LA CEGUERA NO ES UN TRAMPOLÍN

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Para quienes desean enfrentarse a un montaje performativo y meta-teatral aterrado de tener una buena idea.

LA CEGUERA NO ES UN TRAMPOLÍN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“La primera palabra siempre será una decepción.”

Ellos, humanos, personajes o cyborgs, se han aislado de todo y de todos en una parálisis que supuestamente los podría liberar. Sin embargo, sus mentes los traicionan. Con cada movimiento, la inspiración llega; con cada mirada, una historia aparece. Deberían ser originales, tener una nueva voz, crear un nuevo lenguaje, alejarse de los lugares comunes y, definitivamente, no caer en cualquier cosa que pudiera ser posmodernista. No hay de qué preocuparse, todo ya se hizo y ni los macabros payasos en escena los habrán de salvar.

“¡Ficciones no!”

El reconocido dramaturgo y director David Gaitán, con su obra “La Ceguera no es un Trampolín” explora la complejidad y la ridiculez de hacer teatro “vanguardista” en una época donde pareciera que lo último que los artistas quieren hacer es meramente contar una buena historia. Esta propuesta multidisciplinaria de humor incisivo y absurdo fue presentada originalmente en 2014 en la ciudad de Berlín. Ahora, en Ciudad de México, se presenta para poner en tela de juicio la validez detrás de las búsquedas de tantos y tantos creativos dedicados al quehacer teatral que parecieran a momentos incapaces de proponer algo que no esté desafiando lo ya hecho con anterioridad.




“Quisiera ser vanguardista para tener pesadillas convencionales.”

Tres seres que remiten de inmediato a cyborgs imaginados por Isaac Asimov se miran, reconocen y realizan la mímica de toda una serie de suicidios. En un espacio blanquecino y ataviados en vestuario de época discuten filosofía, caen en el terreno del teatro de lo absurdo y a momentos parecieran parafrasear trabajos anteriores del autor. En cualquier momento toda una serie de personajes macabros y distópicos podrían aparecer para irrumpir la escena. “La Ceguera no es un Trampolín” es un trabajo endogámico sin duda. Pocos son los espectadores no relacionados con las artes, específicamente el teatro, que podrían realmente atisbar el significado detrás de tan compleja dramaturgia. No obstante, Gaitán revela una inteligencia emocional como creador escénico que le permite verse en un espejo distorsionado y mofarse de sí mismo, de sus propias creaciones como si se trataran de un dionisiaco monstruo de Frankenstein. Al mismo tiempo, Gaitán propone verdaderas reflexiones sobre el teatro contemporáneo, lo critica y aplaude simultáneamente, culminando en una cachetada con guante blanco con un final que sorprende y que permite una mejor conjunción de un todo que a momentos pareciera carecer de sentido.

“Somos los magos de la obviedad.”

Nuevas olas atacan el universo ficticio donde se hallan los personajes, mismos que hacen todo lo posible para no ser víctimas de ellas, incluyendo amarrarse a grandes cinturones de seguridad que aparecen de entre las piernas del escenario cúbico blanco. Las sombras de seres variados podrían aparecer de momento tomándose selfies, uno de los personajes podría tocar una trompeta o de momento una enorme cantidad de objetos provenientes de las bóvedas de Bellas Artes podrían revelarse en un abrir y cerrar de ojos. “La Ceguera no es un Trampolín” fusiona dramaturgia y dirección en un solo ente imposible de disociar. Al buscar romper, criticar y, al mismo tiempo, utilizar ciertos paradigmas escénicos, Gaitán saca a relucir su peculiar sentido del humor al mismo tiempo que juega con la escena, principalmente haciendo buen uso del video como parte esencial de la escenografía, mismo que incluye un subtitulaje que podría parecer innecesario, condescendiente o meramente pretencioso, pero que es justamente parte de todo aquello que el mismo Gaitán analiza. Sin duda, escénicamente, una de las propuestas mejor logradas y más interesantes del creador de obras como Edipo Nadie es Ateo, Simulacro de Idilio o Dios o no Ser.




“¿Cuántas novedades al año soporta un sistema?”

Una vez que los tres seres se han reconocido, comienza una sincronización entre ellos a partir de movimientos rítmicos coordinados. Sus caras son neutras, no expresan emoción alguna más allá quizás de algo de curiosidad o fastidio. Más adelante, con cara de pánico uno de los personajes cibernéticos se enfrenta a la posibilidad de rebelión. Ideas se han apoderado de sus compañeros y pareciera que se van a rendir ante ellos. Las emociones que en un principio parecían ausentes han llegado y no parecieran dispuestas a irse. El trabajo actoral que demanda “La Ceguera no es un Trampolín” es precisa, meticulosa y casi coreográfica para que resulte efectiva dentro de la propuesta de Gaitán. Harif Ovalle, Michelle Betancourt y Raúl Villegas se dejan manipular con libertad por el director, entregando trabajos histriónicos que van de la mano del todo. Aquí la honestidad o la fractura van de la mano con la pretensión y la falsedad, logrando un resultado por demás acertado que permite al espectador seguir el juego y el camino a pesar de que quizás no esté entendiendo del todo.

“¡Acabas de hacer una ficción!”

Son tantos y tantos los montajes de “búsqueda”, “vanguardistas” y “posmodernos” a los que me he enfrentado que en verdad no eran más allá de una pretensión absurda por ir en contra de un supuesto sistema establecido. Al mismo tiempo, me he encontrado con verdaderos artistas, con voces nacientes e ideas francamente contundentes en su originalidad, que me han hecho cuestionar mis conceptos sobre lo que es la escena. Como arte vivo, el teatro siempre está en movimiento, en evolución. Es deber de aquellos que lo realizan, así de quienes lo observan, de siempre estar cuestionando la validez, relevancia o significado de aquello que es verdadero arte para mantenerlo alejado de la basura.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Ceguera no es un Trampolín”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: David Gaitán

ACTÚAN: Harif Ovalle, Michelle Betancourt y Raúl Villegas.

DÓNDE: Teatro El Galeón Abraham Oceransky.

DIRECCIÓN: Paseo de la Reforma y Campo Marte S/N.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 19 de Mayo.

COSTO: $150. Boletos en taquilla y ticketmaster. Aplican descuentos.

DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: El Centro Cultural del Bosque cuenta con una extensa cartelera en sus diferentes teatros, les recomendamos revisarla. Cuentan con dos estacionamientos gratis al mostrar sus boletos para la obra. Se encuentra detrás del Auditorio Nacional.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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