DIOS LE GUARDE SU HORA

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Para quienes desean transitar por una onírica Sierra Tarahumara donde el humo oculta un ciclo violento insertado en la memoria.

DIOS LE GUARDE SU HORA

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“No hay llanto que se seque con el sol.”

A través de la oscuridad de la Sierra, con los pies mancillados por el camino, y tratando de encontrar a la mujer cuyos llantos que no deja de escuchar, Juana se enfrenta cara a cara con la boca de un arma que en un segundo le arrancaría la vida. Aun con el acero frente a sus ojos, lo que más le aterra a la misionera es aquello que se esconde entre el humo, en ese espacio donde el presente y pasado se difuminan, donde los muertos andan con la fuerza que les da la memoria. Ahí transitan por la eternidad un niño que busca huir de su miseria, el recuerdo de un padre que busca perpetuar sus violencias a través de su semilla, y una mujer que quiere terminar con un ciclo que pareciera imposible de quebrar.

“En la tierra seca ni las víboras anidan.”

A partir de hechos reales, la dramaturga y antropóloga Blanca López Arreola escribe “Dios le Guarde su Hora”, obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo Trejo 2025. En voz de tres personajes centrales que bien podrían estar vivos o muertos, que habitan este plano existencial o deambulan por un limbo eterno entre la memoria y el purgatorio, la narrativa explora los ciclos de miseria, violencia y muerte que existen en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, y en gran parte del país, desde espacios surreales y oníricos.

“Llámale a la muerte, a ti te hace mucho caso.”

Luego de enfrentarse a quien podría ser un sicario o un miembro del crimen organizado en su intento por socorrer a una mujer de llanto imparable, Juana se tumba a dormir. Entre sueños aparece Rigoberto con un paliacate chorreante de sangre, cantando una famosa canción de Los Bukis, recordando el mortífero poder de la amapola, de cuantos muertos esconde la frialdad de la tierra. En ese espacio humeante se encuentra también Ernesto, el niño y el adulto, soñando con un mejor futuro lejos de la Sierra, queriendo huir del hambre que siempre le aqueja, más no pudiendo evitar el aceptar el sombrero que su violento padre le ofrece. Entre sueños y pesadillas, con el polvo de la tierra seca en los pies, y agotada por el peso de las lágrimas que las mujeres de la región no se permiten llorar, Juana quisiera escapar de los fantasmas que la acechan, más el ciclo habrá de volver a comenzar.

“¡La sangre no es chistosa!”

El universo que “Dios le Guarde su Hora” construye remite de inmediato a los paisajes yermos de Juan Rulfo, donde el polvo y la desolación esconden fantasmas bajo el peso del pasado y la pobreza. Es en esta capacidad de crear imágenes de escalofriante belleza poética, en hablar de flores que crecen en las cuencas de los ojos de los muertos que yacen bajo tierra, de un fuego que convierte los labios en cera derretida, de sembradíos regados con la sangre de los caídos, donde destaca la dramaturgia de Blanca López Arreola. Ciertamente, la anécdota existe dentro de un espacio de ensueño surreal y enterrado por un lenguaje que, en momentos, está más interesado en la creación de imágenes que en la progresión narrativa. Esto, por consecuencia, demanda que el espectador se entregue por completo a la travesía que propone la obra, a permitirse navegar por la neblina lírica de sus letras, para poder apreciar de lleno el horror y la hermosura del camino que anda Juana.

“¿Con qué se lava la mugre de nuestros padres?”

Una manguera negra crea un ruedo donde habitan los personajes. Desde orificios a lo largo de toda la manguera surge humo que encierra en niebla la acción, elemento perenne en la puesta en escena que acentúa la atmósfera surreal de la dramaturgia. Cuando niño, Ernesto es un títere a quien se le pone tierra en sus manos, misma que deja caer en un desierto plagado por fosas clandestinas. Cuando adulto, Ernesto labra la tierra, efecto sonoro que se realiza con una bandeja llena de piedras manipulada desde extremos del escenario. Este elemento se usa en múltiples ocasiones a lo largo del montaje creando atmósferas tanto potentes como escalofriantes.

“Así suena tu cuerpo cuando le entra una bala.”

La poética visual que crea la dirección de Juan Carrillo en “Dios le Guarde su Hora” se fusiona por completo con la dramaturgia para crear un montaje arrebatador y doloroso en medio del humo y las sombras. Ya sea poniendo dos flores de amapola en los ojos de un actor, recreando un alumbramiento con un muñeco de trapo, o escenificando la caída de un cuerpo en cámara lenta luego de recibir un balazo, la estética de Juan Carrillo es clara, contundente y profunda, una capaz de presentar todo un desierto plagado de muertos con un par de montículos de tierra, la violencia que se vive en la Sierra Tarahumara en todo su horror desde la sutileza de pasar un sombrero o de forma descarnada al usar un muñeco muerto como arma. Esto se consigue gracias al diseño espacial y de iluminación de Tania Rodríguez, el diseño de vestuario de Jorge Valdivia y al diseño y construcción de títere de Aleja Velo.

“Aquí en Yoquivo las mujeres no lloran.”

El miedo que siente Juana cuando ve su vida en peligro a manos del Señor Halcón se convierte en rabia que trata de contenerse al enfrentar a Rigoberto, al querer proteger a Ernesto de su violento padre. Por su parte, el cinismo y orgullo con que se mueve Rigoberto, la sonrisa feral que deja entrever cuando canta a Los Bukis, es igual de veraz que la ternura con que posa flores en una Juana dormida, momentos antes de tirarle sangre en la cara. La inocencia con que habla el títere que representa al niño Ernesto, ya sea para expresar afectos o hambre, es paralela a la forma en que un adulto se debate entre irse lejos a buscar una mejor vida o quedarse en un pueblo donde el futuro pareciera estático, anclado al pasado.

“¿De quién es la sangre con que regaste la siembra?”

El trabajo actoral en “Dios le Guarde su Hora” corre a cargo de miembros del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro, específicamente Judith Inda, Rodolfo Guerrero, Ernesto García y Omar Silva. Como Juana, Inda se entrega de lleno al personaje a partir de volcar sus sentimientos a manos llenas, con gritos y llantos desquiciados cuando así la escena lo demanda, conteniéndose más en momentos de mayor introspección. Por su lado, Guerrero opera desde una peligrosidad que se encuentra menos en el alzar la voz, más en su sonrisa congelada, en su gélida mirada, construyendo a Rigoberto desde una amenaza tan peligrosa como la más silente de las serpientes. En contraste, Ernesto García opera al títere del niño y da vida a su personaje tocayo desde un medio tono, controlando más la expresión de emociones para mostrar el hastío que significa su vida sin sentido. El elenco lo completa Silva quien da vida a un criminal en una escena inicial, pero cuyo trabajo más sólido se encuentra como manipulador del aparato escénico que da vida a la obra, labor que realiza con esmero.

“¡Deja a los vivos vivir!”

La tierra de todo este país está regada por la sangre que el crimen organizado ha vertido a borbotones sobre ella. Los parajes se han secado a raíz de los cadáveres que se encuentran enterrados en fosas clandestinas a lo largo y ancho de México, muertos que fueron personas y que se siguen buscando por mujeres que claman todos los días por encontrar a aquellos que han desaparecido. En un país donde el humo de las armas se entremezcla con el de aquel que nubla los recuerdos, pareciera que el tiempo se detiene, que todo es un ciclo interminable donde se repiten las historias. La verdad es aún mucho peor, pues en el país donde no pasa nada, algún día se acabará la tierra que no guarde en su interior el cuerpo de una persona que alguna vez tuvo el atrevimiento de soñar con una vida mejor.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Dios le Guarde Su Hora

DRAMATURGIA: Blanca López Arzola

DIRECCIÓN: Juan Carrillo

ELENCO: Rodolfo Guerrero, Judith Inda, Ernesto García y Omar Silva

DÓNDE: Foro La Gruta dentro del Centro Cultural Helénico

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn

CUÁNDO: Martes y miércoles 20:00 horas. Hasta el 15 de julio 2026. Suspende funciones 24 y 30 de junio.

COSTO: $151.  Disponibles en taquilla y

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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