ODIO QUE LOS ABRAZOS NO DUREN MÁS DE CUATRO HORAS

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Para quienes desean visitar la calle de los sueños rotos donde el desamor y el duelo ciegan al corazón.

ODIO QUE LOS ABRAZOS NO DUREN MÁS DE CUATRO HORAS

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Ahora soy alpinista experta en montañas azucaradas.”

Una alpinista sube a la cima de una montaña, a la parte más alta del monumento al hubiera, en busca de que los caramelos dejen su sabor amargo atrás; un hombre de 40 años está decidido a ganar músculo y amor en un gimnasio, a sembrar semillas en ese espacio del que siempre huyó con la esperanza de que germine una relación… y quizás un abdomen; en un hogar de perenne Navidad, una mujer quiere olvidar su dolor sabor a huevo a la mexicana, con la ilusión de hallar una yema para su clara. Entre tamales que suben por una cubeta y refrescos de cola bien fríos con sabor a lágrimas, cinco seres humanos cegados por el corazón roto y la pérdida quieren hallar un camino que les devuelva su capacidad de amar, que les pueda dar ese abrazo que tanto necesitan.

“Mi vida era aburridamente perfecta.”

Publicado en 1968, La Separación de los Amantes, Una Fenomenología de la Muerte del psicoanalista ruso Igor Caruso es un ensayo que explora una de las experiencias más dolorosas del ser humano: la separación definitiva de aquellos a quien se ama, incluyendo la separación en vida cuando existe una ruptura amorosa irreconciliable. Es a partir de este texto que Itzel Lara escribe “Odio que los Abrazos no Duren Más de Cuatro Horas”, obra que presenta a cinco personajes aislados por el duelo y que comparten a manera de monólogo sus procesos de supervivencia ante el adiós de quien amaban.

“Estoy genéticamente diseñado para el amor a gran escala.”

Un hombre se ha recluido en su propio departamento para encontrar en la meditación una manera de seguir adelante luego de que su corazón quedara hecho pedazos. Su único contacto con el mundo exterior es una cubeta que deja caer hacia la calle con ayuda de una cuerda, en la que podría recibir un tamal de dulce para alegrarle el alma. A manera de reconocimiento por un excelente trabajo, un empleado recibe justo lo que le pidió a su empresa: un centenar de Coca Colas bien frías en botella de vidrio. La razón detrás de tan bizarro regalo es su intención de beber la misma cantidad de líquido azucarado como las lágrimas que se le pueden llorar al amor de tu vida.

“¿Elígeme a mí!”

Entre subir a la cima de una montaña de azúcar y sembrar semillas de amor en un gimnasio, ya sea cocinando huevos en todas sus variaciones en una Navidad eterna, o encontrando en la Coca Cola el dulce necesario para seguir adelante con el corazón vacío, “Odio que los Abrazos no Duren Más de Cuatro Horas” equilibra eficazmente el melodrama inherente en los cinco monólogos de desamor con cierta ligereza cómica. Aun cuando no todas las historias alcanzan la misma fuerza, cada una de ellas crea un universo propio y contenido, que habla del dolor y la soledad desde su particular lenguaje, sentido del humor y patetismo.

“A mí no se me da eso de separar y me quedé todo.”

El escenario está dominado por un andamio de dos pisos de altura. En un inicio, está cubierto por una lona en azul y blanco para simbolizar la montaña que la alpinista está escalando, misma que se retira con la segunda escena para revelar diferentes espacios delineados dentro de la estructura, incluyendo una zona para los músicos, otra decorada para navidad, y una más con una pared creada con rejillas de Coca Cola. Cada uno de los monólogos está musicalizado con una canción en específico, como Fue en un Café, Mr. Sandman, o I’m so Excited de las Pointed Sisters, todas cantadas en vivo. En este espacio de alturas diversas, el elenco de la compañía de Teatro Ciego escala, baila, realizan coreografías de peleas y hasta se cuelgan de cabeza desde las alturas, en una clara exploración y demostración de las capacidades de los cuerpos con ceguera.

“No tengo gustos caros ni sueños imposibles.”

La dirección de Juan Carlos Saavedra para “Odio que los Abrazos no Duren Más de Cuatro Horas” crea un espectáculo de teatro ciego que entremezcla lo teatral con elementos de música y danza para crear una puesta en escena que no se centra en la discapacidad visual, sino en la temática del corazón roto. Sin embargo, en la manera en que se ha escenificado la dramaturgia de Lara, Saavedra construye un potente discurso sobre la manera en que una persona ciega es capaz de moverse por el mundo, ya sea caminando o corriendo, escalando andamios o colgándose de ellos sin miedo a caer. Todo ello es posible gracias a un montaje cuidadosamente diseñado a partir de la presencia de elementos que le permiten al elenco invidente desarrollar una orientación espacial a partir de la ecolocalización, del diseño sonoro, de un ventilador que guía, o una textura distinta en el suelo. Todo esto es posible en conjunto con un equipo creativo que incluye a Tenzing Ortega en el diseño de escenografía, la iluminación por Pedro Pazarán y la dirección musical de Griselda Ashari Martínez.

“Yo no quiero morir triste.”

El quebrar huevos en un recipiente pasa del mero acto de cocinar a un desfogue de furia contenida; correr hacia un panda, para luego ser aventado, dar una voltereta y levantarse para repetir una y otra vez la misma acción se convierte en un acto de liberación y catarsis que culmina en la más vulnerable de las peticiones; el tratar de salir de una caja de muñeco para ir a un gimnasio es la oportunidad para sacar a relucir las capacidades que tiene un hombre para mejorar su físico o para hacer reír a todo un teatro.

“En la nada en la que me encuentro soy el principio y el fin.”

El reto interpretativo en “Odio que los Abrazos no Duren Más de Cuatro Horas” es amplio, dada la ambición de la propuesta, tanto a nivel físico como anímico. Entre cantar, escalar, bailar, vulnerarse o hacer reír, cada uno de los miembros del elenco, conformado por David Estrada, Luz Adriana Carrasco, Mónica Crisóstomo Moctezuma, Marco Antonio Martínez, Erika Bernal, Jesús Rodríguez y Cristian Arias están poniendo cuerpo, voz y emociones al servicio de la puesta en escena. A su lado, Antonio Zacruz y Mafer Vergara tienen la compleja labor de dar vida a los mismos personajes de la obra, pero a partir de la interpretación de LSM, reto que asumen justo de la actoralidad, no el mero traducir. En un ejercicio de congruencia con la inclusión, la obra también cuenta con actores de audiodescripción para público invidente, a cargo de César Galvez, Edgar Lacolz y Uriel Ledesma.

“Soy perfecto en el vacío en el que me encuentro sin ella.”

Mi primer encuentro con el teatro ciego fue hace ya casi quince años, cuando colaboré como profesor de inglés, oratoria y lenguaje corporal con la Asociación Civil Ojos Que Sienten. Ahí conocí a Marco Antonio Martínez, quien ya hablaba en aquel tiempo de su interés por la actuación. Desde entonces, he tenido la oportunidad y fortuna de ser testigo del tipo de trabajo escénico que se realiza con personas invidentes, de la manera en que ha evolucionado, explorando sus límites, cada vez más interesado en ir más allá del discurso de la ceguera para hablar de otras problemáticas y cuestiones humanas. “Odio que los Abrazos no Duren más de Cuatro Horas” es un nuevo paso hacia adelante en la evolución de un teatro que merece ser aplaudido y experimentado desde los sentidos que cada persona tenga, desde un corazón rebosante de amor, o desde las heridas que deja el vacío de una despedida.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Odio que los Abrazos no Duren más de Cuatro Horas

DRAMATURGIA: Itzel Lara

DIRECCIÓN: Juan Carlos Saavedra

ELENCO: David Estrada, Luz Adriana Carrasco, Mónica Crisóstomo Moctezuma, Marco Antonio Martínez, Erika Bernal, Jesús Rodríguez y Cristian Arias

ENSAMBLE: Irma Aguilera, Isabel Contreras, Roberto Kilder, Meztli, Sandra Ramos Badillo y Uri Tlahui

ACTORES INTÉRPRETES DE LSM: Antonio Zacruz y Mafer Vergara

MÚSICOS EN ESCENA: Maricarmen Graue Huesca, Oscar Guzmán, Saúl Mendoza Muñoz y Esaú Daniel

DÓNDE: Teatro Del Bosque Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque

DIRECCIÓN: Reforma y Campo Marte, detrás del Auditorio Nacional, Chapultepec.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 5 de Julio 2026

COSTO: $250. Boletos en taquilla y Boletos | ODIO QUE LOS ABRAZOS NO DUREN MÁS DE CUATRO HORAS_ | Centro Cultural del Bosque Aplican descuentos

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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