FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
LA CÁPSULA
Para quienes desean explorar las relaciones filiales y el derecho a la muerte desde un conmovedor y potente unipersonal.
LA CÁPSULA

“En breve les voy a platicar lo que mi padre realizó un día como hoy.”
Papá quiere ir a Canadá, desea emprender lo que podría ser la más importante travesía de su vida: la última. Entre ataques de tos porque sí y porque también, y caminar lentamente mientras arrastra sus chanclitas por el piso, el ya anciano hombre deberá negociar con su hijo un último deseo, tendrá que pelear por su dignidad. Al mismo tiempo, un hombre que se niega a usar cinturón y que se identifica como mediocre deberá encontrar la paz en sus recuerdos, en toda una vida buscando el orgullo de quien nunca lo salvó del agua, para permitirle a su padre realizar un discreto acto de heroísmo antes de despegar.
“Yo sólo quiero compartir esta experiencia sintiéndome un poco menos solo.”
El derecho de las personas a decidir sobre su propia muerte, la eutanasia y el suicidio asistido son temas delicados dentro de un debate ético que se reabrió en el año 2024 a partir del uso por primera vez en Suiza de la Capsula Sarco. Este dispositivo, diseñado por el humanista australiano Philip Nitschke, es un sarcófago extraíble montado sobre una base que inyecta nitrógeno al interior y que ayuda a una persona a morir al entrar voluntariamente. Este polémico aparato sirve como inspiración para “La Cápsula”, un unipersonal donde el dramaturgo español y residente de Buenos Aires Diego Casado Rubio, utiliza como detonante dicha máquina, y el deseo de un hombre agobiado por el peso de la edad por usarla, para abordar el complejo tema de las relaciones entre padres e hijos.
“¿La cobardía puede ser un acto de heroísmo?”
Luego de enterarse de los macabros planes de su padre para ir a Canadá con el propósito de terminar con su propia vida, aventura para la que va a requerir asistencia de su propio hijo, este último enumera con coraje toda una serie de razones por las cuales no piensa ser parte de tan descabellada idea. Entre recuerdos de infancia y una canción de piano que no cesa de sonar, enfrentamientos con la pérdida de su madre y la forma con que su padre ha dejado el pasado atrás, en medio de obsesiones y compulsiones que atormentan la mente de uno, y los nombre que el otro le ha puesto a sus dolencias físicas, dos generaciones tienen que alcanzar un punto medio donde la comunicación sea sincera y real, donde haya espacio para el perdón y el entendimiento, una zona de paz donde el usar un cinturón arriba del ombligo no sea motivo de conflicto.
“Si me dices sonríe, entiende que no voy a poder.”
Más allá del muy interesante discurso que “La Cápsula” desarrolla alrededor del derecho de una persona para decidir sobre su propia muerte, sobre todo en aquellas de la tercera edad y cuyos cuerpos ya les están traicionando, la construcción dramática en el unipersonal funciona como un melodrama cuidadosamente diseñado para que el espectador se vea reflejado, ya sea como padre o como hijo de alguien. La búsqueda de la aceptación o del cariño de un padre, la necesidad de un progenitor por que se le respeten sus decisiones, aun cuando vayan en contra de los principios del otro, el desear que papá diga estoy orgulloso de ti, todos estos elementos se entretejen cuidadosamente en un texto cuya premisa ciertamente se establece, aclara e incluso se resuelve en corto tiempo, pero de la que el público se apropia en la universalidad que el dramaturgo alcanza al entender que todos nos convertimos, consciente o inconscientemente, en una versión alterna de quienes nos dieron la vida.
“Quiero morirme bien.”
En un espacio reducido enmarcado por tres paneles altos de madera, mismo que podría entenderse como el interior de una capsula o incluso un ataúd, el hijo habla con su padre, este último representado por un banco de piano puesto al centro del lugar. La forma en que papá y mamá se conocieron se realiza con los dedos de la mano sobre el banco mencionado, mientras que la presencia de una mujer en forma de pera se realiza con la aparición de un vestido rojo que alguna vez perteneció a mamá. Nieve que cae al fondo, y una tonada melancólica al piano jalan con delicadeza hilos en el corazón de la audiencia, quien no puede evitar conmoverse y conectar con la historia.
“Esta es la historia más difícil que te voy a contar hijo.”
La dirección de Diego del Río apuesta por un montaje elegante, libre de toda parafernalia, siendo los pocos elementos de utilería efectivos para acentuar el melodrama, como cuando aparece un barquito de papel con una fotografía montada en él. La escenografía e iluminación de Emilio Zurita, así como la música original y diseño sonoro de Andrés Penella apoyan plenamente la propuesta, misma que se puede percibir como manipuladora en la mejor manera. Diego del Río entiende cabalmente el manejo emocional de una puesta en escena, habilidad que en “La Cápsula” explota con fineza, como una mano que delicadamente toca las teclas de un piano.
“Tú vas a querer que yo esté muerto.”
Al inicio de la obra, el hijo entra temerosamente a escena. Se sienta dando la espalda al público, para después repetir la misma frase tres veces, cada una de ellas proyectando una emoción completamente distinta, desde el profundo dolor hasta un coraje contenido. El temblor de sus manos, la forma en que se le nubla la mirada mientras comparte alguna anécdota relacionada con papá, o la ira que deja escapar cuando se niega a cumplir la última voluntad de quien le dio la vida, son características esenciales del narrador, mismas que se contrastan cuando interpreta a su propio padre o a una mujer misteriosa.
“¡Papá, sálvame!”
En absoluta congruencia con la propuesta de dirección, la interpretación de Ignacio Riva Palacio en “La Cápsula” es contenida y delicada, llena de pequeños matices en vez de grandes aspavientos, mostrando toda una gama de emociones con un simple cambio de postura corporal o con una mirada perdida. Sin embargo, al momento de liberar todo aquello que lleva una vida callando, cuando es momento de exigir salvación de aguas peligrosas o el mero cariño que se encierra en un abrazo, Riva Palacio libera energía a manos llenas, todo realizado desde la entraña, desde una fractura emocional verdadera, honesta y capaz de conmover hasta la última butaca.
“Un día voy a ser tan grande como tú.”
No tuve la fortuna de ver envejecer a mi padre ya que él murió a los 43 años de un ataque cardiaco. Su ausencia me ha marcado profundamente, la edad de su muerte se convirtió en una maldición en mi existencia durante gran parte de mi vida. Nunca me vio convertirme en el hombre que soy, y nunca sabré si se habría sentido orgullos de este gay crítico teatral que usa faldas y se pinta las uñas. Sin embargo, siempre tendré su amor en mi corazón, los besos que me daba los domingos en la mañana, la manera en que siempre me apoyó, no queriendo ir al futbol y pidiéndole que me llevara mejor a la ópera. Es en esos recuerdos en los que me baso para pensar que siempre me habría visto con orgullo, no importa lo que sucediera.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: La Cápsula
DRAMATURGIA: Diego Casado Rubio
ADAPTACIÓN: Diego del Río e Ignacio Riva Palacio
DIRECCIÓN: Diego del Río
ELENCO: Ignacio Riva Palacio
DÓNDE: Foro Shakespeare
DIRECCIÓN: Zamora 9, Colonia Condesa.
CUÁNDO: Viernes y Sábado 20:30 horas. Hasta el 19 de Diciembre 2026
COSTO: $400. Boletos en taquilla y Boletos | LA CÁPSULA | SHKSPR & CÍA




