FOTOGRAFÍAS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
VIOLETA
Para quienes entienden que la libertad sólo puede llegar cuando se es capaz de soltar las heridas y secretos del pasado.
VIOLETA

“Hace 22 años que me fui, pero parece como si me hubiera ido ayer.”
El toro ha muerto. A pesar de que nadie lloró su partida, su funeral ha conmocionado a todos en la familia, a toda una comunidad que prefiere no remover la tierra, que en un silencio lleno de complicidad encuentra una peligrosa calma. Esto principalmente debido a que la hija pródiga ha vuelto al pueblo luego de más de veinte años de ausencia para confrontar heridas que parecieran imposibles de sanar, para hacer preguntas que nadie quiere contestar, para confrontar a un minotauro con su propia ira y, en ello, encontrar la fuerza para seguir con el resto de su propia vida.
“Nadie le llora al difunto.”
Los secretos que se guardan, no sólo en las familias, sino en comunidades enteras, así como la manera en que las violencias del pasado determinan el presente si no se enfrentan y se sanan, son temáticas angulares en la trama de “Violeta”, la más reciente dramaturgia del creador escénico Luis Eduardo Yee. A partir de la muerte de un patriarca, y el regreso del personaje titular a su pueblo natal luego de haber migrado a los Estados Unidos en busca de una vida mejor, la anécdota construye un melodrama rural donde revelaciones familiares remueven heridas que se pensaban cicatrizadas, la culpabilidad revela una controversial herencia, y el revisar un celular ajeno esconde agresiones mucho más profundas.
“Tener cosas no quiere decir que te vaya bien.”
A su regreso al pueblo para el funeral de su padre, Violeta se encuentra con los reclamos de su madre por su ausencia de más de dos décadas, con un hermano que no le permite pregunta alguna en torno a la forma en que se gana la vida, hasta con un documento en posesión de un primo, que resulta ser el presidente municipal, y que podría cambiarlo todo. A esto se suma una pareja celosa en Estados Unidos, un niño con problemas de movilidad y bullying, y una vida que se revela en la mirada de la protagonista. Todas estas situaciones suceden bajo la mirada de dos narradores con velos y cuernos en la cabeza, encargados de comentar y explicar lo que sucede en escena.
“Mi papá dice que por acá andan matando mucho.”
La construcción dramática de “Violeta” funciona como un melodrama exacerbado que engancha a su audiencia a partir de una anécdota llena de revelaciones y giros de tuerca, y al desarrollar un camino de sanación y liberación para la protagonista a pesar de múltiples adversidades. Sin embargo, en abrir demasiadas líneas narrativas, en presentar personajes que no se llegan a desarrollar lo suficientemente para ser tridimensionales, y en usar el recurso de narradores para ilustrar de manera lírica lo que ya quedó más que establecido en escena, la dramaturgia no alcanza a ser lo suficientemente profunda, flota mucho más en la superficie de las tantas problemáticas que aborda. La obra entretiene sin duda, y mucho, se beneficia por un personaje protagonista mucho más complejo que todos los demás que la rodean, pero no alcanza a ahondar en problemáticas muy reales que aquejan al país hoy en día.
“Somos los primeros de la familia que las manos no nos huelen a mierda.”
El escenario es una colina de dos pisos, que crea la ilusión del mundo rural donde sucede la obra. A nivel piso suceden las escenas entre Violeta y su pareja David en Estados Unidos, momentos que revelan la forma en que la protagonista convive con una violencia normalizada en su día a día; el siguiente nivel es el pueblo natal de Violeta, lugar en que se encuentra con un niño discapacitado con una sabiduría muy por encima de su edad, que funciona como cementerio y como un espacio onírico en el que confrontará a sus peores pesadillas; la cima de la escenografía es la casa familiar, donde habita su mamá Dominga, hogar marcado por la presencia de dos grandes lajas de piedra que parecieran haberse partido por la mitad. Cuando Violeta sueña con sus quince años, cuando está frente a la tumba de quien más la dañó, el realismo se pone de lado para crear potentes imágenes donde un vestido blanco esconde entre sus olanes violencias innombrables, donde criaturas mitológicas caminan entre los mortales como monstruos que deben ser vencidos.
“¡Tú lo defendiste!”
Estéticamente, “Violeta” se beneficia por el diseño de escenografía y utilería de Natailia Sedano, así como de la iluminación de Patricia Gutiérrez Arriaga, y la música original por parte de Álvaro Emiliano López Reyes, todos ellos bajo la batuta de la directora Paula Watson, quien crea un ambiente rural místico y crudo, mágico y sórdido a la vez, desolador como el sentir de la protagonista. Tonalmente, Watson entiende cabalmente el melodrama al que se enfrenta, por ende exacerba las emociones de los personajes cuando es pertinente, crea intimidad en otras escenas, especialmente cuando madre e hija se confiesan, e incluso llega a crear momentos de corte dantesco en el que bestias y humanos se ven cara a cara. Sin embargo, en el manejo de las figuras místicas/narradores en escena, el movimiento corporal de dichos personajes revela más de lo que debería, dejando en evidencia uno de los secretos clave dentro de la trama. El manejo de niveles gracias a la escenografía, de sombras y luz, y el aprovechar sutilmente los pocos elementos de utilería, como lo es una muñeca en manos de Dominga, revelan el crecimiento que Paula Watson está teniendo como directora de escena.
“Ni modo manita, son cosas de la vida.”
La ira de Violeta la convierte en un bestia feral que remueve la tierra del suelo con sus pezuñas antes del ataque, en una mujer que levanta sus manos a manera de letales banderillas cuando el toro que la ha atormentado toda su vida ya no tiene poder de lastimarla. En la calma con que Dominga se trenza el cabello mientras cuenta sobre la terrible muerte de una persona querida, se revela una mujer acostumbrada a una vida dura, a callar lo que no debe mencionarse, a una madre que no tiene empacho en aventarle a la cara a su hija su abandono, siendo que ella fue una pieza integral para que se fuera. Lo que en un principio se presenta como un hombre de rancho contento de reencontrarse con la hermana que se fue hace años al gabacho, en poco tiempo se revela como un iracundo villano sin miedo a desenfundar cuando las cosas no salen como él quiere.
“Creo que quiero decirte que te odio.”
Al frente del elenco de “Violeta” se encuentra Teté Espinoza, quien entrega una actuación balanceada, entre lo contenido y lo descarnado, operando desde la entraña para romperse por completo en llanto durante una pesadilla, convirtiéndose en una toro lista para liberar toda su ira contenida, o meramente siendo una niña que quisiera el amor de su madre cuando esta la critica por hablar en otro idioma. Es la verdad con que interpreta Espinoza al personaje titular que lleva a que el melodrama funcione cabalmente durante toda la obra. A su lado, el resto del elenco conformado por Mayra Sérbulo, Luis Eduardo Yee, Cuauhtli Jiménez y Matías Urbina realizan interpretaciones igualmente valiosas, ya sea como una típica matriarca de pueblo en el caso de Sérbulo, como un macho egoísta plagado de inseguridades por parte de Jiménez, o tomando el rol de un malandro iracundo y lleno de rencor por su hermana como lo hace Yee. Sin duda, la actuación del niño Matías Urbina merece un aparte para celebrar su capacidad para proyectar realismo a tan corta edad.
“Las cosas que te pasan, ‘¿las puedes arreglar?”
Uno puede haber terminado con el pasado, pero el pasado no ha terminado con uno. Esta frase de la película “Magnolia” de Paul Thomas Anderson me ha perseguido durante toda mi vida, filosofía o condena que siempre me recuerda que la felicidad del presente, y la capacidad de mantenerla en el futuro, depende en gran medida de poder estar en paz con las heridas sucedidas cuando éramos niños o adolescentes, con las violencias que otros nos infligieron sin saber que esos actos nos atormentarían por el resto de nuestras vidas. “Violeta”, obra y personaje, son un camino de liberación y perdón, de sanación y esperanza para todos aquellos que aun somos definidos por lo que se nos hizo, por los patrones tóxicos que repetimos sin darnos cuenta, por ese minotauro que nos ha atormentado y que debemos enterrar en el infierno que merece.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Violeta
IDEA ORIGINAL Y DRAMATURGIA: Luis Eduardo Yee
DIRECCIÓN: Paula Watson
ELENCO: Teté Espinoza, Mayra Sérbulo, Luis Eduardo Yee, Cuauhtli Jiménez y Matías Urbina
DÓNDE: Teatro El Milagro
DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.
CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, sábado 19:00 y domingo 18:00 horas. Hasta el 4 de octubre 2026
COSTO: $350. Boletos en taquilla y en Violeta – Boletópolis Aplica descuentos
DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio




