LOS CHICOS DE LA BANDA

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Para quienes quieren asistir a una celebración de cumpleaños de lo más diversa donde todo puede pasar.

LOS CHICOS DE LA BANDA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía de la Producción

“No estoy listo para recibir a cinco loquitas gritando feliz cumpleaños.”

Esta noche es la fiesta de cumpleaños de Harold en casa de Michael. Nada elegante, meramente una pequeña reunión con amigos, algunos regalos, deliciosa comida, mucha bebida y un vaquero no muy brillante, pero de lo más complaciente. Sin embargo, una llamada telefónica irrumpirá en las festividades, un invitado inesperado llegará y su presencia desencadenará un maquiavélico juego que revelará lo más íntimo de cada uno de los presentes. Entre homosexuales el amor es profundo, la disfunción lo es aún más.

“Soy un maricón modelo de la clase trabajadora.”

Estrenada con gran escándalo en 1968 en el Off-Broadway de Nueva York, “Los Chicos de la Banda” del dramaturgo estadounidense Mart Crowley fue una de las primeras obras de teatro comercialmente exitosas que hablaran abiertamente sobre la comunidad homosexual. Lo que de entrada pareciera ser una comedia ligera, casi superficial sobre un grupo de amigos gay que se reúne para celebrar un cumpleaños entre chistes ácidos y una que otra discusión, poco a poco se revela como una profunda disertación sobre la disfunción existente en las dinámicas de grupo, así como sobre todas las variantes de auto odio que existen dentro de la comunidad LGBTQ+.




“No hay nada más conmovedor que sentir lástima por uno mismo.”

Con cierto veneno en cada una de las palabras que salen de su boca, Michael juega el papel del anfitrión perfecto para la fiesta de cumpleaños que ha organizado para su mejor amigo Harold. Entre los invitados, la pareja conformada por Hank y Larry quienes no dejan un segundo de celarse o increparse el uno al otro; Bernard de raza afroamericana quien tiene que lidiar no sólo con su preferencia sino también con su raza; y el muy afeminado Emory quien llega a la celebración con un regalo de lo más especial y con todos sus fantasmas del pasado. A pesar de haber sido escrita hace más de 50 años, “Los Chicos de la Banda” sigue teniendo una urgente relevancia hoy en día. Es cierto que la realidad de los homosexuales en el siglo XXI, tras los disturbios de Stonewall y la primera marcha del orgullo, la epidemia del VIH y la aceptación del matrimonio igualitario ya no es la misma. No obstante, tal y como lo ha escribe Alan Downs en su libro La Rabia de Terciopelo, el hombre gay sigue viviendo con la vergüenza, el dolor y el enojo de crecer en una sociedad heteronormativa que aún hoy día obliga a tantos y tantos a callar o a refugiarse en guetos dentro de la misma comunidad.  Este tipo de sentimientos son retratados por Crowley con precisión y veracidad en cada uno de sus personajes, desde el muy superficial vaquero hasta el muy enclosetado y miserable Alan. El amor que se demuestran los amigos en la fiesta es real, por supuesto que lo es, pero el dolor que cada uno de ellos trata de ocultar también.

“¿Te avergüenzas de tus amigos?”

En una de las escenas más poderosas de la puesta en escena, Hank y Larry se encuentran en el segundo piso del loft de Michael reencontrando aquello que los unió en al principio de su relación. Mientras este íntimo momento se desarrolla, en la planta baja del lugar el anfitrión da salida a su amargura guardada, empujando a Alan para que participe en un juego macabro que podría finalmente revelar toda la verdad. Lo que en un principio del montaje se presentó como vana y falsa superficialidad se ha transformado en una profunda exploración de aquello que se quiere gritar para quizás alcanzar la felicidad, pero que muy probablemente no se logrará. Bajo la dirección de Pilar Boliver, y con el apoyo de la escenografía e iluminación de Sergio Villegas, “Los Chicos de la Banda” es una propuesta que consigue ser visualmente atractiva, principalmente por el uso de distintos niveles y profundidades dentro del espacio de Villegas. A nivel tonal, Boliver toma la arriesgada decisión de montar la primera parte de la obra como si se tratara del inicio de una comedia de enredos de lo más complaciente. Esta elección cobra sentido y fuerza gracias a la forma en que la balanza se nivela cuando el melodrama se inserta en la segunda mitad de la historia, misma que adquiere mucha más contundencia y relevancia.




“Dios sabe que yo quería ser normal.”

El aparentemente siempre alegre Emory revela su fragilidad tras una llamada que Michael lo orilló a hacer. Tras un feroz altercado entre Hank y Larry, uno en el que cada uno de ellos declara con brutal honestidad sus posturas ante la vida, ambos descubren cuál es el futuro de la relación que llevan. Con absoluto hartazgo tras una fiesta que no resultó ser como esperaba, Harold deja de lado toda pretensión de jovialidad y deja soltar todo lo que piensa sobre su mejor amigo, hecho que realiza con un placer que se podría leer como crueldad. Una de las cartas más fuertes que ostenta “Los Chicos de la Banda” son las actuaciones cargadas de honestidad y fractura por Juan Carlos Martín del Campo, Juan Ríos, Luis Lesher y Constantino Morán. Estos cuatro histriones consiguen imprimir al montaje un muy necesario peso escénico, llevan las palabras de Crowley a lugares verdaderos y cargados de sentido, hacen que sus emociones rompan la cuarta pared y sean espejo de muchos de los espectadores. El resto del elenco, conformado por Horacio Villalobos, Pedro Mira, Gutemberg Brito, Carlo Guerra y Alfonso Soto, alcanza resultados dispares desde la franca falsedad hasta la solvencia.

“Si tan sólo pudiéramos amarnos un poco.”

Yo confieso haber estado en ese tipo de fiestas, maravillosas reuniones lenas de amigos homosexuales donde la alegría del inicio se podía deformar en un instante en dramas atestados de ataques velados por un humor mordaz e hiriente. De hecho, la última reunión de ese tipo fue no hace más de tres meses, donde yo era el anfitrión junto con mi esposo., y terminé retirándome a dormir temprano pues no aguantaba la tensión que se estaba gestando en mi propia sala. Como comunidad, los homosexuales hemos avanzado enormemente en cuestión de derechos, de salud, de visibilidad e inclusión en la sociedad. Tenemos mucho que caminar aún para perdonarnos y amarnos libres de toda la carga emocional de haber nacido diferentes a lo que la sociedad denomina como “normal”.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Los Chicos de la Banda”

DRAMATURGIA: Mart Crowley

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: Pilar Boliver

ACTÚAN: Horacio Villalobos, Juan Ríos, Pedro Mira, Constantino Morán, Luis Lesher, Gutemberg Brito, Juan Carlos Martín del Campo, Carlo Guerra y Alfonso Soto.

DÓNDE: Teatro Xola Julio Prieto

DIRECCIÓN: Xola 809, Esquina Nicolás San Juan, Colonia Del Valle.

CUÁNDO: Viernes 20:30, Sábado 18:00 y 20:30, Domingo 18:00 horas.

COSTO: $750, $700 y $650. Boletos en taquilla y ticketmaster.

DURACIÓN: 120 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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