FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
SIRENA Y PUNTO
Para quienes desean emprender una entrañable travesía a través de la amistad, el descubrimiento de la identidad… y los noventas.
SIRENA Y PUNTO

“El día del cumpleaños ocho de Andrés es un día que nunca olvidaré.”
Andrés y Juana se conocieron en el pleno corazón de su niñez, en una década donde los tazos y los caballeros del zodiaco dominaban al mundo, en una época en la que subir a un árbol de mangos era la más grande aventura, en un tiempo en que una película de Disney sobre leones traumó a una generación entera. Andrés y Juana se convirtieron en mejores amigos de inmediato y supieron que, sin importar lo que pasara, siempre se ayudarían a salir del agua si es que alguno se ahogaba, si es que un padre no aceptaba su naturaleza, si el querer ser iba a convertirse en un problema. Entre canciones de Kabah y telenovelas prohibidas, tras ver una película animada con un cangrejo cubano y la más hermosa de las princesas, Andrés descubrió quien quería ser, entendió que en una muñeca hecha por su abuela podía caber la felicidad entera.
“Tú sólo puedes ver películas para niños niños.”
Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr publicaron “Sirena y Punto” en 2019. Este cuento infantil ilustrado de tan sólo 48 páginas narra las aventuras de dos amigos que se quieren tal cual son, y la manera en que uno de ellos ayuda al otro a cumplir su sueño de disfrazarse de sirena, a pesar de que los adultos piensen que esto sea algo que debe impedirse a toda costa. Reynolds Robledo toma la base de este cuento como fuente de inspiración, se apropia por completo de la anécdota y, a partir de su propia historia personal, la convierte en una obra de teatro que, aun cuando comparte el mismo título, se debe considerar una dramaturgia original, muy posiblemente la más honesta y contundente de su carrera.
“A veces le tenemos miedo a eso que no entendemos.”
En casa de Andrés hay un pequeño teatro de cartón, sueños frustrados de actuar en una obra infantil luego de que un productor resultara ser un fraude, planes para una fiesta de cumpleaños de los Power Rangers, y mucha vergüenza ante el deseo del niño de ser una sirena y no un tiburón, de que le gusten cosas de niñas niñas y no de niños niños. Es por ello que hay películas en VHS que se rompen, partidos de futbol que se imponen aunque no le guste jugar al pequeño, un sentimiento de que hay algo malo en un niño que sólo quiere expresar su más pura y bella naturaleza. No importa. A pesar de las adversidades, Andrés sabe que siempre cuenta con su mejor amiga Juana, quien con su amor siempre lo protegerá, y con su abuela, quien no entiende cómo es posible que alguien no pueda amar incondicionalmente a tan hermosa criatura mágica.
“Cuando mi papá entraba, le cambiaba a los Power Rangers.”
La construcción narrativa en “Sirena y Punto” crea un encantador y entrañable melodrama en la mejor de las maneras. Mientras que en la primera parte de la obra la audiencia se enamora por completo de les niñes protagonistas, de la intensidad de Juana y la fragilidad de Andrés, al mismo tiempo que se ríe e identifica con toda una serie de referencias a los noventas, en la segunda parte, los espectadores se enfrentan a los prejuicios de los adultos, a la lamentable realidad de que muchas veces el amor no supera todas las barreras, que hay padres que prefieren ahogar las ilusiones de sus hijes antes de dejarles ser en todo su esplendor. Sin embargo, hacia el final de la historia, Robledo logra de forma orgánica y bella, celebrar el poder de la amistad, del amor de familia, de la importancia de aplaudir la identidad personal. Aún cuando la anécdota está cimentada en la vida real del autor, es en su capacidad de tocar fibras emocionales de forma natural, en la evidente honestidad con que se construye la dramaturgia, que Reynolds Robledo trasciende lo personal para adentrarse de lleno en el terreno de lo universal.
“Para ella diferente no era algo malo.”
Del techo del teatro cuelgan focos que crean un cielo estrellado. El mundo de Andrés y Juana se crea a partir de cuatro cubos de madera que remiten a troncos, un árbol de mango se sugiere en una de las esquinas. Al fondo del escenario hay un teatro de cartón, donde en una escena se hace referencia a varias películas de Disney usando técnica de sombras, elemento que no se vuelve a usar en toda la obra, Durante varias escenas, Andrés desaparece detrás de este elemento de escenografía sin razón evidente, incluso teniendo diálogos que no se llegan a entender de lleno. Los momentos de magia pura aparecen con una iluminación azul en movimiento para crear el fondo de una alberca, cuando Andrés se encuentra ante la presencia de una inmensa cola de sirena, representación de todo el amor que tiene a su alrededor.
“¿Crees que no soy normal?”
La dirección escénica de “Sirena y Punto”, igualmente a cargo de Reynolds Robledo, entiende por completo que la obra es un melodrama con tintes de comedia, hecho que se explota de lleno a nivel tonal y sensorial. Esto es especialmente perceptible, a nivel montaje, con la música original de Eduardo Soto, claramente diseñada para estrujar hilos emotivos en la audiencia, así como con la iluminación de María Vergara, la cual crea ambientes que acentúan las emociones de Juana y Andrés. La escenografía de Eduardo Soto crea el universo infantil en el que habitan los protagonistas, misma que funciona en ciertos aspectos, en otros se encuentra desaprovechada, como podría ser una puerta que en su interior tiene toda una decoración relativa a los noventas.
“Me gusta cómo Andrés ve el mundo.”
Andrés ve La Sirenita con una cara de ensueño que revela el descubrimiento de algo que le cambiará por completo la vida; la ferocidad con la que Juana defiende a su amigo es directamente proporcional con la ternura que es capaz de demostrar cuando su amigo se quiebra en sus brazos. Andrés deja caer una lágrima, mientras que en su mirada hay felicidad y miedo, ante la posibilidad de ver su sueño hecho realidad; con la misma intensidad con que Juana trepa un árbol para recoger un mango, le demuestra todo su amor a su amigo a través de una simple ecuación matemática.
“Andrés no es diferente, Andrés es único.”
El corazón de “Sirena y Punto”, el elemento que permite que la audiencia ría a carcajadas para después enjugarse una muy sentida lágrima, se encuentra en las actuaciones de Marcos Radosh y Luz Aldán. La veracidad y fractura con que Radosh se apropia del personaje de Andrés, ya sea cepillando una muñeca hecha por su abuela, haciendo un berrinche propio de un niño a punto de cumplir ocho años, o tratando de moverse como una sirena, son testamento de la forma en que Radosh construye a su personaje desde la fragilidad, sin duda, al mismo tiempo que despliega su vis para la comedia. Por su parte, Aldán desborda carisma, encanto y energía como Juana, como esa compinche perfecta que equilibra la sensibilidad de su mejor amigo. Sin embargo, es en la complicidad y comunicación que se encuentra entre ambos actantes que el encanto de la obra se desborda hacia las butacas, hechizando a todos los espectadores.
“Donde hay amor no hay miedo.”
A inicios de los ochentas, cuando yo tenía ocho años, recuerdo odiar el futbol, casi con la misma fuerza con la que me encantaba ver a escondidas la película musical de Cabaret en una videocasetera beta, imitando las coreografías y canto tanto del MC como de Liza Minelli. Mientras que los demás niños discutían quién era más bonita, si Sasha de Timbiriche o Yolanda de Parchís, yo sólo podía pensar en lo guapo que se veía Tino de Parchís con su fleco cubriéndole un ojo. Desde muy chiquito yo supe que era distinto, único, no una sirena, pero sí una criatura mágica que encontraba más fascinación en Madonna que en Michael Jackson. Recuerdo que amigos como Johann, Marimar y Stephanie nunca me hicieron sentir diferente, me recordaban que era especial, de la misma forma en que mi mamá siempre celebró mi brillo particular. Gracias a ellos, en parte, es que hoy puedo ser este orgulloso ser en que me he convertido, con mis uñas pintadas y mis tacones bien plantados sobre la tierra.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Sirena y Punto
DRAMATURGIA: Reynolds Robledo, basado en el cuento de Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr
DIRECCIÓN: Reynolds Robledo
ELENCO: Luz Aldán y Marcos Radosh
DÓNDE: La Teatrería, Sala A
DIRECCIÓN: Tabasco 152, Colonia Roma Norte.
CUÁNDO: Martes 20:30 horas. Hasta el 20 de octubre 2026.
COSTO: $550 y $400. Disponibles en taquilla y Boletos | EDI Y RUDY | LaTeatreria
DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio.




