ELECTRA

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Para quienes entienden que la venganza, la obsesión, el duelo y la violencia van más allá de una tragedia griega.

ELECTRA

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Cortesía de la Producción

“¡Castiguen el asesinato de mi padre!”

En aplacar a la diosa Artemisa y que un ejército fuera favorecido con el viento necesario para partir hacia la guerra de Troya, Agamenón derramó la primera sangre, la de su hija Ifigenia. Con la ayuda de su amante, Egisto, la reina Clitemnestra ejecutó a su esposo, cobró venganza sobre su primigenia muerta. La sangre se acumula entre los Atridas, al igual que el dolor y la rabia, dolores que consumen a Orestes y a Electra, hermanos que no están dispuestos a que el crimen cometido por su madre siga impune. Este ciclo pareciera imposible de terminar, la violencia nunca dejará de engendrar más violencia, y esto no es una cosa de los griegos, pareciera ser una de las más bajas de las condiciones humanas.

“Nuestro mejor amigo es el momento adecuado.”

Tras el exquisito montaje de Ifigenia en Áulide a cargo de Gabriela Ochoa, mismo que conectó delicadamente el discurso de Eurípides con la contemporaneidad, y la muy cuestionable Más Vale Morir, adaptación de Amaranta Osorio y Jorge Volpi a la tragedia de Esquilo, que dio como resultado una estridente puesta en escena dirigida por Richard Viqueira y que resignificó la feral violencia en el norte del país en un espectáculo de caballo de rodeo, la Compañía Nacional de Teatro entrega el capítulo III del Proyecto Espiral, esta vez en las muy capaces manos de Esther André González quien adapta y dirige “Electra” a partir del original de Sófocles.

“¿Nunca te cansas de llorar la pérdida de Agamenón?”

Devastada en dolor y consumida por la ira, más por la idea del asesinato de su padre a manos de Clitemnestra y Egisto, que por un verdadero duelo a la muerte de un ser querido, Electra se ha convertido en un guiñapo, en un reflejo deforme y en harapos de las muñecas que son las jóvenes mujeres que conforman la alta sociedad de Micenas. A ellas les comparte su sed de venganza, su necesidad de justicia en contra de su madre, la asesina, su ferviente deseo de que vuelva Orestes y levante el hierro en contra de ella, ya que, en el discurso, una mujer es incapaz de cometer atroces y sanguinarios actos.

“Tu melancolía es fuente de desgracias terribles.”

Reducida a una duración de 70 minutos, centrando el discurso al punto de vista del personaje titular, dando una mayor fortaleza a las voces femeninas, y consiguiendo que las palabras de Sófocles sean no sólo accesibles al espectador actual, sino que tengan resonancia con la contemporaneidad, la adaptación que realiza Esther André González en “Electra” deja en claro tanto el entendimiento que tiene la creadora escénica con el material original, como el punto de vista que tiene al respecto. André González cuestiona y pone en riesgo la tragedia griega, la resignifica siendo fiel a sus palabras y a la premisa original, le imprime un toque preciso de fuerza femenina, elemento pertinente y coherente con la tesis del proyecto. El resultado sin duda es la adaptación más sólida y con el más claro punto de vista de lo que va en la tetralogía producida por la CNT.

“Lo peor no es morir, es desear la muerte y que te la nieguen.”

El coro de mujeres lleva máscaras de grandes ojos, chapitas enrojecidas, tez blanca de porcelana y larga cabellera negra con trenzas que las convierten en muñecas antiguas, seres frágiles y fácilmente manipulables, reflejo de una muñeca de trapo real que tiene Electra y que simboliza todo ello en contra lo que ella se rebela. Sus movimientos, estética, reacciones y coreografías conectan el pasado con el presente, se muestran como un reflejo retorcido de una visión del mundo que no debería de continuar. Cuando es momento de ejercer la venganza, las mujeres/muñecas afilan cuchillos, la parte trasera del escenario se enrojece y se llena de humo, Orestes blande un cuchillo de carnicero y la venganza y la justicia se escenifican de forma grotesca y precisa.

“Los vivos no tienen tumba.”

A nivel montaje, la propuesta de Esther André consigue una obra  conectada con la escena contemporánea, que entremezcla estéticas, estilos y estímulos desde la mera presencia de una lira al inicio de la obra, instrumento que resulta ridículo cuando una guitarra eléctrica simboliza la voz de Electra. El uso de un segundo escenario del lado derecho, donde un micrófono y un cuadro de Agamenón tienen el foco, simboliza la guarida donde la hija de la reina habita con andrajos sobre su cuerpo, espacio que igualmente conecta con un lenguaje juvenil y actual. Coreografías de dos hermanas sentadas sobre estacas sostenidas por el coro, cuya estética ha sido descrita en el párrafo anterior, y que conecta con el discurso global de la propuesta en cuán anquilosadas son las visiones heteropatriarcales de sumisión y obediencia femenina, consiguen que la potente visión de la directora se consolide a manos llenas. Esto es posible gracias a un equipo de creativos que incluye a Jorge Kuri Neumann en el diseño de escenografía e iluminación, Kristos Konstantellos en el diseño de vestuario y de máscaras, el diseño de movimiento de Nadie Lartigue Zaslavsky y Netty Radvanyi, así como el diseño sonoro de Yurief Nieves y Kiara Konstantellos.

“Soy esclava de los asesinos de mi padre.”

Ante los constantes cuestionamientos por parte de las mujeres acaudaladas de Micenas, Electra defiende su caso con apasionamiento, dejando ver sus entrañas dolientes frente a un retrato de Agamenón, explicando con lágrimas en los ojos y con voz temblorosa por ira y duelo que no puede permitir que este crimen siga sin castigo. Por su parte, cuando Clitemnestra debe de exponer su propio caso, defender al micrófono el por qué derramó la sangre de su esposo, la reina se presenta en toda su majestuosidad, soberana y regia, más con el enojo contenido de alguien que perdió a una hija y que eso es imperdonable. Cuando Crisótemis se enfrenta a su hermana Electra, el diálogo es como una ametralladora entre las dos hermanas, la visión de un mundo en decadencia en directa confrontación con una cosmogonía nueva e imposible de reconciliar con la existente.

“Si soy así es porque llevo tu sangre.”

La manera en que Nara Pech se entrega al personaje de Electra, desde un lugar crudo, desmedido, roto y feroz, es poco menos que portentosa. Desde el dolor o el enojo, defendiéndose en contra de un sistema patriarcal rancio o cayendo de rodillas al creer que su hermano ha muerto, cada aspecto en la creación que realiza Pech le imprime a Electra una voz femenina poderosa, representativa de todas aquellas que han sido víctimas de violencias. A su lado, Muriel Ricard, símbolo de un sistema fallido y opresor, funciona como contrapeso en una interpretación que demuestra la forma en que la actriz ha ido madurando al personaje a lo largo de tres obras. Finalmente, como Crisótemis, Mariana Villaseñor da voz a aquellas que se conforman, que quisiera ver el mundo igual, meramente para proteger sus propios intereses y privilegios. La escena del enfrentamiento entre hermanas, en ritmo, comunicación, tono y complicidad, es una de las mejores interacciones entre dos actrices que he visto en este año. Interesantemente, el elenco masculino, particularmente Emilio Bastré como Orestes y Medín Villatoro como Egisto, abordan sus personajes desde una tonalidad más plástica, menos cimentada en la realidad y más en la forma, decisión coherente dentro de la crítica que la misma propuesta realiza a la masculinidad y su poder. El elenco lo completan con esmero José Carlos Rodríguez, Alberto Santiago, Mario Vera, Estefanía Estrada, Itzel Riqué y Ana Cristina Ross.

“¿Es justo matar a un hombre por otro?”

El Proyecto Espiral, en sus tres entregas a la fecha, ha generado aplausos y controversias, ha despertado conversaciones en torno a la violencia, a la manera que la percibimos o la escenificamos, en cómo se perpetúa de manera permanente en una sociedad fallida. Sin embargo, uno de los ejes más relevantes, desde el punto de vista teatral, es la forma en que la CNT ha dejado en claro la relevancia de las tragedias griegas en nuestros días, cuán fuerte resuenan las palabras de Sófocles, Esquilo y Eurípides en el México del siglo XXI, cuán violentos fueron los Atridas en su búsqueda de justicia a través de la sangre, hecho que sigue siendo lastimosamente real en este país completamente asfixiado por la violencia.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Electra

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Esther André a partir de Electra de Sófocles

ELENCO: Muriel Ricard, José Carlos Rodríguez, Nara Pech, Alberto Santiago, Mario Vera, Mariana Villaseñor, Medín Villatoro, Emilio Bastré, Estefanía Estrada, Itzel Riqué y Ana Cristina Ross

DÓNDE: Sala Héctor Mendoza

DIRECCIÓN: Francisco Sosa 159, Colonia Barrio de Santa Catarina, Coyoacán.

CUÁNDO:

  • Jueves y viernes 20:00, sábado 19:00 y domingo 18:00 horas. Hasta el 3 de mayo 2026.
  • A partir del 14 de mayo, se comenzará a alternar la temporada con funciones dobles de reestreno de los Capítulos I Ifigenia en Áulide de Eurípides bajo la dirección de Gabriela Ochoa, y el Capítulo II Más vale morir de Amaranta Osorio y Jorge Volpi, dirección Richard Viqueira (presentados en combo, con un breve intermedio entre ambas partes), exclusivamente los jueves a las 20:00 horas y sábados a las 19:00 horas.
  • A partir del 14 de mayo, funciones sencillas del Capítulo III del Proyecto Espiral, Electra, se continuarán presentando en la Sala Héctor Mendoza solamente los viernes a las 20:00 y domingos a las 18:00 horas.

COSTO: Entrada libre. Boletos bajo reservación al correo [email protected]

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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