NUNCA DISPARÉ UN RIFLE

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Para quienes entienden las formas de amar se heredan y que la depresión posparto es muy real.

NUNCA DISPARÉ UN RIFLE

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“¿Qué le hiciste a la bebé?”

El psicólogo tiene como objetivo desentrañar exactamente qué fue lo que pasó con la bebé. Entre preguntas que no se quieren, o no se pueden contestar, y analizar micro gestos de su paciente, el experto en la salud mental se adentra en el pasado de una mujer donde una madre ausente convive con extraterrestres, en el que unas moronas de pan en el mar se convierten en un trauma, donde la incapacidad de amar como se supone que se debe de hacer se golpea cara a cara con la infranqueable pared de la depresión. Se supone que las madres deben de amar incondicionalmente, pero cuando las herencias afectivas del pasado resultan demasiado dañinas, cuando la oscuridad de la depresión ahoga al punto de la asfixia, un arma pareciera ser la única salida.

“¿Tu mamá antes de desaparecer era una persona normal?”

Las heridas del pasado, específicamente las que los padres generan por sus propias carencias u obsesiones, la confrontación con la maternidad, la pérdida de identidad consecuente y la incapacidad de amar como se debe, así como los muy reales problemas asociados con la depresión posparto, trastorno que, de acuerdo a datos de la Secretaría de Salud, afecta en México a 2 de cada 10 madres primerizas o gestantes, y que en un 75% de los casos no es tratado adecuadamente, son parte de los muy complejos temas que aborda “Nunca Disparé un Rifle” de la dramaturga Talia Yael.

“Papá siempre fue como un intestino colapsado.”

Mientras que el psicólogo trata de encontrar la verdad detrás de un acto barbárico, la figura de una madre que desapareció a los once años, y que volvió a los diecisiete, se pasea por la mente de la paciente. Los recuerdos de esta figura materna transitan entre lo eufórico y la tristeza, en confesiones de que no fue capaz de amar a su hija como se esperaba, en una visita a la playa que se convirtió en un grito de terror ante la amenaza de una ola con la fuerza de acabar con todo. La ventana de los sueños de la paciente se cerró, su placer se ahogó con los llantos de una recién nacida, y un crimen parece ser la única salida.

“¿Te divierte no contestar mis preguntas?”

La construcción narrativa en “Nunca Disparé un Rifle” comienza con lo que de entrada pareciera ser un thriller psicológico, donde el misterio radica en descubrir lo que sucedió con la bebé de la protagonista. Sin embargo, poco a poco, la dramaturgia va revelando capas de mayor complejidad y oscuridad que ponen el foco sobre temas complejos y necesarios de poner sobre la mesa como lo es la forma en que una mujer siente que se pierde a sí misma al momento de dar a luz, un síntoma clásico en la depresión posparto. Aunado a esto, Talia Yael es capaz de profundizar en otras líneas dramáticas en tan solo 45 minutos, como son las múltiples formas de querer, mismas que no siempre se traducen de maneras amorosas, así como los dolores heredados de generaciones pasadas. El resultado es una travesía poética y dolorosa, dura y fascinante, hacia rincones de la psique materna muy necesarios de abordar por más perturbadores que sean.

“Daño es una palabra que no me gusta.”

Mientras que el doctor cuestiona a su paciente, la figura de la madre se pasea por el espacio, reaccionando a momentos, en otros meramente observando a su hija, tratando de comunicarse con ella desde lugares que no pudo hacer cuando estaban realmente cara a cara. En la parte trasera del escenario, una mesa metálica, que remite a un ambiente hospitalario, se utiliza como lugar de encuentro entre las mujeres, como un lugar onírico donde los recuerdos aun habitan. Este ambiente casi surreal se acentúa con la presencia de un marco de madera a un lado del espacio.

“Es muy difícil tratar de interpretar cosas de las que no te acuerdas.”

La dirección de Michelle Chisikovsky en “Nunca Disparé un Rifle” busca crear un espacio que transita entre la realidad y la mente, entre la crudeza y lo poético. Esto se consigue con los pocos, pero bien utilizados elementos de escenografía, parte del diseño a cargo de Antonio Saucedo, así como la sencilla pero efectiva iluminación diseñada por Daneila Espino que sabe jugar acertadamente con claroscuros y sombras. Sin embargo, algunas decisiones rompen con este universo propuesto, como lo es que los tres personajes estén descalzos en escena, incluyendo al psicólogo, o que elementos de utilería estén, arrumbados en el rincón izquierdo del escenario, completamente a la vista desde un inicio, incluyendo un rifle que es parte esencial del discurso de la obra. Estos pequeños puntos rompen a momentos con el delicado espacio casi onírico de la puesta en escena.

“Yo no estoy vigilando tus palabras, estoy vigilando tus gestos.”

El psicólogo confronta a su paciente, a veces como médico en consulta, muchas otras como un detective lo haría con un sospechoso durante un interrogatorio. Ella, la madre de la bebé con fatídico destino, se mueve entre contestar a las preguntas de la mejor manera posible y el habitar espacios de memoria donde el fantasma de su madre le atormenta. Esta última figura, deambulando por el espacio y reaccionando a lo que dicen de ella, tiene la capacidad de mostrar los sentimientos que nunca expreso en presencia, como cuando su hija se acuesta en su regazo para que le acaricien la cabeza.

“No puedo enseñarte a querer.”

Estefanía Martínez y Milena Pezzi interpretan a hija y madre, respectivamente, en “Nunca Disparé un Rifle”. Ambas actrices se entregan al tono de melodrama inherente en la obra, todo desde una un mesurado realismo, sin caer en la exacerbación sentimental. La manera en que Martínez es capaz de mostrarse rota en espíritu mientras su playera muestra manchas por la lactancia, o de ser feroz mientras apunta con un arma de fuego, están a la par con la forma en que Pezzi transita entre la frialdad y la desesperación ante la falta de amor que siente por su hija. El elenco lo completa Rodrigo Virago como un estoico doctor en busca de la verdad, quien permite estar en segundo plano para el pleno lucimiento de los roles femeninos.

“¿Para qué te tuve?”

Luego de tener a su primer bebé, una alumna me pidió no tomar las clases, pero que igual me las iba a pagar. Mientras yo estaba en un salón vacío, ella se encerraba en su coche para dormir. Más adelante, me comentó que estaba pensando muy seriamente en dejar el trabajo, e incluso pensaba en divorciarse. Un mes después su médico la diagnosticó con depresión posparto. Una de mis mejores amigas me confesó que, luego de dar a luz, en las noches se quedaba viendo a su bebé durmiendo en la cuna, conteniendo el impulso de asfixiarla. Su médico la diagnosticó con depresión posparto. Ambas hoy son muy felices con sus hijes. No todas las mujeres son diagnosticadas a tiempo, muchas reaccionan de maneras fuera de la norma social, cometiendo actos inexplicables en torno al cómo debería de ser una madre. Pero olvidamos que antes de ser madres, eran mujeres, y seres humanos con sueños e ilusiones de vida, pero también con hormonas y químicos neuronales que deben ser regulados. La depresión posparto es real y debe ser tratada adecuadamente.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Nunca Disparé un Rifle

DRAMATURGIA: Talia Yael

DIRECCIÓN: Michelle Chisikovsky

ELENCO: Estefanía Martínez, Milena Pezzi y Rodrigo Virago

DÓNDE: Espacio Urgente 1 de Foro Shakespeare

DIRECCIÓN: Zamora 9, Colonia Condesa.

CUÁNDO: Miércoles 20:00 horas. Hasta el 5 de agosto 2026.

COSTO: $400. Entrada General. Boletos en taquilla y Voleto

DURACIÓN: 40 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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