MUJERES SOÑARON CABALLOS

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MUJERES SOÑARON CABALLOS

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Quizás este sea el principio del fin.”

Esta iba a ser una agradable cena en familia. Arroz a la turca, preparado con una receta tomada de un libro de cocina que fue prestado o quizá robado, hermanos y esposas intercambiando anécdotas, revelando secretos o liberando violencias, y compartiendo una copa de vino, siempre y cuando alguien logre abrir una de las múltiples botellas que se van juntando en la mesa. En medio de tanto rencor, ante una necesidad de entender el pasado para que pueda haber un futuro, entre sonrisas forzadas, un juego de Jenga, y muchísima agresividad, seis adultos tratarán desesperadamente de mantener las bellas imágenes públicas pretendiendo que aquí todo está bien. ¿Qué podría ser más civilizado que eso?

“Yo también tengo necesidad de expresarme, pero sólo vomito.”

Estrenada en 2001 en Argentina, y considerada como un parteaguas en la carrera del dramaturgo y director Daniel Veronese, “Mujeres Soñaron Caballos” es una pieza de tintes chejovianos que retrata toda una serie de psicopatías como son la frustración, la violencia, el machismo y la descomposición familiar dentro del contexto de un encuentro supuestamente cordial y amoroso entre tres hermanos y sus respectivas parejas. En voz de seis personajes profundamente insatisfechos con sus respectivas realidades, con heridas sin cicatrizar del pasado, y con rencores punzantes sin resolver, Veronese crea una atmósfera asfixiante, vertiginosa y ponzoñosa que conducirá a un fatídico desenlace.

“No hay duda de que nuestra relación está enferma.”

Iván tiene que lidiar con la muy evidente insatisfacción de Lucera, misma que no ha revelado las razones del por qué vuelve constantemente el estómago o qué es lo que guarda en su bolsa; Rainer tomó una decisión de negocios determinante mientras que su esposa Ulrika no puede escapar de esa cena, de la ciudad e incluso del país lo suficientemente deprisa; Roger deja en claro con sus actos que la agresión es el lenguaje con que se comunica, especialmente con su esposa Bettina, al mismo tiempo que su cuerpo guarda un terrible secreto que eventualmente lo derrumbará. Entre situaciones tensas, absurdas y más de una historia equina, la aparición de un arma ya no es tan grande sorpresa.

“Yo lo único que quiero es ser un ama de casa más normal.”

La complejidad en “Mujeres Soñaron Caballos” radica en la forma en que Veronese crea un universo claramente en descomposición y a punto del colapso dentro de un ambiente urbano que favorece la pretensión a la confrontación veraz y honesta. Por consiguiente, cuando esta aparece, sucede en formas violentas e incluso crueles o mortíferas. De ahí que un montaje de tan compleja dramaturgia demanda que se aborde desde el realismo, desde una fractura que provenga de la entraña, no de la pretensión emocional, de performatividad que surge de la garganta y no de sentimientos que se proyecten como verdaderos.

“Decididamente, no pertenezco a esta familia.”

Bajo la dirección conjunta de Mariana García Franco y Abraham Jurado, “Mujeres Soñaron Caballos” habita un espacio mucho más cercano al melodrama que a la pieza, esto acentuado por una clara disparidad en los tonos de interpretación. Mientras que Juan Ríos Cantú, Mónica Jiménez y Francesca Guillén parten de la creación de personajes mucho más crudos y rotos, asentados en lo natural, Carlo Basabe y Víctor Loorns operan desde el engolamiento vocal en uno, el realizar proezas físicas innecesarias sobre el escenario del otro, o desde emociones que se proyectan como pretensión y no creación en ambos casos. Por su lado, Gina Granados interpreta a Lucera desde un sonambulismo emocional, hablando en tono neutro cuando se dirige directamente al público a manera de narradora, o gesticulando enojo o tristeza con el rostro cuando interactúa con los demás personajes, sin que dichos sentimientos provengan de un espacio de ruptura.

“Para mí, las ratas no son seres inferiores.”

“Mujeres Soñaron Caballos” de Daniel Veronese, con la dirección de Mariana García Franco y Abraham Jurado se presenta los días martes y sábado en la Sala A de La Teatrería. El elenco alternante está conformado por Juan Ríos Cantú, Mónica Jiménez, Franchesca Guillén, Gina Granados, Carlo Basabe, Estela Aguilar y Víctor Loorns. Su temporada será hasta el 30 de mayo 2026.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Mujeres Soñaron Caballos

DRAMATURGIA: Daniel Veronese

DIRECCIÓN: Mariana García Franco y Abraham Jurado

ELENCO: Juan Ríos Cantú, Mónica Jiménez, Francesca Guillén, Gina Granados, Carlo Basabe, Estela Aguilar y Víctor Loorns (alternan funciones)

DÓNDE: La Teatrería, Sala A

DIRECCIÓN: Tabasco 152, Colonia Roma Norte.

CUÁNDO: Abril: Martes 20:30, Sábado 18:00 y 20:00 horas. Mayo: Sábado 13:30 horas. Hasta el 30 de Mayo 2026.

COSTO: Desde $480. Disponibles en taquilla y Boletos | Mujeres soñaron caballos | LaTeatreria

DURACIÓN:  60 minutos sin intermedio.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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