LA PERSONA DEPRIMIDA

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Para quienes desean ser confrontados con un duro reflejo de la psique humana.

LA PERSONA DEPRIMIDA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Estoy exhausta de sólo señalar sombras.”

Ella entra al escenario y saluda a todos los asistentes. Con una sonrisa en la boca, con las manos unidas al frente y prácticamente sin moverse de su lugar, ella comienza su relato. Una disputa sobre gastos de ortodoncia para una niña entre una pareja divorciada es tan sólo la punta del iceberg. Un círculo de apoyo entre amigas que tienen mejores cosas que hacer que escucharla, una psiquiatra con métodos terapéuticos poco convencionales y un incesante temor a partir de un desafortunado comentario sobre un baño público son algunos de los temas que trata en un afan por encontrar explicaciones donde quizás no las hay. Ella hablará de alguien más, quizás de ella misma… o de ti.

“Estoy cansada de tener que hablar del juego de las culpas.”

Considerado como uno de los más notables autores norteamericanos de finales del siglo XX, así como una controversial figura literaria debido a su historia personal de violencia y depresión, factor que lo llevaría a su propio suicidio a los 46 años, David Foster Wallace publicó en 1999 una colección de relatos meta-ficticios intitulado Breves Encuentros con Hombres Repulsivos. Dentro de los 23 relatos cargados de ironía, humor negro y un gran sentimiento de aislamiento, así como una fuerte carga de misoginia, destaca “La Persona Deprimida”, una narración en tercera persona que habla a los ojos al lector, o espectador en este caso, para evaluar su propia relación tanto consigo misme como con el resto del mundo.




“Parece que tu psiquiatra fue alguien muy especial para ti.”

Prozac, Xanax, Zoloft, y hasta terapia de electroshocks, son algunos de los tratamientos que ella ha tomado bajo la supervisión de su psiquiatra. Sin embargo, la experta en salud mental insiste que la mejor solución para su dolencia mental radica en hacer uso de su sistema de apoyo, específicamente en sus amigas. El problema es que la gran mayoría de ellas ya están un tanto cansadas de contestarle el teléfono, escuchar sus quejas, tener que volver a escuchar los traumas que carga desde la infancia. Más allá de las anécdotas que “La Persona Deprimida” comparte, algunas más dolorosas, otras incluso cómicas en su grado de patetismo, como la que relata sobre un mediador profesional en el divorcio de sus padres que cobra 150 dólares la hora, la obra es un espejo hacia el público que lo confronta de manera directa. Con un lenguaje cuidado, extendido en sus oraciones, incluso a momentos repetitivo provocando un efecto casi hipnótico, el texto va llevando de la mano al escucha hacia sus propias reflexiones, lo obliga a hacerlo hacia el final, dejando una pregunta al aire que llevará a largas reflexiones de quienes se permitan emprender tan dura travesía. Un punto importante de notar es que en su traducción al teatro, “La Persona Deprimida” se realiza en voz de una mujer, poderosa decisión que contrapone la supuesta historia de violencia de género del autor.

“La persona deprimida soltó una risotada triste… forzada.”

Carolina Politi entra con una silla blanca que deja en la parte trasera del escenario. Se ubica en medio de un recuadro de luz, lugar de donde prácticamente no se moverá a lo largo de todo el monólogo. La economía de recursos es absoluta, la relación entre el teatro y el público será a través de la actoralidad. La dirección que el reconocido director argentino Daniel Veronese imprime a “La Persona Deprimida” es libre de toda parafernalia, apostando por que el texto y la capacidad interpretativa de la actriz es todo lo que se necesita. Es en esta decisión que cada palabra toma mayor peso, que los pocos movimientos de la silla son precisos, consiguiendo que la pregunta final al frente del escenario deje a los espectadores en silencio absoluto antes de ofrecer una merecida ovación.




“Le horrorizaba que era una carga tediosa para sus amigas.”

De pie, frente a todos, ella narra la historia de la persona deprimida. Su sonrisa es tensa, al igual que los movimientos constantes de sus manos que se retuercen. Su voz es apacible, invitante, pero a medida que pierde el control, resultado de los recuerdos dolorosos que se acumulan en su mente, su volumen va in crescendo mientras que la cuidada fachada de calma se resquebraja. “La Persona Deprimida” es una verdadera master class en contención emocional a cargo de Carolina Politi. Ya sea en su mirada, en sus pocos movimientos, en la forma de expresarse, Politi deja entrever el monumental torbellino de emociones conflictivas que trata de esconder el personaje, pero en ningún momento permitiéndose dejarse llevar por ellas. Es en este manejo de las riendas de un caballo desbocado que la actriz logra llevar el mensaje de la obra a los más profundos rincones de las mentes de quienes la escuchan.

“¿Qué clase de persona soy yo de verdad?”

¿Cómo se describe un vacío infinito? Esa pregunta que se plantea la persona deprimida me la hice yo muchas veces cuando mi madre, mis hermanos, o mi terapeuta me cuestionaban cómo me sentía mientras estaba sumido en la depresión a causa de la muerte de mi padre. Seis meses en cama, alimentación intravenosa, perder la capacidad de caminar fueron algunos de los síntomas que padecí durante un infierno. Sobreviví, lo superé, seguí adelante. Entiendo cuán afortunado soy, pues por cada uno que supera la depresión hay millones que siguen luchando contra ella día con día.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Persona Deprimida”

DRAMATURGIA: David Foster Wallace

DIRECCIÓN: Daniel Veronese

ACTÚAN: Carolina Politi

DÓNDE: Teatro El Milagro

DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 24 de abril.

COSTO: $300. Boletos disponibles en taquilla y en https://boletopolis.com/es/agrupacion/elmilagro

DURACIÓN: 50 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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