FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
LA MUERTE DE UN VIAJANTE
Para quienes desean adentrarse a la trágica mente que habita la obra maestra de Arthur Miller.
LA MUERTE DE UN VIAJANTE

“Una estrella tan brillante no puede extinguirse tan fácilmente.”
Nueva Inglaterra nunca ha tenido mejor vendedor que Willy Loman. Lo único que se necesita para triunfar en esta vida es caerle bien a la gente y tener una sonrisa ganadora, ya que con carisma todo se consigue, de acuerdo con Willy Loman. A pesar de sus constantes fracasos, sus hijos tienen todo lo necesario para alcanzar sus sueños, principalmente Biff quien es el que realmente importa a ojos de Willy Loman. La vida no es más que pagar pagos de hipotecas y de un refrigerador que no deja de descomponerse, es aceptar que la vida no es la mentira que uno se repite sin cesar, es darse cuenta de que la mediocridad tiene nombre y apellido: Willy Loman.
“Ser vendedor es la profesión más maravillosa del mundo.”
Considerada como una de las más importantes dramaturgias estadounidenses en la historia, indiscutiblemente la más emblemática tragedia del siglo XX, y ganadora de múltiples galardones, incluyendo el premio Pulitzer a teatro en 1949, “La Muerte de un Viajante” de Arthur Miller es una feroz y sin compasión crítica a una de las filosofías más fallidas y falaces sobre las que se ha fundado una nación: el American Dream. En voz de un vendedor ambulante desesperado por seguir ganando dinero en un mundo que ya lo ha olvidado, con claros inicios de senilidad, y una absoluta negación a aceptar que su vida se va a reducir a una profunda nada, Miller abre todo un debate sobre el capitalismo, a la imposibilidad de millones de tener una vida digna a pesar de trabajar largas jornadas, al mismo tiempo que realiza una anatomía sobre lo que es la verdad, aquella que se puede comprobar en contra de la que uno se convence que es real aunque todas las pruebas indiquen lo contrario.
“Después de ese pago la casa ya es nuestra.”
Mientras que Willy se convence a sí mismo de que podrá conseguir un trabajo de escritorio en la empresa, basándose únicamente en la supuesta promesa de un hombre muerto y un nombre que él jamás le puso a nadie, sus hijos, Biff y Happy, están seguros de que podrán conseguir el dinero para abrir un negocio de deportes, esto basado en una palmada en la espalda y un comentario hecho al aire hace años por un excompañero de clase. El mundo se colapsa a su alrededor, pero Linda, la esposa de Willy, prefiere ignorar las señales, como esa manguera de hule que halló en el sótano y lo que significa. Entre plumas robadas, “prestamos” de cincuenta dólares que los mantienen a flote, aunque no alcanzan para pagar las cuentas, y una cena donde se abandonó a quien se dice que se ama, Linda trata desesperadamente de mantener la poca dignidad que le que queda a su esposo, un hombre que alguna vez pudo haber conquistado la jungla y Alaska, y que ahora no puede ni siquiera sembrar unas semillas.
“Yo no soy uno del montón.”
La complejidad de los personajes en “La Muerte de un Viajante”, al tomar una clásica familia norteamericana de mediados del siglo XX y convertirla en un reflejo distorsionado de una fallida sociedad construida sobre fantasías, así como la cruda manera en que retrata la caída de Willy, su protagonista, a consecuencia de sus propias fallas de carácter, como lo son la soberbia, su incapacidad para aceptar responsabilidad por sus propios errores, y la pervertida idea que tiene del éxito, son ejemplos precisos de la genialidad de Arthur Miller al escribir una de sus obras maestras. A más de 75 años de haber sido escrito, el texto se siente relevante y urgente, sigue poniendo una mirada crítica y dura a un sistema que cada día se demuestra como fue diseñado para llevar a la mayoría de sus integrantes a la infelicidad, la frustración y la mediocridad a partir de promesas imposibles de cumplir. La traducción al español, realizada por Jeanette de los Santos, es precisa. No obstante, es en la adaptación donde esta puesta en escena le habla directamente a la actualidad. Ejemplo de ello es el cambio de una sola palabra al final de la obra, en el afamado monólogo de Linda, quien establece un discurso de liberación feminista sobre un texto que también retrata la misoginia de toda una época.
“Un hombre no se puede ir como llegó.”
Cuando Willy se pierde en sus propios pensamientos, se escucha el sonar de unas campanas de viento, preludio a escenas que dejan de lado la línea temporal. Sobre el escenario, paneles en tonos neutros y con varias puertas se van moviendo y reacomodando para crear espacios como la cocina o la recamara principal en la casa de la familia Loman, revelan el coche que ya no puede manjar el vendedor, una oficina, un cuarto de hotel de cuarta, o un restaurante donde Biff y Happy demostrarán que son dignos reflejos de lo peor que habita en su padre. Estos elementos, junto con música melancólica tocada en vivo con clarinetes o un saxofón, y la presencia al frente de un terreno con tierra, simbolizan la mente del protagonista, reflejan la caótica y laberíntica mente de un hombre que está perdiéndolo todo, empezando por su dignidad.
“¿Puedes tomar todos estos sueños que tienes sobre mí y quemarlos?”
El logro que consigue Cristian Magaloni como director de “La Muerte de un Viajante” es mantener la profunda intimidad que existe en la obra, darle el gravitas necesario a la tragedia que se desenvuelve dentro de un ámbito familiar clasemediero, al mismo tiempo que crea un espacio surreal donde se refleja el interior de la mente de Willy Loman. Apoyada por la escenografía a cargo de Jorge Ballina, la iluminación de Matías Gorlero, el vestuario e imagen de Adriana Pérez Solís, así como la música original y diseño sonoro de Alfonso Olguín, la puesta en escena está insertada con precisión en su época, en el Brooklyn de mediados del siglo XX, al mismo tiempo que consigue ser atemporal y con un toque de magia, tal y como el mismo texto lo plantea. A nivel tonal, Magaloni entiende cabalmente el tipo de texto con el que se enfrenta, uno con poco humor para aligerar la anécdota, por lo que consigue imprimir un ritmo que en ningún momento decae a pesar de la densidad del material de origen.
“Mi papá sólo es feliz cuando está esperando que algo bueno pase.”
Con su pantalón puesto por encima del ombligo, Willy Loman está parado en su propia cocina sin saber exactamente dónde está o qué es lo que debería estar haciendo. Su mirada perdida revela el estado mental en el que se encuentra, aun cuando se niega a aceptarlo. Cuando se exalta, se convierte en un ser agresivo, desbordando orgullo malentendido, mecanismo de defensa para ocultar al ser indefenso detrás. Por su lado, Linda se presenta como la típica ama de casa de aquella época, con delantal y actitud servil. Sin embargo, al momento en que debe de sacar las uñas para defender a su esposa de las faltas de respeto por parte de sus propios hijos, Linda es una mujer fuerte, llena de autoridad, una persona aprisionada por un tiempo en que la mujer no puede decir lo que piensa a menos que sea para alzar la voz en favor de un hombre.
“Un hombre debe de adentrarse en la selva para salir con un diamante.”
Al frente del elenco de “La Muerte de un Viajante” se encuentran Juan Manuel Bernal y Emma Dib en los papeles protagónicos de Willy Loman y su esposa Linda, respectivamente. El contraste que alcanza Bernal para crear a su personaje, desde lo frágil o lo iracundo, a partir de mostrar su vulnerabilidad con un simple tocar madera o con un ligero temblor de mano, o su fortaleza con una fuerte risotada o con un definitivo grito ante la amenaza de que un amigo tenga la osadía de ofrecerle un empleo que no desea, es testamento del profundo análisis que ha realizado el actor para crear a su personaje. Por su parte, Dib encarna a Linda desde la fortaleza de una mujer cuya verdadera labor es la de contener a toda una familia de explotar, mientras que demuestra con un ligero gesto o con una mirada el profundo amor que profesa por Willy. Como los hijos Biff y Happy, Gonzalo de Esesarte, Miguel Tercero consiguen encarnar a dos jóvenes adultos perdidos, tanto por sus fantasías como por sus defectos, ambas características heredadas de su padre. El resto del elenco, todos realizando sólidos trabajos actorales, se conforma por Gilberto Dávalos, Emilio Schoning, Víctor Oliveira, Nastassia Villasana, Giovanna Duffour, Antonia Suillerot y Alfonso Olguín.
“Nadie se atreva a juzgar a este hombre.”
He admirado, estudiado y analizado “La Muerte de un Viajante” durante una larga parte de mi carrera. Sin embargo, es ahora, a mis 52 años, que conecto con la tragedia de Willy Loman de manera personal, la siento mía. A medida que se acerca mi vejez, no puedo dejar de preguntarme qué es lo que he logrado con mi vida, si todo ha valido la pena o no es más que una gran mentira, si me será posible seguir pagando las cuentas a mis sesenta o setenta y tantos años, o si alguien estará frente a mi tumba lamentando mi partida.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: La Muerte de un Viajante
DRAMATURGIA: Arthur Miller
DIRECCIÓN: Cristian Magaloni
ELENCO: Juan Manuel Bernal, Emma Dib, Gonzalo de Esesarte, Miguel Tercero, Gilberto Dávalos, Emilio Schoning, Víctor Oliveira, Nastassia Villasana, Giovanna Duffour, Antonia Suillerot y Alfonso Olguín
DÓNDE: Teatro Rafael Solana
DIRECCIÓN: Miguel Ángel de Quevedo 686, Colonia Cuadrante de San Francisco, Coyoacán
CUÁNDO: Viernes 20:30, Sábado 17:00 y 20:30, Domingo 17:00 horas. Hasta el 6 de diciembre 2026
COSTO: $960, $800 y $640. Disponibles en taquilla y Boletos para La Muerte De Un Viajante | Detalle de fechas para Más Teatro y Culturales | Ticketmaster MX
DURACIÓN: 180 minutos con un intermedio




