LA ESPERA

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Para quienes desean escuchar la honesta confesión de cuatro graduados de la Universidad del Crimen.

LA ESPERA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“Recuerdo que cuando salí de la cárcel no tenía a donde ir.”

Cinco, veinte o veinticinco. Años encerrados en un infierno para purgar deudas merecidas o adquiridas con la sociedad. Años en los que cuatro condenados aguardaron y aguantaron para alcanzar la libertad. Ahora, lejos de sus celdas, esa infinita espera no cesa, aunque las razones sean distintas llámense amor, familia, el simple paso del tiempo o hasta que un frijol germine. ¿Sus crímenes? Es tiempo de dejar atrás los adjetivos, girar el trompo, y enfocarse en lo que estos cuatro hombres se han convertido ahora que se encuentran lejos de Santa Martha Acatitla.

“Todo en algún momento llegamos a amar nuestra prisión.”

Descripciones crudas y concisas, detalladas, de cómo se cometieron atroces crímenes tanto por sus propias manos como contra ellos. Confesiones sinceras que exorcizan y curan los demonios que cada uno de ellos tuvo que enfrentar durante su encierro. Bajo la precisa dramaturgia de la también directora Conchi León, “Mares”, Javier, “El Chaparro” e Ismael descubren sus almas y revelan sus secretos en “La Espera” un potente y contundente montaje a cargo de la Compañía de Teatro Penitenciario.

“No es lo mismo quererme encerrado que con todos mis demonios libres.”

Un joven que ingresó desde antes de la mayoría de edad se contrapone con un hombre de edad que pasó la mayor parte de su edad adulta tras las rejas. Recuerdos exactos de los momentos en que fueron apresados por la policía, sus vidas antes, durante y después de sus largas estancias en el Reclusorio de Santa Martha Acatitla, familia, pesadillas, terror e ilusiones. Con “La Espera” Conchi León no busca relatar ni exhibir, no pretende ser condescendiente ni amable como tampoco quiere juzgar a los cuatro actores que han prestado sus vidas para darle forma a este montaje. No, lo que bellamente realiza la dramaturga es dotar a cada una de estas historias de un arco dramático, de fuerza narrativa, de poeticidad y de dolor capaz de conmover, de tocar fibras profundas en el espectador, pero sin pretender ser manipulador o chantajista. Lo que León demuestra, aparte de su enorme capacidad literaria, es que la vida de todos los hombres, encarcelados o en libertad, encierra una buena historia que contar si se sabe contar con habilidad y verdad.





“¿De qué color es el diablo?”

En silencio se escenifican las cuatro formas en que cada uno de los protagonistas fueron apresados, unas más violentas que otras, antes de que cada uno de ellos se presenten y confiesen los crímenes por los que fueron juzgados. Trompos que giran sin parar sobre las figuras en gis que han sido dibujadas en el piso para mostrar donde cayeron las víctimas, una danza macabra entre un condenado y la muerte, semillas de frijoles que son arrojadas contra un joven que solo quiere quitarse el crimen que aun carga sobre sus hombros. Más allá de una bella manufactura en las letras, Conchi León dota a “La Espera” de una teatralidad impactante con tan solo un puñado de elementos espléndidamente bien utilizados que muestran el buen manejo que tienen la directora de un lenguaje absolutamente escénico. Jugando con la meta-teatralidad y rompiendo la cuarta pared, usando juguetes de mercado como utilería, explotando la fisicalidad de los actores y, sobre todo, con un entendimiento de la sensibilidad con la que se tiene que tocar tan mórbido tema, León entrega un trabajo limpio y profundo, doloroso pero edificante, aterrador y esperanzador en una de las escenificaciones más interesantes que he visto en todo el año.

“Uno siempre acaba llegando al lugar donde lo esperan.”

Un ex convicto describe el modus operandi con que despojaba a las personas de sus autos con la misma claridad con que describe la manera en que contemplaba el mar o la forma en que traficaba drogas en el interior del penal. Un hombre libre comparte sus recuerdos de cómo le insertaron un tampón por la base de su pene o de como encontró el amor en la penitenciaria de enfrente. Un joven arrepentido nos platica de como en la cárcel aprendió lo que nunca quiso hacer en su casa: a doblar su ropa. Un actor revela su alma y se denuda de manera metafórica ante todos los espectadores para hacer a todos los presentes cómplices de lo que ahora es su realidad. El elenco de “La Espera” conformado por Javier Cruz, Ismael Corona, Feliciano Mares y Héctor Maldonado, cuatro actores en toda la extensión de la palabra dada la experiencia obtenida en montajes anteriores en el interior de Santa Martha Acatitla como parte de la Compañía de Teatro Penitenciario, muestra de manera clara y concisa lo que se puede alcanzar en un escenario cuando se trabaja a partir de una absoluta honestidad emocional. Cada uno de ellos, haciendo uso de todos sus recursos actorales adquiridos a lo largo de su estancia en esta compañía, cuenta su historia con orgullo, con la frente en alto, siendo sinceros en los demonios que aún los acompañan, en las esperanzas que albergan.

“La vida que germina siempre es una buena espera.”

La primera que vez que me enfrenté al Teatro Penitenciario en el interior de la Penitenciaria de Santa Martha Acatitla para ver “Ricardo III Versión 0.3” (crítica en www.entretenia.com), la experiencia fue tal que me cambió la manera de ver la vida, por decir lo menos. El ahora enfrentarme a estos cuatro actores, a quienes vi entonces en el interior del reclusorio y a quienes ahora aplaudo su trabajo en fuera de prisión, no es sólo admirable por su pasado y a donde se encuentran ahora, sino por los logros que consiguen como actores hechos y derechos, con tablas e historias que contar sobre el escenario. El teatro es sanador, el teatro es vida, el teatro es un lugar pleno de libertad. Mi espera es ahora para su siguiente montaje donde en definitiva estaré presente.


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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Espera”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Conchi León

ACTÚAN: Javier Cruz, Ismael Corona, Feliciano Mares y Héctor Maldonado.

DÓNDE: Foro Shakespeare.

DIRECCIÓN: Zamora 7, Colonia Condesa.

CUÁNDO: Lunes, Martes y Jueves 20:30 hrs.

COSTO: $250 entrada general. Boletos en taquilla y ticketmaster.

DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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