ÉRASE UNA VEZ EN EL CAMERINO

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Para quienes quieren ver una encantadora comedia romántica donde el teatro revelará toda la verdad, aunque duela.

ÉRASE UNA VEZ EN EL CAMERINO

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“El personaje está basado en ti.”

La obra ya terminó sobre el escenario. Los aplausos retumbaron y la actriz principal dio las gracias. Sin embargo, en el camerino, el verdadero drama está por comenzar con el fatídico reencuentro entre Celeste y Andrés. Una nueva obra de teatro y la promesa de una exitosa producción son la excusa, un personaje femenino inspirado en una diva será el detonante, más en los diálogos, entre improvisaciones y el poder de veto, se encuentra un mensaje por descifrar que un dramaturgo ya no puede ocultar. Esto es teatro. Ellos lo saben perfectamente. La línea entre verdad y fantasía está por desdibujarse, y en un te amo y en un final feliz las lágrimas se derramarán, las actuadas y las que te acaban.

“Esta obra captura lo mejor de ti.”

Inspirado por la vida y obra del dramaturgo y compositor inglés Noël Coward, “Érase una vez en el Camerino” es una comedia romántica que explora las formas en que una pareja procesa el término de una relación, las historias que se crean para poder seguir adelante, así como la posibilidad de un después aun cuando el telón ya ha bajado. Escrita por el norteamericano Michael John McGoldric, la obra también es una agridulce carta de amor al teatro, a la manera en que los artistas utilizan la ficción como mecanismo de defensa, al cómo a veces es más fácil crear un personaje que siempre diga los diálogos correctos antes de encarar una dura realidad.

“Está pésimo tu diálogo, señor dramaturgo publicado.”

El lenguaje con que Andrés y Celeste mejor se comunicaban cuando estaban juntos era el de la improvisación. Ahora que Andrés le ha confesado a Celeste que están a punto de producirle una nueva obra, una donde el personaje principal está inspirado en ella, la expareja usa este recurso actoral para, desde el humor, enfrentar verdades que les resultan incomodas, por decir lo menos. Al momento de acordar que la temperamental actriz leerá la nueva dramaturgia, con el derecho de vetarla si es que no la aprueba, el escritor dejará entrever sus verdaderas intenciones con una larga mirada, con una pausa dramática. “Érase una vez en el Camerino”

“Te está quedando precioso tu psicodrama.”

El primero punto a destacar en la dramaturgia de “Érase una vez en el Camerino” se encuentra en sus personajes y la relación entre ellos. Celeste y Andrés son personajes complejos, dignos representantes de las inseguridades, complejos, miedos, egos, genialidades e ingenios que conforman a una persona que ha decidido dedicar su vida al teatro. La relación que Michael John McGoldric crea entre ellos es el reflejo de cualquiera, de la de todos, es universal, tanto en la forma en que las parejas crean sus propios lenguajes, como en las mentiras que se cuentan para salir adelante. De ahí, se admira el mordaz sentido del humor con que la obra entremezcla guiños teatrales, ataques y seducciones, desplantes de una diva y escenas de impro que llevan a los protagonistas a un salón del viejo oeste, a altamar o a una clásica telenovela. Aun cuando haya elementos dentro de la historia que no terminan de sostenerse, principalmente las reglas que Andrés y Celeste crean para poder discutir la obra en cuestión, la trama engancha a su audiencia, provoca risas y levanta preguntas, todo antes de llegar a un final inesperado que dejará a más de uno en shock, helado, quizá hasta con una lágrima. La traducción y adaptación de Melissa Hallivis y José Ramón Berganza es sólida, entiende de teatro y de humor, aun cuando la historia la ubican, sin razón alguna, en un espacio ficticio que no termina de conectar.

“¿Tú crees que con una impro se arregla todo?”

La ficción comienza desde el momento de entrar al espacio donde sucede la representación. Se le avisa a los asistentes que la función ya comenzó y que deberemos de esperar en el camerino de Celeste. Esta fantasía se mantiene durante el intermedio, tiempo en que la audiencia ve el tiempo pasar, como Celeste entra y sale de personaje, se cambia de ropa, se prepara para una última confrontación con Andrés. Mientras que los encuentros entre Celeste y Andrés están asentados en el realismo, sus impros se trasladan al terreno de la caricatura, espacio en que el diseño de audio crea objetos de la nada para el absoluto asombro, deleite y carcajadas de los apenas veinte espectadores que caben por función.

“¿Esto no es vulnerarse?”

El reto detrás de llevar a escena “Érase una vez en el Camerino” radica en transitar entre los distintos géneros que opera la dramaturgia con éxito. Lo que en un principio se plantea como una comedia romántica ligera, de momento se convierte en una farsa desquiciada, para en un segundo volver a un simpático enfrentamiento entre examantes.  Esta trampa desarma al espectador hasta lanzarle un cubetazo de agua helada con un trago amargo de realidad que lleva la trama hasta sus últimas consecuencias. El trabajo de Fernando Villa como director logra el cometido a manos llenas, entiende cada una de las transiciones, desde el clown hasta un descarnado realismo, a partir de diálogos en ráfaga o en largas pausas llenas de todo lo que no se atreven a confesar, para transformar la obra en una experiencia íntima y a la vez disruptiva. A pesar de una falta de atención a los detalles en términos del uso de la utilería, la puesta en escena es un deleite de experimentar, especialmente destacando el meticuloso trabajo de concepto sonoro diseñado por Alejandro García quien, en conjunto con el elenco, crea universos hilarantes desde la imaginación que desata el audio.

“Escribí esta obra para entenderte, para entendernos.”

Celeste es aguerrida, siempre con una respuesta lista en la punta de la lengua, con fuego en la mirada, aun cuando sea capaz de vulnerarse, según ella, mientras avienta flores a quien la ofende. Al momento de improvisar, ella se convierte en una caricatura digna de Looney Tunes, ya sea como un personaje en un western o como una mujer que no entiende nada de billar o de ciencias. Por su parte, Andrés se presenta como un hombre agachado, casi un pusilánime, como alguien que busca pasar desapercibido, que habla con el corazón en la manga. Sus improvisaciones son divertidas, aunque no alcanzan los niveles de ridiculez a los que llega su compañera de escena.

“Yo me deformé para estar contigo.”

El elenco de “Érase una vez en el Camerino” está conformado por Melissa Hallivis y José Ramón Berganza. La complicidad entre ellos es evidente, desarrollan una química que permite creer de lleno su relación, una que carga a sus espaldas toda una historia. A nivel individual, Hallivis saca a relucir todas sus capacidades para la comedia y la farsa, es capaz de provocar carcajadas con el simple enunciar la palabra bastarda, se entrega con fiereza a su personaje, aun cuando a momentos la afectación del personaje se desborde. Por su lado, Berganza opera mejor desde la fractura, con una creación de personaje admirable, quizá uno de los más redondos a la fecha, a pesar de que no se presta de lleno a lo bufonesco como lo hace su compañera de escena. La coreografía corporal que ambos manejan para estar en coordinación con el audio, durante las escenas de impro, es digno de una ovación, trabajo que revela el nivel de compromiso que ambos tienen con la propuesta.

“Vamos a darnos un final feliz.”

La única diferencia entre el resto de la humanidad y los bichos raros que le hemos dedicado nuestro existir a las artes escénicas es que, muchas veces, nos resulta infinita y desgarradoramente más fácil habitar en la historia que hemos creado en nuestra mente que en la realidad. Las ficciones que nos contamos para seguir adelante, los personajes a los que damos vida para poder sobrellevar situaciones que nos desagradan, los diálogos correctos que decimos cuando nos enfrentamos a personas que nos alteran son muy reales en nuestra mente. El problema es que esto no es teatro, es la vida real.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Érase una Vez en el Camerino

DRAMATURGIA: Michael John McGoldrick

TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN: Melissa Hallivis y José Ramón Berganza

DIRECCIÓN: Fernando Villa

ELENCO: Melissa Hallivis y José Ramón Berganza

DÓNDE: Ubicación secreta en San Ángel, CDMX.

CUÁNDO: Jueves 20:30 horas. Hasta el 19 de Diciembre 2026

COSTO: $600. Boletos en Érase Una Vez en el Camerino | Boletia

DURACIÓN: 80 minutos con un intermedio de 15 minutos.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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