexualidad de las personas, la transforma en algo impersonal y desentendido de cualquier emoción. Esta premisa remite a la novela cumbre de George Orwell, 1984, donde el deseo y el placer sexual es visto como algo peligroso para el sistema y que debe ser reprimido o supervisado a toda costa.

“Estoy enamorado de la última media hora de mi vida.”

Por espacio de media hora, el protagonista consiguió establecer una conexión emocional con el cuerpo que le sirvió de facilitador para su descarga. Antes de irse, trazó por aquel cuerpo sin rostro una firma, un camino que fue de la rodilla al tobillo, una marca que se habría de convertir en la bandera de una revolución que pondría en riesgo la estabilidad del Estado. Desde un escritorio oficial, una empleada del sistema monitorea niveles de adrenalina, eleva niveles de sospecha sobre un rebelde que ha osado pintar símbolos rojos en una calle, y se da cuenta que la suerte es un factor imposible de controlar.

“Arriesgarse a morir reditúa.”

La primera parte de “Azul Bosques” es en voz de un hombre culpable de generar deseo en el interior de la cabina 11 de un dispensario cualquiera, que en su pasado se atrevió a tener una relación sexual espontánea, y por la cual tuvo que pagar las duras consecuencias, que con el simple hecho de trazar un símbolo con el dedo despierta a toda una población. La segunda parte del unipersonal es contada desde una visión femenina, de una empleada estatal que va viendo como las cosas se van saliendo de control a medida que los sistemas de control establecidos por el gobierno se demuestran fallidas. En esta duplicidad de puntos de vista, Gaitán deja ver el lado humano y el gubernamental, construye su crítica apocalíptica donde tanto la euforia como el miedo son usados como herramientas de control y represión, elementos que se pueden ver dentro de administraciones en la actualidad, siendo el ejemplo más obvio el estadounidense. Gaitán usa el sexo como la moneda de cambio de su discurso, un acto que desafía el control, que se rebela a la norma, espacio donde el ser humano es capaz de sentirse libre a pesar de cualquier cadena que se le ponga en el mundo real.

“¿Y si me enamoro de un torso?”

En lo alto del escenario se proyectan sobre un gélido fondo blanco los cambios a las leyes que el Estado va imponiendo a sus ciudadanos. Al frente, del lado derecho del escenario, el protagonista habla frente a un gran número de micrófonos, elemento que simboliza la constante vigilancia sobre la que habitan los ciudadanos. Sin embargo, un micrófono un poco más elevado representa su voz interior, aquella que nadie es capaz de escuchar. En el momento de entrar a la cabina, ya sea para descargar o para facilitar, el espacio se va iluminando en verde, ámbar o rojo, y se van apagando y prendiendo las luces, para marcar el tiempo que resta a la interacción sexual autorizada.

“¿Con qué cuerpo me voy a encontrar?”

Escénicamente, la propuesta de Gaitán como director en “Azul Bosques” busca crear la atmósfera de perenne observación por parte del Estado, desde la más absoluta seriedad en la primera parte, inyectando ligeros toques de humor en la segunda. El diseño de escenografía e iluminación por parte de Anna Adrià Reventós enfatiza este aspecto a partir de la presencia de micrófonos y una pantalla superior, mismos que se confrontan con la presencia de la naturaleza, una vez que se revela lo que se esconde detrás de un telón dorado. Tonalmente la obra consigue fluir eficazmente entre el deseo y el totalitarismo, entre la lujuria y el temor que conlleva una dictadura, desde una elegancia libre de morbo. La composición musical y diseño sonoro de Andrés Motta también contribuyen a la construcción del universo, igualmente desde una sutileza armónica.

“Elevando el nivel de sospecha a 5.”

El cuerpo desnudo del narrador está cubierto por lo que de primera instancia parecieran tatuajes tribales, mismos que revelan su sentido a medida que la trama se desenvuelve. El cuerpo se mantiene expuesto durante los primeros quince minutos, mientras el futuro revolucionario comparte ese primer encuentro que le llevaría a dejar marcas rojas en el pavimento y a encender una llama en la ciudadanía. Luego de ese inicio, se comienza a cubrir, se da vida a una segunda interlocutora, misma que sube las escaleras laterales del teatro para asomarse por una ventana.

“Siempre nos vamos con los signos que se desbordan.”

El trabajo escénico que realiza David Gaitán es arriesgado, no por el aparecer sin ropa en escena, sino por la candidez y fragilidad con la que da vida a ese primer narrador, mismo que se va complejizando conforme avanza la trama. El cambio al segundo personaje es sutil, ligero en verdad, aun cuando su capacidad para transitar entre una funcionaria estatal que habla en tonos grandilocuentes a una mujer un tanto fastidiada del trabajo agrega una capa de humor a la compleja interpretación. Es en estos ligeros matices, en los cambios finos entre personajes, como se percibe al narrar un encuentro sexual de forma casual, para luego dejar entrever la verdadera lujuria a través de un micrófono a lo alto, que Gaitán arriesga mucho más a través de su sensibilidad y emotividad.

“No pueden castigarnos a todos.”

Las relaciones íntimas, el placer, no sólo sexual, que se genera cuando miras a los ojos de otra persona cuando los cuerpos se fusionan, genera emociones independientes y lealtades personales, dos elementos que claramente amenazan el poder totalitario con el que gobernaba Big Brother en 1984. Tanto en el universo Orwelliano como en el que propone Gaitán en “Azul Bosques”, el sexo es un arma de rebelión contra el sistema, se convierte en ese espacio donde hay libertad absoluta más allá de sensores y cámaras, es ese lugar donde la humanidad se conecta con su ser más primario y elemental. Y eso… es algo que aterra a todo aquel que nos quiera encadenar.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Azul Bosques

DRAMATURGIA, DIRECCIÓN Y ELENCO: David Gaitán

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 13, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Miércoles 20:00 horas. Hasta el 29 de Julio 2026

COSTO: $350. Entrada general. Boletos en taquilla y en AZUL BOSQUES #0425 – Boletópolis

DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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