HASTA QUE MUERA EL MUNDO

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Para quienes desean asistir a una fiesta donde los invitados principales son el privilegio, el exceso y el universo Ibseniano.

HASTA QUE MUERA EL MUNDO

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“El mundo no es más que la catástrofe a la que nos dirigimos.”

Luego de seis meses de un viaje de negocios disfrazado de luna de miel, los recién casados han vuelto a su recién comprado penthouse en Las Lomas, una de las propiedades más caras en la Ciudad de México. A pesar de que ni siquiera ha terminado la mudanza, su regreso será marcado por una fiesta, no porque haya mucho que celebrar, o porque así lo deseé la hija del general, sino porque es la excusa perfecta para que el anfitrión, Giorgio Ribisi, presentar un portafolio a uno de los más grandes inversionistas. Un proyecto que cambiará al mundo escrito a mano, muchas drogas y alcohol, y una pistola heredada convertirán esta tertulia en una bacanal que sin duda dará mucho que pensar a la gran Hedda Gabler.

“Qué expresión tan divina es tirar la casa por la ventana.”

Tomando como piedra angular parte de la anécdota que el dramaturgo noruego Henrik Ibsen desarrolló en su obra maestra Hedda Gabler, y reinterpretando a sus cuatro personajes principales para ubicarlos en el México contemporáneo, dentro del contexto del 1%, Juan Carlos Franco escribe “Hasta que Muera el Mundo”. Su dramaturgia, trabajada en conjunto con el elenco, usa como marco de acción una fiesta plagada de excesos de toda índole para realizar una potente crítica al privilegio y la estructura jerárquica del capitalismo, a la forma en que ese diminuto porcentaje poblacional es capaz de alterar el curso del resto de las personas desde el más puro egoísmo, de la cosmogonía que ese sector maneja para conseguir sus fines, donde una clase de crossfit puede ser más relevante que una vida humana.

“¿Tantos años sin vernos y vamos a hablar de negocios?”

Verónica, una coach de vida especializada en high achievers llega a casa de Hedda para ponerla en aviso: Gustavo Luzardo, quien fuera el amor de adolescencia de la recién casada señora Gabler, está en Ciudad de México y muy posiblemente asista a la fiesta. Al llegar, Luzardo confronta a Hedda con sus intenciones y deseos, tanto carnales como financieros, poniendo en riesgo la estabilidad económica de su hogar, algo que ella no está dispuesta a tolerar y que piensa solucionar con una o dos bebidas. Mientras tanto, Ribisi, el marido de Hedda, busca salir del hoyo que él mismo ha escarbado al mismo tiempo que es testigo de la forma en que su esposa va moviendo sus piezas para conseguir sus fines. Al momento que la fiesta se desencadena y se deja en claro que el exceso será la regla a seguir, un reporte policial informa deja en claro que para cuando todo esto acabe habrá una muerte que investigar.

“Nada va a bastar nunca para los que son dueños del capital.”

La premisa sobre la que Franco construye “Hasta que Muera el Mundo” resulta tanto pertinente como necesaria en un mundo donde las grandes personas de negocios, especialmente aquellos asociados a la tecnología, tienen los recursos suficientes, tanto económicos como políticos, para crear utopías o distopias, incluso para determinar el fin de los tiempos, sin que estén necesariamente capacitados para hacerlo desde un punto de vista humanista. El utilizar Hedda Gabler de Ibsen, un universo donde una mujer de carácter enteramente contrapuesto al que se esperaba de se género a finales del siglo XIX se encuentra atrapada en un mundo heteropatriarcal, y el cual quiere dominar como una forma de rebeldía y supervivencia, resulta un vehículo favorecedor para dicha crítica, determinando así la atemporalidad del discurso Ibseniano al mismo tiempo que también levanta cuestionamientos en torno al rol de la mujer en el mundo de los negocios contemporáneos. Sin embargo, a medida que la trama avanza, cuando el cadáver que se revela a principios de  la obra hace su aparición tras una muy intensa fiesta, la agenda política dentro de la dramaturgia se antepone a la progresión dramática, produciendo por un lado que los personajes de Ibsen se diluyan, por el otro un estancamiento y reiteración de planteamientos, hasta incluso llevar lo discursivo al muy peligroso terreno de lo panfletario. Ciertamente, la crítica que se lanza es urgente y válida, más es en su entrega que la dramaturgia pierde su fuerza.

“El presente tiene una vida útil muy corta en esta época.”

La obra comienza con una conferencia impartida por Luzardo, como si de una Ted Talk se tratara. Mientras que el orador habla subido en un par de mesas cubiertas por manteles plateados, en la parte trasera del escenario se proyectan palabras de su discurso, en distintos tamaños y formas, como si se tratara de un espectáculo de un rockstar. El escenario, con cajas de cartón y madera en los laterales, se va transformando en la bacanal donde las pasiones se habrán de desbordar, desde el montaje de mesas para una cena elegante, o acomodando un espejo de tres vistas y un diván rojo en las esquinas. Las proyecciones traseras en blanco y negro van pasando de vistas de la ciudad desde las alturas a videos de imágenes que dejan de tener mucho sentido y que incluso distraen más de lo que aportan al discurso. La pieza central a nivel visual es un candelabro de cristales colgado al centro del lugar, mismo que ira descendiendo, en claro reflejo del abismo al que se están precipitando los muy privilegiados personajes hasta dejarlos en el suelo, tan humanos como todos aquellos de quienes se sienten superiores.

“¡Yo no tengo distancia irónica!”

Como se mencionó anteriormente, el discurso de “Hasta que Muera el Mundo” gira en torno a una crítica de las jerarquías sociales. En búsqueda de congruencia con dicho planteamiento, la obra es dirigida en colectivo entre Juan Carlos Franco y el elenco principal, conformado por Cecilia Ramírez Romo, Luis Eduardo Yee, Elizabeth Pedroza y Jorge León, y bajo la asesoría de Daniel Giménez Cacho. Durante los encuentros conducentes a la infame fiesta, la obra genera tensión dramática, se plantea la expectativa del desastre por venir, elemento que se acentúa con el inicio de la tertulia, momento frenético en que el elenco baila mientras se arreglan las mesas detrás de ellos y se proyecta el reporte policial que deja en claro la pérdida de una vida. Este elemento tan bien alcanzado se suma a la propuesta visual. Gracias al diseño de escenografía de Auda Caraza, la iluminación de Patricia Gutierrez Arriaga y el diseño sonoro de Emiliano López y Joaquín Martínez, la puesta en escena es un asalto a los sentidos, principalmente durante el inicio de la fiesta en que se dan en rápida sucesión una serie de micro escenas entre los personajes, mientras que la música, la luz y la euforia dejan en claro el tipo de vida y de placeres a los que se entregan quienes tienen recursos en exceso. Ciertamente, el diseño multimedia por Miriam Romero aporta a este discurso, más no de forma tan precisa, como se menciona arriba.

“La bala que me va a matar ya fue disparada.”

El control que Hedda Gabler exhibe en todo momento se resquebraja claramente en dos momentos: al gritar desquiciadamente que abran la puerta y al mostrar el asco que siente al contacto con su marido; Giorgio se presenta como un hombre apocado, incluso sumiso, en ningún momento se percibe como un hombre de negocios lo suficientemente exitoso como para llevar el tipo de vida que despliega, salvo en una escena en que se libera toda su furia; el ego desmedido que presume Luzardo se deja atrás para dar paso a una bestia feral luego de caer en la trampa que la anfitriona le ha tendido; Verónica, no Vero, no Verito, lleva una expresión de superioridad, de triunfo al haber alcanzado lo que se le había negado, hasta que las cosas salen por completo de curso.

“Esto ya no es un matrimonio, es una complicidad.”

“Hasta que Muera el Mundo” opera desde cuatro construcciones de personaje sólidas, interesantes sin duda, más no del todo empatadas. Mientras que Cecilia Ramírez Romo se entrega a Hedda desde una afectación cercana al melodrama, Jorge León aborda a Luzardo desde una sobrexcitación que remite a la farsa. Por su parte, Elizabeth Pedroza se centra en el realismo para dar vida a Verónica, decisión que comparte con Luis Eduardo Yee. Sin embargo, dado que la puesta en escena es un trabajo coral, la ausencia de una cohesión tonal da como resultado que cada uno de estos talentosos actantes pareciera estar operando desde lo individual.

“Tú quieres administrar la catástrofe.”

Vivimos en la era de la posverdad, un momento donde ya nadie sabe exactamente dónde termina la realidad y dónde comienza la inteligencia artificial, en qué forma se está aplicando un algoritmo para alimentar nuestras neurosis, o se nos está manipulando por una empresa tecnológica regida por seres, mayoritariamente hombres, doblegados a la ambición desmedida. Este panorama, donde el 1% tiene el poder de desatar guerras, de cambiar las políticas de países, donde el capitalismo más que nunca ha estado por encima de la humanidad, es una distopia que ni los más grandes dramaturgos podrían haber imaginado.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Hasta que Muera el Mundo

DRAMATURGIA: Juan Carlos Franco a partir de Hedda Gabler de Henrik Ibsen

DIRECCIÓN: Creación colectiva de Juan Carlos Franco, Cecilia Ramírez Romo, Luis Eduardo Yee, Elizabeth Pedroza y Jorge León

ELENCO: Cecilia Ramírez Romo, Luis Eduardo Yee, Elizabeth Pedroza, Jorge León, Fernanda Jáuregui, Sofia Orozco, Frida Piña y Emilia Olavarrieta

DÓNDE: Teatro El Milagro

DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.

CUANDO: Jueves y viernes 20:00, sábado 19:00 y domingo 18:00 horas. Hasta el 31 de mayo 2026.

CUANTO: $300. Entrada General. Aplican descuentos. Boletos en taquilla y Hasta que muera el mundo – Boletópolis

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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