FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
CARTAS A LA FUGITIVA DEL AIRE
Para quienes desean ver un unipersonal epistolar donde lo femenino se libera de toda atadura social que le impide volar.
CARTAS A LA FUGITIVA DEL AIRE

“Venga, venga, venga a ver esta extraña criatura que no está viva, ni está muerta.”
Desde pequeña, el discurso que se le alimentó dictaba que su destino, felicidad y valía radicaba en conseguir marido. Entre elixires con sabor a miel y canela pero con olor a ruda, ideas religiosas decimonónicas que condenan el placer femenino, y un ambiente social donde la narcoviolencia impera, mismo que puede orillar a cualquiera a escapar hasta de su propia identidad, una mujer dejará asentado en letras su sentir, irá rompiendo esas ataduras que le impiden respirar, hasta poder volar con total libertad.
“Mi amor, ya llevamos un añito.”
Basándose en una idea original de Glen Hernández, la dramaturga Elizabeth Zárate escribe “Cartas a la Fugitiva del Aire”. A lo largo de siete cartas, el unipersonal expresa el sentir y evolución de voces femeninas a medida que se enfrentan a una sociedad que sigue sometiendo a la mujer a cánones sociales basados en un sistema heteropatriarcal, conservador y violento. Una ejecución antes de una boda, las muy anticuadas ideas de la iglesia católica, un exilio forzado a Europa, y la idea de que una mujer no vale nada si no está casada, son situaciones que se entremezclan con un toque de misticismo y un espectáculo de fenómenos para crear un discurso que transita entre lo crítico y lo críptico.
“Carta primera: los matrimonios se deciden en el cielo.”
En una feria de pueblo se escucha una invitación para que la gente se asombre con una serie de fenómenos, incluyendo a la mujer lagarto. Mientras tanto, una joven adolescente está desesperada por conseguir hombre en una feria del pueblo, hecho que la orilla a buscar una solución en la brujería. Discusiones se suscitan en torno a la sexualidad femenina, al color de piel en un México que discrimina y racializa, o lo que significa la pertenencia cuando alguien se involucra en una relación nacida en la violencia a medida que la narradora va escribiendo nuevas cartas.
“Dejé de hacer pócimas y hechizos y seguí pidiendo en mis adentros.”
La premisa sobre la que parte “Cartas a la Fugitiva del Aire” busca entremezclar lo poético con lo crítico, la denuncia social con lo onírico, crear un ambiente donde la belleza del lenguaje puede convivir con la crudeza del mundo real, uno que históricamente ha sometido a la mujer. El resultado a momentos es sólido, algunos de los pasajes epistolares claros en su mensaje y en lo que quieren transmitir como espacios de reflexión reales y necesarios, como sucede con las primeras dos cartas. Sin embargo, otros momentos resultan oscuros en su pretensión, dado que se le da mayor peso a la poeticidad, como lo es la sexta carta, o son cuestionables, al tocar temas sensibles como sucede en el momento en que la protagonista blanca comparte anécdotas sobre su muñeca de tela negra, usando como música una canción de Cri-Cri que en 2026 se le considera cuestionable al perpetuar estereotipos raciales, donde la letra habla de una mujer afro que se mete al mar en busca de blanquear su piel.
“Se la quebraron por andar de golfa.”
Luego de enterarse de una ejecución en un día clave de su vida, la protagonista se deja caer al vacío, sus brazos enredados en telas rojas, creando la imagen de una crucifixión viva. El rojo es el color predominante en el escenario, mismo que, hacia el final de la puesta en escena, cubrirá la escenografía por completo como si de un velo luctuoso se tratara. Entre la aparición de un jardín oculto, algunos actos de magia, y el uso de siete lámparas de fibra de vidrio para crear un momento de intimidad, el escenario es un espacio lúdico y místico desde el que opera la narradora.
“Tercera carta: dicen que los hombres son nuestro Cristo.”
La dirección de escena de “Cartas a la Fugitiva del Aire” corre a cargo de Gabriela Tapia Berrón, quien también se encarga del diseño de escenografía y vestuario junto con el director general Carlos Echartea. Por un lado, se destaca el uso del espacio disponible, la revelación de un paraíso oculto siendo un momento mágico del montaje, así como el manejo de telas para acentuar los espacios emocionales por los que transita el personaje. Por el otro, el vestuario que porta la actriz Ana Corti no es favorable a momentos, exponiéndola incluso cuando porta un vestido que claramente no le cubre adecuadamente la parte superior del cuerpo. Igualmente, el trazo escénico mantiene en un constante e innecesario movimiento a la actriz por todo el espacio, incluso cuando la intimidad y la comunicación con los presentes pareciera demandar momentos de mayor pausa.
“¿A qué momento de la humanidad regresaría?”
La narradora prepara una pócima para conseguir marido. En un inicio se realiza este ritual con toda seriedad, pero cuando tiene que usar un ingrediente de olor penetrante, el tono cambia a uno más de comedia, en un claro intento por hacer reír a la audiencia. Con la misma veracidad con la que se entrega a su dolor como un ser crucificado, la protagonista es capaz de recolectar billetes de procedencia cuestionable, discutir qué partes de su cuerpo han pasado por la cirugía, o cantar una famosa canción de Rocío Durcal.
“¿Cómo me llamo ahora?”
El trabajo actoral de Ana Corti opera, en gran medida, desde habitar con veracidad las distintas realidades por las que pasan tanto la protagonista como algunos personajes secundarios en la narrativa. Sus interacciones con el público se perciben como orgánicas, el acto de leer parte del texto en un celular como parte de la ficción es algo que funciona dentro del universo de la obra, no tanto así cuando claramente se realiza un cambio tonal desde la dirección, uno que busca risas del público, cuando el texto no contiene inherentemente esa liviandad. Sin embargo, el trabajo es claramente comprometido, una interpretación que acentúa la propuesta y la lleva a un espacio donde se invita a la discusión y la reflexión.
“Séptima carta: la vida está hecha para persistir.”
Uno de las grandes sorpresas que me llevé al atender a “Cartas a la Fugitiva del Aire”, fue el conocer Conexión 222, un espacio alternativo e independiente que guarda en su interior la promesa de funcionar como un nuevo recinto teatral en una ciudad donde los teatros son cada vez más difíciles de mantener abiertos. Ubicado en el último piso de un edificio en el centro de la Roma, Conexión 222 es un refugio para nuevas propuestas en busca de un recinto que las acoja. Espero tener la oportunidad de aplaudir muchas y muchas más puestas en escena aquí.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Cartas a la Fugitiva del Aire
DRAMATURGIA: Elizabeth Zárate
DIRECCIÓN: Carlos Echartea
DIRECCIÓN DE ESCENA: Gabriela Tapia Berrón
ELENCO: Ana Corti
VOCES EN OFF: Gabriela Coppola y Gerardo D. Vázquez Ledezma
DÓNDE: Conexión 222
DIRECCIÓN: Insurgentes Sur 222, Cuauhtémoc
DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio




