EN LA TIERRA DE LOS CORDEROS

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Para quienes desean enfrentarse a las bestias más feroces que el bullying escolar es capaz de liberar.

EN LA TIERRA DE LOS CORDEROS

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Yo no quería que las cosas salieran así.”

Antes de que las cosas se salieran de control, de que los demonios que llevan dentro se liberaran por completo, de que la sangre corriera por el suelo, tres jóvenes estudiantes no dejaban de repetirse una y otra vez que esto no era más que un juego. Sin embargo, en lo más profundo de cada uno de ellos, sabían que nada de esto iba a tener un buen final. La mosca les dañó por demasiado tiempo, las heridas que infligió cruzaron la raya, y ahora es hora de que un oso, un tigre y un cordero que se niega a ser rata cobren justicia con sabor a venganza.

“¿Vas a matar a la mosca?”

La violencia escolar entre compañeros de clase, conocida comúnmente como bullying, es un fenómeno social que demuestra la cruel naturaleza que reside en los seres humanos. La manera en que niños y adolescentes expresan traumas, miedos, inseguridades y psicopatías diversas, todo ello generado por el entorno, a través de atacar a quienes perciben como más débiles tiene el potencial de generar consecuencias trágicas, ya sea el suicidio de sus víctimas, hasta que tres adolescentes planeen un secuestro en contra de su agresor, situación que funciona como la base de “En la Tierra de los Corderos” del dramaturgo mexicano Alexis Casas Eleno.

“Las víctimas siempre tenemos las de perder.”

Aparte de tener que lidiar con los constantes ataques de René en la escuela, el ambiente familiar de cada una de las víctimas es tóxico, asfixiante, violento e incluso francamente perturbador. Alcoholismo, sobreprotección asfixiante, abusos, duelo y sexualidad se combinan para que Carmen, Ulises y Sandra decidan que no sólo van a castigar a René, van a cobrar factura contra una vida que les ha jugado en contra. Ya encerrados todes en una casa solitaria, con máscaras en la cara, no sólo para ocultar quienes son, sino para asumir un alter ego lleno de rabia que liberar, las líneas entre el bien y el mal se difuminan, sacando a flote lo peor de cada uno hasta culminar en sangre que limpiar.

“A Dios no le importa lo que estamos haciendo.”

La forma en que Alexis Casas Eleno aborda el tema del bullying escolar, con una premisa que deja en claro que la violencia no se resuelve con más violencia, ampliando el discurso para hablar de la naturaleza inherentemente bestial del ser humano, y para hacer una crítica en torno a ambientes sociales, familiares y escolares propicios para marcar a juventudes vulnerables al punto de cicatrizar la psique de por vida, son algunos de los factores que llevan “En la Tierra de los Corderos” a la contundencia. A través de personajes complejos, capturar la angustia adolescente y diálogos tanto realistas como líricos, la dramaturgia plantea la necesidad de tomar control de la propia existencia, aunque en esta historia sea con consecuencias fatídicas.

“Lo vamos a dejar vivo, ¿verdad?”

René es una figura sin cara, cobra vida cuando uno de los miembros del elenco se cubre la cara con la capucha de la sudadera que llevan puesta, su voz es la de una armónica, su música sirve para representar sus amenazas, sus gritos de terror, o el sonido que emite un escupitajo. El secuestro se lleva a cabo en la oscuridad, la única fuente de luz es una lámpara que sostiene uno de los intérpretes, misma que se oculta o revela de manera intermitente, creando una atmósfera de tensión y angustia. Las víctimas no tienen rostro, podrían ser Sandra, Ulises y Carmen, o cualquiera de nosotres, ya que portan una especie de pasamontañas de tela color claro, mismo que es oculto cuando se ponen encima máscaras de cartón representando al animal que usan como nombre clave.

“Somos animales peligrosos.”

La dirección escénica de “En la Tierra de los Corderos” está a cargo del también actor e iluminador Brian Smythe Mendoza. A través de la luz, de una lámpara en lo alto que va y viene para representar un cuerpo suspendido, de manipular las sombras para reflejar angustia o rabia, Smythe Mendoza encuentra un lenguaje escénico potente que acentúa y fortalece la dramaturgia, generando angustia e incentivando la tensión dramática. Igualmente sólido es el manejo de vestuario, principalmente al tomar la decisión de despersonalizar a los personajes principales, al deshumanizar al victimario y convertirlo en un símbolo que cobra vida desde el chirriante sonido de una armónica o de una simple silla. Ciertamente, la incesante musicalización que pasa de ambientación a distractor, así como la falta de respeto de las convenciones en todo momento son áreas de oportunidad que la puesta en escena tiene. No obstante, la propuesta escénica, a nivel tonal, ritmo, iluminación y vestuario permiten que el montaje se convierta en una experiencia contundente para el espectador.

“Tengo miedo de mí, de lo que tengo dentro.”

La mirada desorbitada de Ulises, la ferocidad y agresividad con la que se expresa con sus compañeras de secuestro, son emociones a la par del miedo que expresa Carmen, la inseguridad que deja escapar ante lo que están a punto de cometer, temores que sólo es capaz de acallar a través del rezo. En medio de los dos, Sandra es una fuerza que pareciera más contenida, claro, esto hasta que se encuentra sola con su violentador. Entre cuchicheos que apenas se escuchan a escasos metros de distancia y un movimiento coreográfico entre intérpretes que emula la intensidad de sus emociones, mismo que culmina con un simple enfrentamiento de animales cabeza con cabeza, una atmósfera llena de peligro se crea.

“En resumen los tres soñamos con sangre.”

A nivel actoral, el trabajo que realizan Noemí Mendiola, Josselyn Palacios y Brian Smythe Mendoza para dar vida a los personajes de “En la Tierra de los Corderos” es comprometido, tanto a nivel corporal como emocional. A pesar de un manejo de proyección vocal empobrecido, mismo que imposibilita el escuchar ciertos diálogos durante toda la obra, la manera en que llevan a cabo toda una serie de coreografías complejas, y la capacidad que despliegan para operar desde emociones crudas y descarnadas permiten que la historia suceda con gran fuerza.

“Sólo estábamos jugando.”

Cuando entré a la secundaria en una nueva escuela donde no conocía a nadie, mi papá acababa de morir, me estaba descubriendo como homosexual, al mismo tiempo que estaba lidiando con mi obesidad y una depresión profunda. En pocas palabras, era carne de cañón para el bullying escolar. La impotencia que sentía antes las burlas por mi peso o por mi forma de caminar, la rabia que me inundaba ante aquellos que se expresaban de mí con palabras como joto, manteca con patas, cerdo. marica, o p**o era inmensa, lo suficientemente potente para, de haber tenido la oportunidad, ponerme una máscara de tigre y liberar mi feral furia. El acoso y abuso escolar no es justificable ni permisible, nunca es un juego o una broma, lo dice alguien que fue víctima y que hoy escribe con orgullo su supervivencia.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: En la Tierra de los Corderos

DRAMATURGIA: Alexis Casas Eleno

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: Brian Smythe Mendoza

ELENCO: Noemí Mendiola, Josselyn Palacios y Brian Smythe Mendoza

DÓNDE: Foro A Poco No

DIRECCIÓN: República de Cuba 49, Centro Histórico

DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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