UN MUNDO DESPUÉS DEL MUNDO
Para quienes desean descender a una eterna tormenta distópica donde el recuerdo es la única posibilidad de salvación.
UN MUNDO DESPUÉS DEL MUNDO
“Reporte 13: Brujula. El punto del destino no se reveló.”
En medio del hastío y el olvido, entre objetos sin sentido, donde un cepillo o una brújula son misterios por resolver, Vela espera pacientemente a que Sil regrese de la tormentosa superficie, peligroso hábitat al que el joven asciende en busca de pepenar oportunidades para recordar. Un día es igual al que sigue, y al que le sigue después; el tiempo pareciera haber perdido todo sentido, de no ser por ese momento en que se da aviso para que Vela tome su pastilla, se conecte al sistema, y con los restos de su imaginación cree una utopía que alimenta aquello que los mantiene bajo el más miserable de los eternos encierros.
“Otro día sin respuestas.”
La mejor manera de someter a una persona, de esclavizarla bajo condiciones infrahumanas, es conseguir que olvide que alguna vez existió una mejor posibilidad de existencia. Esta potente premisa es bajo la que Vladimir Chorny escribe y dirige “Un Mundo Después del Mundo”, una puesta en escena que plantea un mundo distópico en la que dos personas atrapadas en un bunker van dejando detrás sus recuerdos de una vida mejor, en favor de alimentar al sistema que los ha sometido hasta convertirlos en seres esclavizados en una interminable rutina de tintes beckettianos.
“¿Qué puede ser más real que lo que soñamos?”
Vela se enfrenta a objetos cotidianos y a un libro donde vienen las instrucciones de cómo usarlos. Hablar de cerdas y de un mango cuando está viendo perpleja a un cepillo para el pelo se convierte en un encantador y, a la vez, bizarro juego de palabras que debe descifrar. Cuando llega Sil de la superficie, se realiza una rutina que claramente se ha llevado a cabo una y mil veces, ritual que alimenta al poder que los domina, bajo el efecto de pastillas, latas que decoran y páginas que misteriosamente desaparecen. Cuando Vela descubre que este círculo interminable se ha visto alterado por un recuerdo que ha vuelto a la mente de su compañero, las cosas comienzan a deshebrarse hacia un fatídico camino.
“No hay recuerdos porque no hay palabras.”
La premisa de “Un Mundo Después del Mundo” es interesante, sin duda. La decisión de no dar demasiadas explicaciones al espectador sobre la génesis de la distopia, las razones detrás del encierro, bien manejadas. En general, Chorny crea tanto en ambiente como en personajes un mundo del que uno quiere conocer más, siendo incluso fascinante a momentos. Sin embargo, en el presentar estos días que se repiten, en desarrollar el encierro en que se encuentran y con el que luchan a partir de rescatar el recuerdo y la memoria, hay un empantanamiento a la progresión dramática, al punto que no se llega a percibir un riesgo verdadero en la acción sino ya muy cerca del desenlace de la historia.
“¿Puedo hablar de tiempo todavía?”
El bunker en que habitan Sil y Vela está conformado por objetos de otra vida. Una silla volteada sirve para que Vela lance aros a sus patas como forma de entretenimiento, Sil se relaja en un asiento de coche raído luego de haber manipulado un enorme carrete para cable que usan de distintas maneras. La parte superior del escenario es el camino por donde Sil regresa al bunker desde la superficie, portando un traje de seguridad que lo protege de la intemperie, junto con un paraguas volteado hacia arriba. El vestuario con toques militares habla de una revolución, mientras que la iluminación trasera habla de una tiranía que controla meramente con la llegada de una luz roja para indicar que es momento de alimentar al sistema.
“Si yo pudiera cambiar las cosas, ¿me ayudarías o me detendrías?”
Sin lugar a dudas, uno de los aspectos más sólidos en “Un Mundo Después del Mundo” se encuentra en su propuesta visual. La escenografía y vestuario de Mario Marín del Río generan con precisión un ambiente apocalíptico y de encierro, donde los objetos ya no son para lo que fueron creados, y donde el espacio del teatro es aprovechado en profundidad y niveles. A esto se suma el diseño de iluminación y utilería por parte de Mauricio Arizona García, así como la música original de Fenna Frei, todo ello sumando a crear este universo distópico. El único punto que solucionar, a nivel estético, dentro de la dirección de Vladimir Chorny es el uso de una máscara de plástico que imposibilita el pleno entendimiento de los diálogos.
“Quiero que me cuentes, por favor, qué recordaste.”
Sil regresa de pepenar en el mundo exterior, emocionado por un objeto que, aunque no sepa qué es o para qué sirve, está convencido de que a Vela le va a encantar. Cuando ella recibe el balón desinflado, su felicidad es palpable ante un nuevo elemento que añadir a su morada. Luego de que Vela cae rendida tras usar la máscara, Sil cambia por completo su manera de actuar, pasa de un cuidador comprometido a un ser misterioso, que altera el orden de las cosas a causa de entendimientos que no comparte con su compañera. Luego de que Vela intenta revolucionar las cosas, Sil paga las consecuencias, hecho que lleva a Vela a desmoronarse por completo ante el peso de sus decisiones.
“Quiero hacer mi proceso de creación, pero sin tomar mis pastillas.”
El primer aspecto que sobresale a nivel actoral en “Un Mundo Después del Mundo” es la evidente confianza, comunicación y complicidad que han desarrollado Pilar Boyle y Augusto Ghirardelli en la creación de sus personajes y la relación que existe entre ellos. A pesar de ciertos aspectos de dicción que impiden el pleno entendimiento de los diálogos, factor que se acentúa con el uso de una máscara de plástico en escenas clave, los tránsitos emocionales por los que pasan los Vela y Sil se transmiten a las butacas de manera sólida. Ya sea con el mero uso de una lámpara para iluminar una bola disco en la más absoluta soledad, o fastidiada por la eterna rutina del día a día, ambos actores crean este espacio de encierro e intimidad, de desesperanza y amistad, donde el fin y el inicio son promesas que penden como la espada de Damocles.
“Seguir no significa olvidar.”
La distopia como espejo distorsionado de la realidad contemporánea no es algo novedoso, es algo que se viene haciendo, cada vez con mayor auge, desde que se estrenaran en los setentas películas como Mad Max de George Miller y La Naranja Mecánica de Stanley Kunbrick, todo esto tomando como génesis 1984, la novela cumbre de George Orwell escrita en 1948. La fascinación del hombre con el fin del mundo, con un sistema que toma control absoluto de la humanidad, con la capacidad del ser humano no sólo de sobrevivir, sino de ser feliz, aun cuando el mundo se ha colapsado ha despertado la imaginación de una gran multitud de creadores, quienes han usado la memoria como elemento transformador. “Un Mundo Después del Mundo” se suma a esta gran lista, aportando su propia visión, una que ahora habitará en mis recuerdos hasta que muera, o el sistema trate de borrarla.
DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Un Mundo Después del Mundo
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Vladimir Chorny
ELENCO: Pilar Boyle y Augusto Ghirardelli
DÓNDE: Teatro La Capilla
DIRECCIÓN: Madrid 13, Del Carmen Coyoacán.
CUÁNDO: Viernes 20:00 horas. Hasta el 28 de agosto 2026
COSTO: $400. Entrada general. Boletos en taquilla y en Un mundo después del mundo #0726 – Boletópolis
DURACIÓN: 65 minutos sin intermedio




