ORGULLO

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Para quienes entienden que la vergüenza es un dolor que ha permeado a la comunidad LGBTIQ+ por más de 50 años.

ORGULLO

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía de la Producción

“Hay cosas que una sospecha, pero que mejor calla.”

Es 1958. Oliver, un escritor de libros infantiles, su ilustradora Sylvia y su esposo Phillip cenarán esta noche. Lo que aparentemente sería una afable velada se convertirá en un infierno plagado de pasión entremezclada con profunda vergüenza. Es 2008. Ahora Oliver es un hombre atormentado por ciertos apetitos insaciables que la sociedad dicta que son inaceptables. Su pareja Phillip lo ha dejado a causa de ello, y su mejor amiga, Sylvia, trata de equilibrar su muy demandante relación con tener una vida propia. 50 años de diferencia han pasado, pero sus problemas no son tan distintos. Ambos mundos deberán aprender a levantar la cabeza y mirar al mundo de frente, so riesgo de perecer.

“Voy a necesitar mucho más que un parque lleno de jotas para alegrarme.”

Dejar de avergonzarse por lo que uno es, por quien se ama, o por los deseos que se sienten ha sido un tortuoso camino que la comunidad LGBTIQ+ actualmente sigue caminando. El dramaturgo griego-británico Alexi Kaye Campbell retrata parte de este doloroso recorrido en “Orgullo”. A través de dos historias con cincuenta años entre sí, cada una protagonizada por tres personajes de nombres idénticos, el autor muestra dos situaciones que parecieran profundamente distintas, pero que en realidad reflejan la problemática de cada momento histórico, misma que se puede reducir a una sola palabra: vergüenza.



“Lo que sucede entre dos personas puede ser sagrado.”

En 1958, Oliver anhela poder estar con Phillip sin tener que esconderse, valentía que le produce el amor que siente por un hombre casado que no está dispuesto en lo más mínimo a aceptar tan escandalosa verdad. En 2008, Oliver tiene que agachar la cabeza por ciertos fetiches que podrían parecer perversos, cuando en realidad lo que sucede entre adultos en la intimidad no debería ser motivo de discusión por nadie. A la mitad del siglo XX Sylvia es una mujer decente que trata desesperadamente por aparentar que en su propia recamara no está pasando nada “anormal”; en el nuevo milenio Sylvia es una mujer moderna que abandera las causas de la comunidad LGBTIQ+ como si fueran propias, una mujer que no juzga, pero que al mismo tiempo anhela encontrar su propio lugar en el mundo. Phillip, por su parte, en los 50s es un hombre reprimido, por ende violento, verdaderamente atormentado por el deber ser; en los 2000’s cree en el amor entre dos hombres, lo vive apasionadamente, aunque su educación y creencias le impiden aceptar plenamente la naturaleza del hombre con quien desea estar.

“Yo no soy como ellos.”

La compleja narrativa dual que Kay Campbell construye en “Orgullo”, a través de sus seis equidistantes personajes, permite que diferentes tipos de público conecten dependiendo de los referentes personales, generacionales y sociales que cada uno cargue en su interior. Graciosa a momentos, estremecedora y dolorosa en otros, la dramaturgia es poderosa en su mensaje, a pesar de que hacia su conclusión cae en lo discursivo, casi panfletario, en un claro intento por dejar más que claro el mensaje de la historia, una que el espectador puede deducir sin ayuda.



“Ese recuerdo me produce vergüenza y asco.”

Una sala verde aterciopelada, tan refinada como los amaneramientos del Oliver de los 50s, es el marco de acción en el que se desarrolla la historia. En la parte trasera, unos espejos reflejan la verdad que cada uno de los personajes trata de ocultar, aunque en momentos clave de la narrativa podrían transparentarse y mostrar los anhelos que guardan en su corazón. La dirección de Angélica Rogel para “Orgullo” es sutil, enmarcada por la civilidad que dictan las buenas costumbres, cuando los personajes están a la vista de ojos juiciosos. Sin embargo, cuando la intimidad aparece, cuando los ojos de la sociedad desaparecen, el tono del montaje se torna salvaje, incluso descarnado. De tal manera, las sonrisas congeladas durante una agradable velada en casa pueden dar paso a un momento de brutalidad sexual en un abrir y cerrar de ojos. Rogel consigue este sólido trabajo apoyada por un sólido equipo de trabajo que incluye la poderosa escenografía de Adrián Martínez Frausto, el diseño de vestuario de Jerildy Bosch, la iluminación de Matías Gorlero y la composición musical de Iker Madrid.

“¿Cuándo fue la primera vez que sintió atracción por individuos de su mismo sexo?”

Como un escritor de libros, Oliver no sube su voz más allá de unos cuantos decibeles, cada movimiento que realiza es afectado, incluso su parpadear es lento, delicado. Como un hombre atormentado por sus adicciones, Oliver está desencajado, sus movimientos desparpajados, su tono de voz irónico. Phillip, como el “fiel” esposo, es un ser que constantemente está tragándose sus emociones, pero que no puede evitar dejar salir su violencia, ya sea con un tono desdeñoso a su mujer, o con toda su fuerza física contra aquel a quien que no se puede permitir amar. Como el amante de emociones exacerbadas, Philip se desmorona en llanto, su conflicto por amar a quien no entiende lo lleva plasmado en todo su ser, es frágil en contraste. Todo aquello que Sylvia debe callar como la abnegada esposa de los 50s se contrasta con todo lo que grita en la primera década del siglo XXI. “Orgullo” alcanza verdadera contundencia gracias al muy comprometido trabajo que realizan Mauro Sánchez Navarro, Nacho Tahhan, y Adriana Llabrés en la creación de dos personajes distintos cada uno de ellos. Mientras que Sánchez Navarro opera desde una contención emocional claramente cerebral y medida, Tahhan opera desde la verdad visceral, contraste que crea una evidente química entre ambos histriones. Por su parte, Llabrés se mantiene en un punto medio entre sus compañeros de escena, balance que permite desplegar su rango actoral con éxito. Es importante destacar de igual manera la presencia de Mauricio Isaac, quien con tan sólo tres intervenciones, consigue arrancar carcajadas con la misma facilidad con la que aterra.



“Tú y yo tenemos algo de historia.”

La vergüenza es un sentimiento que ha dominado la mayor parte de mi vida. Teniendo que callar sobre mis gustos frente a mis amigos de la prepa mientras ellos hablaban de mujeres, hablando de mi “novia” o mi “esposa” en mi trabajo por miedo a ser juzgado, saliendo a escondidas con algún hombre porque no podía decirle a mi familia lo que deseaba; soy un homosexual de 47 años que apenas a los 43 fue a su primera marcha gay tras muchos años de terapia. Soy un hombre que hoy se pinta las uñas y camina en tacones tras haber vestido un disfraz de corbatas y camisas por más tiempo del que quisiera aceptar; soy un ser que ha aprendido el significado del orgullo a partir de mucho dolor. Esta es nuestra historia, no la podemos olvidar jamás. Tenemos que celebrar cada día que hoy podemos levantar la mirada y mirar desafiantes al mundo para decirle que esto es lo que soy, y lo que soy no necesita explicaciones, disculpas, y mucho menos tu juicio.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Orgullo”

DRAMATURGIA: Alexi Kaye Campbell

TRADUCCIÓN Y DIRECCIÓN: Angélica Rogel

ELENCO: Mauro Sánchez Navarro, Nacho Tahhan, Adriana Llabrés y Mauricio Isaac.

DÓNDE: Foro Lucerna

DIRECCIÓN: Lucerna 64, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Miércoles a Sábado 20:15, Domingo 18:15 horas. Excepto Diciembre 24 y Enero 31. Hasta el 9 de enero 2022.

COSTO: $450. Boletos en taquilla o en ¿Buscas boletos para orgullo? Encuentra entradas en Ticketmaster MX

DURACIÓN: 150 minutos con un intermedio. Principio del formulario

DATOS ADICIONALES DEL TEATRO: Cuenta con valet parking.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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