KIWI

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Para quienes quieren adentrarse al inframundo de los niños de la calle.

KIWI

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)
 
“Nadie escucha los gritos de mi lengua azul.”
 
El carrusel da vueltas y vueltas, lleno de la alegría que producen las risas de todos los niños montados en él. Con cada nuevo giro ellos se van alejando de ella, la abandonan y olvidan, dejándola a la merced de una sociedad que se interesa mucho más por sus próximas olimpiadas que por cuidar de una niña de 11 años. No importa, en menos de lo que vuela un pato, se hará de una nueva familia quien le dará un nuevo nombre y se encargará de cuidarla. Ellos, su nuevo marido incluido, le enseñarán cómo sobrevivir, el arte de robar, la manera de vender drogas o la forma de no sentir nada cuando entregue su cuerpo por dinero. Ni modo, los sueños cuestan y se necesita juntar mucha lana si han de cumplir su fantasía de comprar la casa de piedra. En este inframundo de frutas podridas, donde un lichi la abrazará amorosamente antes de prostituirla y una ciruela morirá a punta de balazos, una kiwi llena de amor encontrará el cerrojo donde sus llaves den paso a un nuevo hogar… dicen.
 
“No estaba escupiendo, estaba llorando.”
 
El mundo de los niños de la calle, aquellos que roban y se drogan, se prostituyen y mendigan, es retratado en un balance exquisito y terrible entre lo crudo y lo poético en la obra “Kiwi” del dramaturgo canadiense Daniel Danis. Las aventuras de una niña abandonada, que se vuelve miembro de una pandilla donde cada uno de los integrantes tiene el nombre de una fruta, son narradas por Danis de manera honesta y directa, sin temor a hablar de vicios y delitos en un mundo de infantes, con una delicadeza de lenguaje que permite elevar todos estos horrores a lírica. A través de bellas imágenes de patos surcando los cielos, de sueños donde toda la comida está al alcance de la mano, de amores inocentes en un mundo corrompido, “Kiwi” nos aprieta el corazón, pues entre más bella es la forma en que se cuenta, más terribles son las situaciones por las que tienen que vivir niños que debieran preocuparse por jugar y no por cómo mantener el calor durante un invierno helado.
 
“Huele mucho a aguardiente en el lugar donde vivo.”
 
Trabajos anteriores como “2:14” y “Los Ojos de Ana” (crítica en www.entretenia.com) y ahora “Kiwi” son prueba evidente de que el muy respetado y admirado director Boris Schoemann  gusta de montar obras con temática juvenil de alto impacto, profunda teatralidad y fuerte contenido dramático. El muy característico estilo visual de Schoemann, quien también tradujo la obra, se hace presente en el uso de tan sólo unos cuantos elementos sobre el escenario, de los cuales destacan un par de sillas, para incentivar la imaginación en cada uno de los espectadores para recrear mercados, refugios subterráneos, un bebé recién nacido en su carriola o un cuerpo sin vida. Ritmo preciso como una maquinaria de reloj suizo y una genial habilidad para dar mayor dimensión a las palabras son parte integral de cualquier montaje de Boris, mismos que en “Kiwi” consiguen fascinar y horrorizar con igual dimensión e impacto.
 
“Cuando el hombre del otro mundo se divierte, yo hago como que me desmayo.”
 
Texto y dirección son poderosos, pero en manos de dos experimentados actores “Kiwi” alcanza niveles mucho más profundos y oscuros. Olivia Lagunas, quien ha demostrado su rango y talento en obras como “La Chica Conejita” y “Jacinto y Nicolasa” (crítica en www.entretenia.com),  se convierte en una niña llena de inocencia e ingenio sumergida en un mundo donde esas dos características no tienen cabida. Podría ser que lo que llame la atención de la actuación de Lagunas radique en interpretar a una niña de apenas 11 años al inicio de la obra, pero eso es tan sólo la punta del iceberg. Lagunas actúa con las manos, con sus ojos, con cada inflexión en su voz, dejándonos sin aliento, impactados por lo que una lengua azul puede llegar a proyectar. A su lado, Guillermo Villegas, a quien recientemente aplaudí con fuerza en «Litoral» (crítica en www.entretenia.com), demuestra estar a la altura del talento de Olivia, como Lichi, salvador y protector de Kiwi. Encuentro admirable la facilidad con que Villegas puede manipular tanto su expresión facial como su mirada para transmitir picardía, deseo, furia o dolor, ganándose el afecto del público con un personaje que en la vida real condenaríamos sin ningún miramiento. Los dos jóvenes actores son promesas de la escena contemporánea, evidencia fehaciente de la enorme calidad actoral que existe en nuestro país.
 
“Nuestro hogar subterráneo se convierte en una tumba.”
 
Nos hemos quedado ciegos. Caminamos por las calles, manejamos por avenidas, paseamos por los parques y hemos dejado de ver a esos niños que nos limpian los parabrisas, venden chicles, piden limosna o simplemente inhalan Resistol en una esquina. Qué fácil es voltear la cara y pretender que no notamos el hambre en su mirada, la desesperación en el temblor de sus manos, la esperanza que se muere lentamente con cada nuevo día de carencias. Cuando cae la noche, esas criaturas tienen que dormir en algún lado… ¿alguna vez se han preguntado dónde?
 
“Ya verás, algún día nosotros también seremos felices.”
 

“Kiwi” es un montaje espléndido y un trago muy amargo al mismo tiempo. Un hermoso mensaje cargado de esperanza al final de la obra provoca que todo lo antes visto se tiña aún más de gran tristeza. Daniel Danis nos abofetea con una realidad presente en todas las grandes ciudades del mundo, mientras que Boris Schoemann nos acaricia con toda la fuerza que le brinda su enorme experiencia teatral. Yo no creo que “Kiwi” sea una obra para jóvenes, niños o adultos; es para todo aquel que busca sensibilizarse,  dejar atrás la ceguera y ver de frente a la miseria en un intento por ser mejor humano.

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Ricardo Castillo Cuevas: entreteniafoto@gmail.com

DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: “Kiwi”
DRAMATURGIA: Daniel Danis
TRADUCCIÓN Y DIRECCIÓN: Boris Schoemann
ACTÚAN: Olivia Lagunas y Guillermo Villegas.
DÓNDE: Teatro Sergio Magaña
DIRECCIÓN: Sor Juana Inés de la Cruz 114, Colonia Santa María la Ribera. Cerca de Metro San Cosme.
CUÁNDO: Sábado y Domingo 13:00 hrs. Hasta el 27 de Julio.
COSTO: $127 Entrada general. Aplican descuentos.
DURACIÓN: 55 minutos sin intermedio.
DATOS DE LOS TEATROS: No cuenta con valet parking o estacionamiento.
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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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