EL JARDÍN DE LOS CEREZOS

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Para quienes desean admirar una poderosa representación sobre los estragos del cambio en la aristocracia.

EL JARDÍN DE LOS CEREZOS

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía del Foro Shakespeare

“Uno tiene que tener presente lo que uno es.”

La Hacienda de los cerezos, esa que alguna vez representó opulencia y poder, hoy está a punto de perderse en subasta pública. Sus habitantes, entes atrapados en los recuerdos de una era que ya no existe, deambulan entre los cuartos como si se trataran de telones de una obra de teatro que hace mucho dejó de interesar. Un hombre está dispuesto a salvarlo todo… nadie lo quiere escuchar. Esto no es Rusia hace más de cien años, tampoco es México en la actualidad. Esto es un jardín decadente que sirve de espejo para los muy pocos que se atreven a ver a la cara su más cruda realidad.

“Hay lugares que son eternas remembranzas de dolor.”

Andrea ha vuelto a casa luego de años de ausencia. Completamente obtusa a la miseria que se ha convertido su vida despilfarra el dinero y, al igual que su hermano Leonardo, se rehúsa a ver la muy viable salvación que tiene ante sus ojos en manos del hijo de quien antes trabajara como sirviente para la familia. Más allá de una crítica a la decadente clase aristocrática de la Rusia del siglo XIX, “El Jardín de los Cerezos”, una de las cuatro obras maestras del dramaturgo Antón Chéjov, es una profunda reflexión sobre la imposibilidad del ser humano para adaptarse al cambio. Entre filosofías inservibles de un eterno estudiante, bailes imposibles de pagar, amores que parecieran inválidos y una sirvienta que sirve como la voz de un pasado que nunca regresará, Chéjov crea una tragedia moderna donde él alguna vez vio una comedia.

“Lo único notable de ese jardín es su tamaño.”

Un viaje en avión desde París, planes para construir condominios horizontales y el intento de comprar una grandiosa Hacienda con unos miles de pesos. Lejos de haber cortado la extensión de la obra de cuatro actos a uno sólo, y reducir el número de personajes del material original, la adaptación que realiza la también directora Angélica a “El Jardín de los Cerezos” resulta funcional e interesante al transpolar la historia a una época moderna pero no precisamente actual. Esta fusión mantiene un cierto aroma de la Rusia de principios del siglo pasado, al mismo tiempo que entremezcla elementos de un México cercano al 2017, sin realmente serlo. Esto trae como resultado una atemporalidad y una relevancia al texto que no se impone sobre el espectador sino más bien invita a la reflexión de donde termina el pasado, comienza el presente y hacia donde se dirige el futuro.





“Hay que reconocer que llevamos una vida superficial.”

Sobre un entarimado de madera, la tan polémica hacienda es marcada por telones color sepia que suben y bajan sin ninguna intención de ocultar lo que son. Estos elementos, inteligentemente planteados como parte de la propuesta de dirección de Rogel, simbolizan la falsedad, la representación teatral lejana de la realidad, en la que viven los otrora acaudalados aristócratas. Tal es el caso que cuando Aleks se convierte en el nuevo dueño del lugar, arranca sin piedad los telares para dejar al descubierto la cruda realidad bañada en luz blanca mortecina. El montaje de “El Jardín de los Cerezos” es un ejemplo más de la elegancia con que Angélica Rogel ha sabido llevar el desplome humano al escenario a lo largo de su carrera como directora. El sonido de bolas de billar chocando al momento de marcar la caída de Leonardo, sombras que bailan mientras el mundo se colapsa para Andrea, notas discordantes tocadas por la joven Varia que se funden con una melodía de antaño. Toda una plétora de pequeños acentos escénicos que conforman un todo sólido, cargado de simbología, que revelan el por qué Rogel se ha logrado posicionar como una de las creadoras más interesantes dentro de la oferta teatral de esta ciudad.

“Al menos una vez en la vida es preciso mirar a la verdad cara a cara.”

Embriagado de poder y satisfacción, el ambicioso Aleks grita para que la música no pare de sonar mientras ríe con amplia sonrisa. A su lado, una devastada Andrea se descompone por completo, se viene abajo y envejece diez años a la vista de los espectadores en cuestión de segundos. Actoralmente, “El Jardín de los Cerezos” es una verdadera delicia gracias a las contundentes actuaciones de Blanca Guerra y Alejandro Morales como Andrea y Aleks respectivamente. Mientras que Guerra revela su furia en un segundo ante las palabras necias de amor de un impertinente estudiante, Morales es capaz de mostrar toda la frustración de su personaje en un simple suspiro mientras observa a dos hermanos bailar al compás de música inexistente. Es de notar también el buen trabajo que realiza Nacho Tahhan como el pseudo-intelectual Pedro y el de Concepción Márquez como la sirvienta Duna, ambos aportando verdad a sus interpretaciones. El resto del elenco es conformado por Ana Beatriz Martínez como Varia, la siempre solvente Adriana Llabrés en el papel de Ana y por Carlos Aragón como un Leonardo que pareciera no sólo estar atrapado en otra época, sino en un tono muy distinto al que lleva la obra.

“Dios debe estar dormido pues nos ha dejado solos.”

El cambio es la única constante en la vida y es, justamente, lo que siempre queremos aplazar o detener. Llamémosle envejecer, separación, nacimiento, muerte, revolución, guerra, viajes, elecciones, devaluación o un millón de nombres más, el cambio está esperándonos a la vuelta de la esquina, listo para sorprendernos. Aquellos que pueden verlo a los ojos sin miedo serán los dueños de un futuro que, con o sin jardín de los cerezos, buscará ser mejor que el pasado que se dejó atrás.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “El Jardín de los Cerezos”

DRAMATURGIA: Antón Chéjov

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: Angélica Rogel

ACTÚAN: Blanca Guerra, Carlos Aragón, Concepción Márquez, Adriana Llabreés, Alejandro Morales, Ana Beatriz Martínez y Nacho Tahhan.

DÓNDE: Foro Shakespeare.

DIRECCIÓN: Zamora 7, Colonia Condesa. A dos cuadras de Metro Chapultepec.

CUÁNDO: Lunes, martes, miércoles, viernes y sábado 20:30, domingo 18:00 hrs. Hasta el 10 de enero.

COSTO: $350 entrada general. Boletos en taquilla y ticketmaster.

DURACIÓN: 120 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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