LOMBRÍCES

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Para quienes quieren aplaudir a dos ancianas condenadas a matarse y a hacerse compañía.

LOMBRICES

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Es lindo existir.”

Entre puntadas de tejido y comer uno que otro Tin Larín, Martirio y Consuelo platican. Teorías de conspiración, marihuana y matrimonio entre personas del mismo sexo son algunos temas que discuten estas señoras de la tercera edad. Sin embargo, también hablan de sus pasados, sus amores o traiciones, de lo que sea mientras que afuera el mundo arde en llamas. En el interior de un departamento, dos ancianas están listas para confesar sus peores pecados, se matarán una y otra vez de maneras extravagantes, lo que sea con tal de pasar el tiempo en lo que el último aliento espera pacientemente a exhalar.

“¡Chocolate por la noticia!”

Las múltiples y extremas maneras en que dos mujeres mayores encuentran la manera de pasar el tiempo y acabar con su soledad es el eje sobre el que gira “Lombrices” del dramaturgo argentino Pablo Albarello. Haciendo uso de un ácido humor negro y con ciertos ecos a Esperando a Godot de Samuel Beckett en cuanto al tema de una espera que pareciera ser interminable, la obra es una mirada a la vejez desde el aislamiento, el compañerismo, el vacío y el lento pasar del tiempo de manera profundamente cómica pero a la vez patética y trágica.




“Usted es una chusma.”

Entre leer fragmentos del Reader’s Digest, lidiar con una manguera de bomberos que ha irrumpido en el departamento y tratar de ahogarse o electrocutarse, Martirio y Consuelo platican. Menciones a Videocentro, Aurerra, Lolita Ayala y Jacobo Zabludovsky son parte de un recorrido por el tiempo desde los ochentas hasta la época actual en la que un Tin Larín es una de las pocas fuentes de placer que les queda a ambas mujeres. La dramaturgia de Albarello en “Lombrices” funciona. Sin embargo, es en la precisa adaptación de Alfonso Cárcamo, una que lleva a lugares perfectamente identificables del México de diferentes épocas, que la obra cobra una fuerza mucho más sostenida al potencializar el sentido del humor y conseguir que la audiencia conecte con la historia de manera mucho más personal.

“Cómo le gusta la tragedia.”

Las ancianas se encuentran sentadas en dos sillones individuales, uno rojo y el otro amarillo. Sobre una vieja alfombra se encuentran pilas de revistas, una bolsa de tejido y gran cantidad de envoltorios de chocolates. Mientras que el departamento pareciera despedir un olor a rancio, en el fondo se ven ir y venir por el lugar a bomberos y rescatistas que están lidiando con una crisis de la que las señoras claramente no están enteradas ya que están ensimismadas en sus pláticas o quizás electrocutándose. Apoyado por un buen equipo de creativos, entre los que se destacan Tania Rodríguez en la escenografía e iluminación, Adriana Pérez Solis en vestuario y Brenda Castro Rodea en la caracterización, el director de “Lombrices” Daniel Sosa Derat imprime al texto de Albrarello tintes de absurdo y farsa que llevan la puesta en escena a tonos casi caricaturescos que funcionan en lo que es su ópera prima. Sin buscar la risa fácil, permitiendo que el simple abrir y comer de un chocolate se realice con toda calma como si la eternidad se fuera en ello, al mismo tiempo que se puede realizar un ahorcamiento de forma intempestiva, Sosa acrecienta la comedia de manera inteligente y congruente con las premisas del texto original.




“¡Nunca fui frígida!”

Las manos y el labio de Martirio tiemblan mientras espera recibir una golosina de manos de Consuelo quien la acaba de tranquilizar tras un súbito ataque de histeria. Con tonos afectados y aleccionadores, Consuelo le lee a Martirio el Readers Digest en una escena subsecuente, hecho que abrirá una plática llena de ademanes y afectaciones propias de mujeres de edad avanzada y muy decentes. El verdadero deleite detrás de “Lombrices” se encuentra en el trabajo actoral de Alberto Lomnitz y Arturo Reyes. La decisión de abordar a los personajes por actores masculinos es congruente con la farsa establecida por la dirección. Sin embargo, es en la precisa apropiación de dichas ancianas por ambos histriones que radica la verdadera fuerza del montaje. Desde el simple partir de una barra de chocolate por Lomnitz hasta un berrinche casi oligofrénico por Reyes, ambos actores ofrecen una catedra en creación de personaje y en las sutilezas que imprimen honestidad y valía a sus interpretaciones.

“Creo que ahora sí me empecé a morir.”

En un final de dimensiones shakesperianas es que “Lombrices” llega a su oscuro. Al salir del teatro me encontré fascinado por las risas provocadas, así como por la reflexión que esas dos ancianas me inspiraron. La soledad, principalmente en el invierno de la vida, es un mal que se tiene que tratar de la manera más eficiente. SI eso implica el tener que apuñalar a una compañera de pláticas todos los días… pues que así sea.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Lombrices”

DRAMATURGIA: Pablo Albarello

ADAPTACIÓN: Alfonso Cárcamo

DIRECCIÓN: Daniel Sosa Derat

ACTÚAN: Alberto Lomnitz y Arturo Reyes.

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 7, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Miércoles 20:00 horas. Hasta el 22 de Abril 2020.

COSTO: $250 entrada general. Boletos en taquilla o https://boletopolis.com/es/

DURACIÓN: 55 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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