QUE NO SE CULPE A NADIE DE MI MUERTE

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Para quienes quieren ser testigos de un divertidísimo suicidio.

QUE NO SE CULPE A NADIE DE MI MUERTE

Por Juan Carlos Araujo

Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)
 
“Hasta para irse de esta vida, hay que hacerlo con dignidad.”
 
La decisión está tomada y no hay marcha atrás: todo termina esta noche. Lo único que falta para dar ese paso final es definir el método y armarse de valor. El amoroso abrazo en el cuello de la soga, el calor de una bala penetrando el cráneo, la inmediatez del golpe que produce el metro al entrar en contacto con el cuerpo o la tranquilidad de unas píldoras con un exquisito trago de whiskey. Hoy día hay tantas y tantas opciones para quitarse la vida, que sólo hay que elegir una para dar fin a los constantes ataques de mamá, para acallar la voz de esa monja que aún la persigue, para no volver a lidiar con su hermana abraza árboles o con su abuela llena de odio hacia el mundo entero, para dejar de esperar a que suene el teléfono. Que no se culpe a nadie en específico, todos tienen la culpa.
 
“Para mí la estética, hasta en el último día, es indispensable.”

Humberto Robles es uno de los dramaturgos mexicanos más representados tanto en Latinoamérica como en Europa y Estados Unidos gracias, en parte, a que su producción teatral abarca toda una gama de géneros y temáticas que pueden ir desde una muy poderosa denuncia en contra de los feminicidios en Ciudad Juárez con “Mujeres de Arena” o un descarnado análisis sobre la represión sucedida en San Salvador Atenco en 2006 con “Mujeres sin Miedo: Todas somos Atenco”, hasta espectáculos hilarantes de cabaret como “Ni Princesas, ni Esclavas” y “Divorciadas” o una exquisita anti-pastorela como “Jesús, María y José José” (críticas en www.entretenia.com). En “Que no se Culpe a Nadie de mi Muerte”, Robles entremezcla lo serio con lo cómico, lo dramático con lo bufo e incluso lo ridículo, expone con una ácida mirada a los modelos familiares disfuncionales y a la necesidad por encontrar pareja para crear un espectáculo unipersonal de humor negro que divierte enormemente a partir de un tema por demás macabro.
 
“En mi muy particular caso opté por la opción Hollywoodense.”
 
Una de las características más marcadas dentro de la dramaturgia de Robles es  su capacidad para crear personajes femeninos con una personalidad tal que logran conectar casi de inmediato con el público a través de monólogos donde exponen su realidad, problemática o malestar. “Que no se Culpe a Nadie de mi Muerte” presenta a una suicida desesperada, cansada de su propio existir, dominada por las demás mujeres en su vida y completamente desilusionada con sus propios prospectos para encontrar el amor, marcado por una incesante espera a que suene el teléfono. Esta premisa, que podría desarrollarse perfectamente como melodrama, consigue constantemente arrancar verdaderas risotadas de todos los presentes gracias a la habilidad con que Robles se pitorrea de esta desgraciada mujer y sus planes para quitarse la vida a partir de exponer todas las razones que ameritan tal acción. Una madre histérica, obsesionada con su propia belleza y con una enorme resentimiento hacia sus hijas, una hermana alternativa, una abuela discriminadora, racista y clasista y una monja castrante son parte de los fantasmas que acechan la mente del personaje principal y que la orillarán a tomar una decisión final e irreversible. Insisto, todo esto podría sonar terrible y desgarrador de no ser por la  manera con que Robles ha decidido manejar el tema, con una buena dosis de ironía y sarcasmo, un tanto de sátira y muchísimo humor.
 
“Ya me imagino mi funeral.”
 
Andrés Tena es un joven director que demuestra su talento y visión escénica en “Que no se Culpe a Nadie de mi Muerte” al conseguir, con tan sólo un puñado de elementos, que la obra cobre mayor fuerza y sentido al mismo tiempo de que potencializa la comedia creada por Robles. Con un escenario verdaderamente reducido, al romper la cuarta pared a su antojo, a partir de utilizar un viejo baúl vintage y todos los objetos que guarda dentro, con un mínimo de recursos técnicos y un preciso manejo del tono de la obra -que incluso se llega a alejar de la comedia para caminar dentro de la farsa- Tena se revela como un juguetón manipulador de la escena y del texto, siempre en beneficio del espectador. Prueba contundente de este hecho es la vocal reacción que tiene el público asistente en el último segundo de la obra, producto de la exacta manera en que el director ha guiado el montaje desde su inicio para que el público reaccione exactamente como él lo desea.
 
“Tu vida resultó tan estéril como tu matriz.”
 
Uno de los mayores gozos que un crítico teatral puede tener es la oportunidad de ver a un artista crecer a medida que avanza su carrera. Valeria Vera, quien vuelve a trabajar con un texto de Humberto Robles, ha madurado enormemente como actriz desde aquel primer encuentro con su trabajo en “Oz, el Musical” (crítica en www.entretenia.com). Ahora, en “Que no se Culpe a Nadie de mi Muerte” Vera demuestra tener un mucho mayor rango actoral, un gran talento y amplia versatilidad como nunca antes se le había visto. En tan sólo sesenta minutos Valeria transita de una mujer aferrada a un teléfono, lista para matarse, a una abuela que cree que los nacos son la peor desgracia del mundo, a una hippie/hipster orgánica y natural, a una monja nada piadosa o a una mujer profundamente vanidosa e histérica. De verdad es un placer que la actriz vestida de bruja buena o de niña zonza en “Spelling Bee” ha evolucionado para posicionarse como una verdadera fuerza escénica que logra hipnotizar al público y arrancarle francas carcajadas a medida que avanza una obra que claramente es un reto muy difícil de interpretar.
 
“¡Llegó la hora de morir!”
 

Hace muchos años Humberto Robles me robó la respiración cuando no podía dejar de reír la primera vez que vi “Ni Princesas ni Esclavas”; no hace tanto Andrés Tena me robó un pedacito de mi alma cuando suspiré ante la belleza de su “Milenka” en MicroTeatro; desde el primer día en que Valeria Vera me sonrió desde el escenario me robó el corazón con su talento, su generosidad y su impactante personalidad. Estos tres ladrones de la escena se han conjuntado para crear un montaje sumamente divertido, profundo en su subtexto, ácido en su discurso y delicioso en su ejecución que bien merece ser visto y aplaudido por todos. El suicidio no es algo gracioso, las palabras de Robles lo son y mucho. Una mujer desilusionada con el amor es algo patético hasta que cae en manos de Andrés Tena. Toda una serie de personajes egoístas, lastimeros, ridículos, ignorantes y desesperados son dignos de repudio, lástima o conmiseración, hasta que Valeria Vera los vuelve una razón para aplaudir de pie. No esperen a que suene ese teléfono, déjenlo vayan al teatro, no se arrepentirán.

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Juan Carlos Araujo: entreteniateatro@gmail.com
Ricardo Castillo Cuevas: entreteniafoto@gmail.com

DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: “Que no se Culpe a Nadie de mi Muerte”
DRAMATURGIA: Humberto Robles
DIRECCIÓN: Andrés Tena
ACTÚA: Valeria Vera
DIRECCIÓN:Popocatépetl 25, esquina Ámsterdam. Colonia Condesa.
CUÁNDO: Viernes 26 de Diciembre y Sábado 27 de Diciembre 20:00 hrs.
COSTO: $160 entrada general.
DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio.
DATOS DEL TEATRO: El Bataclán es un teatro/cabaret en el interior del restaurant La Bodega. Les recomendamos llegar una hora antes de la función para que puedan tomar una copa o incluso cenar en el lugar.
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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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