POOL (NO WATER)

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Para quienes se atreven a estrellarse contra la faz más horrenda del mundo del arte… y de la esencia humana.

POOL (NO WATER)

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Ella tenía una alberca.”

Ella no hizo splash, hizo crack. Ahora, en el fondo de una alberca, diez amigos que decían adorarla admiran su cuerpo destrozado con un cierto placer mórbido, diez artistas fracasados posan sus miradas sobre la miembro del grupo que sí logró triunfar con una fascinación que transita entre el horror y la más pura felicidad mientras ella se debate entre la vida y la muerte. En el arte, como en la vida misma, la envidia y la frustración, así como el malsano deseo de brillar, así sea a costa de los moretones de los demás, saca lo más grotesco del ser humano, cara monstruosa que ninguna fotografía es capaz de retratar con plena veracidad.

“A pesar de su grandeza, ella sigue siendo sucia.”

La búsqueda de escandalizar y provocar a la audiencia a través de un teatro shockeante, confrontativo e incluso vulgar es una parte esencial de la corriente teatral británica nacida a finales del siglo XX conocida como In-yer-face theatre.  Mark Ravenhill, uno de los máximos representantes de dicha escuela dramatúrgica inglesa, y reconocido por su obra Shopping and Fucking, explora la bestialidad que se esconde detrás de la envidia en su obra de 2006 “Pool (No Water)”. Insertándola en el mundo del arte, ámbito donde el éxito de los demás lejos de celebrarse, corroe las entrañas de quienes no pueden salir del fracaso, la dramaturgia es una feroz crítica al schadenfreude, término alemán que habla de la felicidad o satisfacción que generan las desgracias de los demás, aun cuando esto se disfrace bajo la máscara de amistad.

“La tentación era grande y nosotros débiles.”

Ella logró el éxito, la fama y la fortuna. Claro, lo hizo a través de una exhibición que puso a los ojos del mundo la sangre, los vendajes, los catéteres y hasta los condones de uno de los miembros del grupo, ahora muerto a manos del SIDA. Ahora, tras un fatídico accidente dentro de una alberca vacía, y postrada e inconsciente en una cama de hospital, el resto del grupo la han convertido en un objeto de estudio para ser fotografiado, en una pieza de arte viviente que podría satisfacer sus grotescas ambiciones de llegar a ser alguien, para poder dejar de trabajar con bebés adictos a la heroína en una hipócrita generosidad que pareciera justificar sus vacías existencias.

“Ella era la obra.”

En un 2026, donde las apariencias mas que nunca han trastocado por completo la realidad a causa de las redes sociales, el texto de “Pool (No Water)” cobra una nueva lectura, aún más perversa y oscura, una donde las personas están dispuestas a lo que sea con tal de alcanzar un cierto reconocimiento que pareciera validar su existencia. La traducción a cargo de Pablo Marín es acertada, aun cuando mantiene la acción en la época en la que fue escrita la obra, más sin hacer referencia a ella. Por ende, las referencias a aspectos tecnológicos que ya no se comunican con el presente, así como el uso de la palabra SIDA, podrán resultar desconcertantes en la primera instancia, ofensivos en la segunda, lo cual, si se piensa, es justo el propósito mismo de la obra.

“Hoy en día todos somos artistas.”

El montaje se realiza a espacio vacío, salvo por la silueta de un cuerpo marcado con cinta adhesiva en el suelo, elemento que se usa una única vez para marcar los primeros indicios de ferocidad que se habrá de liberar entre el grupo de supuestos amigos de la mujer hospitalizada. Al momento en que el hambre de triunfar supera por completo a cualquier freno moral, el grupo de 10 amigos se bajan del escenario y atacan a la audiencia con cámaras imaginarias que crean con sus manos, peleando entre ellos por sacar la mejor fotografía de una pierna, de una mirada sorprendida, de una cara que ríe con nerviosismo, el público se ha convertido en el fetiche que los supuestos artistas quieren inmortalizar bajo la bandera de arte, misma que oculta su vomitiva sed de fama.

“¿Ves cómo el maquillaje no alcanza a ocultar la cara hinchada?”

La dirección de Martín Acosta en “Pool (No Water)” se basa en resaltar, como una unidad que funciona en armonía, al grupo de diez intérpretes que conforman el elenco, todos ellos alumnos egresados de la Escuela Nacional de Arte Teatral. De tal manera, Acosta aborda el texto de Ravenhill como una meticulosa coreografía donde saltos, giros, miradas en complicidad o bailes desquiciados acentúan lo grotesco de las situaciones planteadas. El resultado estéticamente es potente, consigue la incomodidad del espectador, al mismo tiempo que se va generando una mórbida fascinación que busca desentrañar los límites a los que estos jóvenes “artistas” están dispuestos a llegar, ya sea por el éxito, o el evitar que alguien más lo tenga.

¡Quiero ser privilegiado!”

Luego de salir del hospital, cuando supuestamente el grupo de amigos está dedicado en cuerpo y alma a satisfacer las necesidades, tanto básicas como artísticas, de la amiga en cuestión, un deseo horrendo se forma en ellos de boicotear el arte del que ellos mismos son responsables. El consumo de drogas y alcohol dan paso a una cacofónica oligofrenia en la que todos se desnudan de toda inhibición y dejan ver su lado más animal, aquel que con el click de un botón destruyen lo que podría ser una vía a la salvación.

“Vino y diazepam y así todo está bien.”

El elenco de “Pool (No Water)” está conformado por Andrea Bouchot, Kenia González, Majo Heram, Joseph Huerta, Anton Isais Holguín, Satchel Lagarda, David Muñoz, Teresa Pedraza, Zofía Rodríguez y Karina (Mintoka) Sánchez. Como unidad, el grupo de actantes revela una clara comunicación y complicidad entre ellos, factor determinante para que la obra alcance escenas de verdadera solidez. Ciertamente, la energía que manejan de forma individual, a momentos se desborda innecesariamente, crea una cacofonía donde diálogos se convierten en ruido, revelando un área de oportunidad y de aprendizaje en los jóvenes talentos en cuanto a manejo, contención y liberación de energía, siempre pensando en favor de la escena y no del lucimiento personal.

“Yo soy la única suficientemente fuerte para vivir.”

La envidia ante el éxito ajeno, la frustración que conlleva el no alcanzar las metas de vida soñadas en la juventud, la aberrante bajeza a la que puede llegar el ser humano con tal de alcanzar un reconocimiento son parte del discurso que Mark Ravenhill propuso hace 20 años, específicamente en torno al mundo del arte. Sin embargo, las aguas negras que conforman la alberca de “Pool (No Water)” resuenan con el aquí y ahora, con el resentimiento social que existe en todas las áreas de la sociedad, con una guerra de clases motivada por el gobierno, por un empobrecimiento difícilmente de solucionar. In-Yer-Face Theatre buscaba el shock desde lo grotesco del teatro. Lo grotesco ya está aquí, enfrente de nosotros, en la esquina de enfrente, en nuestro propio espejo.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Pool (No Water)

DRAMATURGIA: Mark Ravenhill

TRADUCCIÓN: Pablo Marín

DIRECCIÓN: Martín Acosta

ELENCO: Andrea Bouchot, Kenia González, Majo Heram, Joseph Huerta, Anton Isais Holguín, Satchel Lagarda, David Muñoz, Teresa Pedraza, Zofía Rodríguez y Karina (Mintoka) Sánchez

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 13, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Sábado 18:00 horas. Hasta el 10 de octubre 2026

COSTO: $300. Entrada general. Boletos en taquilla y en POOL (NO WATER) #0926 – Boletópolis

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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