BLUE ROOM

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Para quienes entienden que el amor, el deseo y el sexo son parte de una infinita serie de encuentros carnales.

BLUE ROOM

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Siento que es de muy mal gusto hacer el amor en un lugar que no sea una cama.”

En la recamara de un adolescente, una mujer casada decide tomar el control de la situación para que todos terminen satisfechos; en el departamento de un pretencioso dramaturgo, una modelo necesitada de drogas no está muy segura de con quien exactamente se acaba de acostar; libre de toda pretensión clasista, un aristócrata despierta en la cama de una chica que dibuja muy bien entre atender a sus clientes. Diez encuentros, el mismo objetivo, la realidad de todos y cada uno de nosotros en un mundo dominado por lo que pasa entre las piernas cuando dos cuerpos se juntan, aunque nadie quiera aceptarlo.

“Si voy a tomar un riesgo, necesito saber si significa algo.”

Cuando Arthur Schnitzler escribió a finales del siglo XIX su obra Der Reigen, el dramaturgo nunca tuvo la intención de que fuera llevada al escenario dada la escandalosa naturaleza de su pieza alrededor de encuentros sexuales entre una multiplicidad de personajes. Sin embargo, cuando la obra se presentó, las consecuencias fueron claras y contundentes, como en el caso de un montaje en Alemania donde los actores fueron enjuiciados por actos de obscenidad, claro ejemplo del eterno tabú que el sexo ha tenido dentro de la sociedad. En la década de los noventa, el director Sam Mendes comisionó la dramaturgo inglés Davids Hare de realizar una adaptación de tan delicado material, una nueva versión que se adecuara a la última década del siglo XX. El resultado, “The Blue Room”, es una serie de diez escenas, cada una protagonizada por un hombre y una mujer, ambos encarnando a una nana, un aristócrata, un taxista, una prostituta, una modelo, un dramaturgo, un estudiante, etc., cada uno de ellos involucrándose en una relación sexo/afectiva de variantes intensidades e índoles.




“Nadie tiene la libertad de destruir la felicidad de otra persona.”

La nana coquetea intensamente con el estudiante antes de ser recordada de su posición social; la mujer casada rememora con su esposo el político sobre un viaje a Venecia; una modelo es seducida de manera casi ridícula por un dramaturgo, quien por su parte será manipulado por una actriz, quien después tomará lo que gusta de un aristócrata. Entre algunas escenas, se realizan disertaciones sobre la sexualidad, la historia de la obra y la adicción que se tiene actualmente con las pantallas de los celulares. “Blue Room”, traducida y adaptada con buena pluma por Paula Zelaya Cervantes, sigue siendo una dramaturgia igual de relevante y urgente en pleno siglo XXI como lo fue cuando la protagonizó Nicole Kidman en Broadway. No obstante, una dosis de metateatralidad innecesariamente explicativa, y de condescendencia moralina sobre el espectador es añadida por Anacarsis Ramos a la dramaturgia al insertar tres mini-escenas entre los encuentros, siendo la última un llamado al público a la reflexión, hecho que las palabras de David Hare ya lograban por sí solas. Una vez dicho esto, el resultado es potente, divertido en muchos momentos, patético y perturbador en otros, impactante en su totalidad.

“Estás pensando en tener una aventura conmigo.”

La obra comienza con la chica fumando un cigarro, recargada contra una pared azul. Tras un breve encuentro con un taxista, se dirigen hacia un punto de encuentro, espacio oscuro y sórdido que se revela cuando todo el escenario gira. Lo que era una vivienda modesta iluminada por un solo foco, ahora es la cocina de una casa adinerada; con un nuevo giro del escenario y un reacomodo de las piezas, el lugar es el camerino de una actriz, una cabaña en el bosque, la recamara de un adolescente, toda una plétora de espacios donde el sexo es el común denominador. Apoyado por un complejo, pero muy eficiente espacio escenográfico diseñado por Jorge Ballina, el director Diego del Río aborda “Blue Room” desde la actoralidad, la intimidad, a partir de un juego de claroscuros donde la piel se podrá revelar en mayor o menor grado, dependiendo del riesgo que se asume en cada escena. De tal manera, la propuesta de Diego del Río es un tanto segura en la forma en que aborda tan delicado tema, más con lo suficiente necesario para iniciar conversaciones, discusiones y, quizás, una que otra incomodidad entre las butacas, todo dependiendo de los referentes sociales, morales y sexuales de cada asistente. Aunado a esto, es importante destacar una atmósfera meta-teatral que establece el director, tanto al no pretender ocultar los movimientos escénicos, los cambios de vestuario, y, principalmente, la presencia de Andrés Penella sobre el escenario, quien a manera de pesudo-narrador, anuncia cada escena y la duración de cada encuentro al mismo tiempo que se encarga de la musicalización en vivo.




“Saldrás de mi en forma de sudor antes que en forma de lágrimas.”

La nana con fuerte acento francés mueve sus manos con delicadeza por su cuerpo, mientras que la mujer casada es nerviosa en su llegada a la recamara de su joven amante, temerosa de lo que está a punto de suceder. Por un lado, el estudiante es casi ridículo en su inseguridad corporal, pidiendo ser reconfortado cuando su rendimiento en la cama no es el esperado; por el otro, el dramaturgo, con su muy afectado hablar, es arrogante y pomposo tanto en su tocar del piano o del cuerpo de la mujer que tiene a su lado. El éxito de “Blue Room” pende de la capacidad de creación de personajes distintivos, reales y honestos por parte de su elenco. En el caso de Naian González Norvind y Alfredo Gatica, quienes alternan funciones con Zuria Vega y Pierre Louis, cada uno de estos elementos antes mencionados está presente, dando como resultado 20 personajes claramente delineados, capaces de soltar sus pasiones, al mismo tiempo que provocan varias carcajadas entre los asistentes gracias a un fino manejo de la comedia.

“Hubiera sido lindo que sólo te hubiera besado los ojos.”

Soy un hombre homosexual de 47 años, por lo que no me avergüenza decir que he tenido mucho sexo en mi vida. Algunas veces ha sido con hombres de quien no conocía sus nombres, en otras con parejas a quienes he amado profundamente. De igual manera, no me parece escandaloso aceptar que algunos de esos encuentros sexuales han durado meros segundos, otros más de tres horas. En la medida en que seamos capaces de aceptar nuestra naturaleza sexual, hecho inherente del ser humano, libres de prejuicios, culpas, cargas morales o religiosas, podremos ser más libres y felices. Dejemos los tabús en el siglo pasado, aceptemos que somos seres sexuales… y que nos encanta.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Blue Room”

DRAMATURGIA: David Hare

DIRECCIÓN ACTORAL: Diego del Río

ELENCO: Zuria Vega, Naian González Norvind, Pierre Louis y Alfredo Gatica (alternando funciones).

DÓNDE: Teatro Virginia Fábregas

DIRECCIÓN: Velázquez de León 29, Colonia San Rafael.

CUÁNDO: Viernes 20:00, Sábado 17:00 y 19:30, Domingo 18:00 horas.

COSTO: $450. Boletos en taquilla o en Boletos para The Blue Room | Detalle de fechas para Obras de teatro | Ticketmaster MX

DURACIÓN: 130 minutos sin intermedio. Principio del formulario

DATOS ADICIONALES DEL TEATRO: Cuenta con valet parking.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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