EL SILENCIO DE JÚPITER

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Un amor adolescente se convierte en cristales que salen de los ojos para cortar el rostro a causa del bullying.

EL SILENCIO DE JÚPITER

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

La exploración espacial de Ash, un adolescente en su último año de secundaria, se ha enfocado en conquistar a Júpiter, una compañera de salón que nunca ha visto nevar, y que le ha robado por completo su corazón. Con ayuda de su propulsor, lo que otros verían como su mochila, el joven vuela por el difícil espacio de la escuela, tratando de evitar chocar con esos agresivos satélites que buscan atacarle. Todo parecía ir bien para el joven astronauta, una tarjeta de San Valentín podría ser una chispa de esperanza. Sin embargo, todo terminó en un hoyo negro. Su error trágico, aquel que convertiría su amor en un inmenso dolor: alzar la voz y decir que no quería jugar futbol. Ese sería el inicio de la violencia, de los múltiples ataques, de una vida perdida.

La violencia en las escuelas generada por los mismos alumnos, la ceguera ante tan grave problema por muchos de los adultos alrededor de dicha problemática, y el constante avergonzamiento hacia mujeres en torno a su sexualidad son algunos de los temas que el autor y director Brian Smythe Mendoza aborda en “El Silencio de Júpiter”. Estructurada como un monólogo contado a dos voces, haciendo uso de la narraturgia como herramienta para contar la anécdota, y adoptando el melodrama como género para capturar el adolecer de un chico sensible insertado en el muy agresivo ambiente que puede ser una secundaria, la dramaturgia apela a jóvenes audiencias, a sensibilizarles y abrir discusiones en torno al bullying, sin por ello caer en lo discursivo, panfletario o aleccionador. Muy al contrario, la obra dialoga directamente con la audiencia a partir de conectar emocionalmente con el personaje principal, de empatizar con sus conflictos y, finalmente, sentir su dolor como propio ante la barbarie que es capaz de orillar a la muerte de alguien cuya vida apenas comenzaba.




Al centro del escenario lo único que se encuentra es una mesa con leds dispuestos en su superficie, la audiencia sentada alrededor de este íntimo dispositivo. Los actores Tristian Zavala y Raymundo Rodríguez visten un uniforme escolar idéntico, en sus espaldas cada uno carga una mochila que ha sido intervenida con luces led que cambian de color para identificar a quién interpretan: azul para Ash, rojo para alguno de los tres compañeros de escuela agresores, o verde para el resto de los personajes secundarios. La música que acompaña la puesta en escena es un reflejo del pensar de Ash, electrónica en su naturaleza para dar esta sensación espacial en la que habita la mente del protagonista.

La escenificación de “El Silencio de Júpiter” apuesta por un montaje minimalista, una puesta en escena que podría presentarse en cualquier espacio, incluso salones de clases, lugar idóneo para dialogar con la audiencia principal de la obra. Sin embargo, esta economía de recursos despliega un destacable reimaginar de los objetos para crear toda una semiótica que hermana el lenguaje espacial de Ash con símbolos que son perfectamente asequibles por la audiencia para enfatizar la contundencia del mensaje que se busca transmitir. Esto se consigue gracias a todo un equipo de trabajo que consigue traducir la visión a escena, incluyendo a Noe Martell en la música original, Mariarosario Mercado en el vestuario y Miguel Mercado en la escenografía.

Tristian Zavala y Raymundo Rodríguez transitan de un personaje a otro con la misma facilidad con la que cambia la luz en sus mochilas. Frágil en un momento, violento en otro; aterrado por su vida, o blandiendo una navaja dispuesto a matar, cada uno de los dos actantes pasa de ser violentados a violentado con un simple cambio en la gesticulación o en la mirada, en ningún momento cayendo en el fácil camino de la caricatura o la exacerbación emocional. Esto se percibe claramente hacia el final de la obra, cuando la peor noticia imaginable llega a oídos de Ash, dolor acentuado por el descubrimiento de una carta en el bolsillo de su pantalón. De una absoluta incredulidad que paraliza su cuerpo y le desorbita la mirada, el espectador es testigo de cómo el personaje poco a poco se desencaja hasta colapsar por completo en lágrimas. Toda esta complicada escena es operada desde la entraña, desde una fractura verdadera, desde la vorágine emocional que habita naturalmente en la adolescencia.




Desde el drama que implica encontrar una gota de orina en el pantalón, hasta el terror que se siente al pensar que se puede perder la vida, el trabajo actoral que realizan Tristian Zavala y Raymundo Rodríguez es loable, principalmente si se considera la corta edad de ambos. Capaces de la comedia a momentos, el simple cerrar de una puerta imaginaria de un vocho 78 motivo de carcajadas entre los espectadores, o capaces de sacar a relucir su vulnerabilidad como se ve en su temblar antes de entrar a la oficina del director de la escuela, ambos actores operan desde la verdad, más cada uno apropiándose del personaje a su propia manera. Es en esta individualidad de interpretación, en sacar a relucir sus propias fortalezas dentro de un mismo personaje, que la propuesta brilla con su mayar fuerza.

“El Silencio de Júpiter” de la compañía LABAT, y representante del Estado de Durango, se presentó en el Foro de Arte y Cultura el sábado 18 de Noviembre de 2023 dentro de la 43 Muestra Nacional de Teatro en la ciudad de Jalisco, Guadalajara.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: El Silencio de Júpiter

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Brian Smythe Mendoza

ELENCO: Tristian Zavala y Raymundo Rodríguez.

DÓNDE: Foro de Arte y Cultura

DURACIÓN: 55 minutos

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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