HIMMELWEG

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Para quienes desean ovacionar un contundente montaje sobre el teatro detrás del holocausto.

HIMMELWEG

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Yo soy los ojos del mundo.”

Lo que el representante de la Cruz Roja vio en el campo de concentración nazi era normalidad absoluta. En lugar de hornos, matanzas y tortura, lo que encontró fue una calma casi demasiado perfecta en una ciudad donde unos jóvenes enamorados se comprometen en matrimonio, una niña enseña a su muñeco a nadar y un globero se pasea por la plaza del lugar como si la guerra no estuviera sucediendo por toda Europa. Lo que el representante de la Cruz Roja vio, fotografió y reportó al mundo fue la más perfecta charada salida de la imaginación de un monstruo fiel al tercer Reich y perdidamente enamorado del teatro.

“Ahí va un hombre vivo.”

Un fotógrafo que consigue, tras saltar muchos obstáculos, el acceso a un campo de concentración para verificar con sus propios ojos si los rumores que circulan por todo el mundo sobre matanzas masivas son verdad; un hombre judío obligado a cooperar con un macabro plan para aparentar que su pueblo no está siendo exterminando, sino que al contrario están siendo tratados con la más misericordiosa humanidad; un delirante y cruel militar cegado por su cometido de crear la más grande farsa jamás orquestada. Basada en hechos reales acontecidos en el gueto de Theresienstadt durante la Segunda Guerra Mundial, “Himmelweg” es una poderosa propuesta del renombrado dramaturgo español Juan Mayorga que ofrece una mirada alternativa al tipo de horrores que la comunidad judía tuvo que vivir durante el Holocausto.




“Esta guerra es la primera obra en común de toda la humanidad.”

La visita del inspector de la Cruz Roja es presentada desde dos discordantes puntos de vista: el del miembro de la organización internacional y el del comandante que lo recibe con toda amabilidad. Entre una y otra versión, se presentan variaciones de tres diferentes escenas cotidianas, cada una de ellas ensayada por diferentes miembros de la comunidad que habitan el lugar. El miedo de todos a fallar en esta charada es tan real como el que sienten cada vez que se escucha un nuevo tren o un disparo en la oscuridad. Al entrar a escena el judío Gottfried Gershom y la realidad del plan fraguado por Berlín es revelado en su totalidad, lo que de entrada parecía inadmisible cobra tintes de horror verdaderamente escalofriantes. Entre el manejo preciso en la creación de personajes y el fino hilvanado con que el dramaturgo entrelaza la historia para que el espectador vaya armando las piezas de tan macabro rompecabezas, “Himmelweg” es un contundente relato de múltiples capas y lecturas. En su capa más elemental, la obra ofrece una mirada a un aspecto poco explorado de la Segunda Guerra Mundial: aquel en que el Tercer Reich hacía hasta lo imposible para aparentar que obraba dentro de los confines de la legalidad y lo socialmente aceptable. Sin embargo, en una mirada más aguda, el trabajo de Mayorga es una punzante visión que conecta a la cultura y el arte con la más pura bestialidad humana, así como una exploración a lo que el hombre es capaz de hacer, y de traicionar, con tal de garantizar su supervivencia y la de quienes ama. Esta visión a tres frentes da como resultado un texto que clama a la reflexión profunda, no sólo de los hechos históricos sucedidos hace más de medio siglo, sino de los eventos que actualmente suceden en países aparentemente civilizados como los Estados Unidos donde los campos de concentración aún son una realidad.

“Ustedes quieren comprobar que sus pesadillas son mentira.”

De un extremo del teatro, la oficina del militar a cargo de la farsa que será presentada al delegado de la Cruz Roja. Ahí, en medio de libros de Shakespeare, Moliere y Calderón de la Barca, un pedazo de escoria humana perfectamente ataviado en uniforme bélico bebe café afablemente mientras explica su demoníaco plan y la manera de conseguirlo. Al otro extremo del escenario, un judío vestido con un saco rasgado y zapatos sin cordones se encuentra evidentemente aterrado por su vida y horrorizado ante lo que se le pida que haga. La luz blanca que baña al cómplice involuntario acentúa su desafortunada situación. Un texto de la complejidad de “Himmelweg” demanda una escenificación capaz de potencializar el impacto de las palabras. El director Ricardo Rodríguez, a quien recientemente se le aplaudió por su trabajo en Parkour, consigue una atmósfera asfixiante, crea una verdadera tensión dramática que a medida que la trama avanza y se revela se vuelve casi un golpe al estómago, una situación de la que el espectador quisiera huir, pero que no puede dejar de ver por el nivel de hipnosis en el que se encuentra. Parte de este éxito se consigue gracias al potente trabajo de diseño escénico a cargo de Sergio López Vigueras, quien resignifica por completo el espacio del Teatro la Capilla para convertirlo en una pasarela en multiniveles donde se pueden vislumbrar las distintas capas de lectura de la obra. Desde el ritmo del monólogo con el que inicia la obra, mismo que intriga y abre los primeros cuestionamientos en la mente del público, hasta una alfombra de hielo seco que se desliza por entre los pies de la audiencia provocando franco terror, cada uno de los elementos en la dirección de Rodríguez suman a a la propuesta para convertirla en unos de los montajes más contundentes de lo que va del año.




“Cae el telón y el actor vuelve a la vida, pero a veces la vida no es agradable.”

Con soltura y afabilidad, siendo encantador en cada una de sus palabras, el militar habla con el representante de la Cruz Roja. Estamos ante un ser carismático, quien se deleita en las maravillas del campo de internamiento que controla. Más adelante, cuando el prisionero judío le pregunta qué pasaría si al momento de la verdad su gente se rehusara a cooperar, la bestia cambia por completo su mirada, su ira siendo una fuerza absoluta que irradia desde sus ojos hasta el otro lado del escenario. Esa mirada es directamente en contraposición al miedo que se encuentra siempre presente en los ojos de Gottfried, quien trata de sonreír, de defender sus posturas o sus creencias al mismo tiempo que entiende que está encerrado en una jaula con una bestia hambrienta. Completando un trabajo de gran contundencia, “Himmelweg” alcanza un muy alto nivel de efectividad gracias a las actuaciones de Luis Eduardo Yee, Cristian Magaloni y Hamlet Ramírez. Cada uno de los tres histriones, accionando desde sus propios personajes, dan peso y verdad a interpretaciones dotándolas del gravitas necesario para tener máximo impacto. La vencida actitud de Ramírez, visible en sus nerviosas manos o en su lacrimosa mirada, es igual de poderosa que la quijada desencajada de Magaloni mientras trata de controlar cada aspecto de la visita o la asesina sonrisa con que levanta un dedo índice simulando una pistola. El resto del elenco conformado por Santiago Álvarez, Francisco Borrayo, Juan Pablo Monsalvo, Alan Nieva, Rodrigo Silva, Ana Escalante, Ana Irigoyen, Pablo Villegas, Katya Bizarro, Gabriela del Río, Ayelen Muzo y Ana Escalante realizan el papel de los habitantes del poblado con resultados suficientes y solventes.

“Concéntrense en las palabras y en los gestos, así no escucharán los trenes.”

Quería pararme a ovacionar tan magnifico trabajo escénico, pero sencillamente no pude. Incluso aplaudir me costó trabajo. El peso que estrujaba mi alma era demasiado, amargas eran las lágrimas que corrían de mis ojos ante el dolor que sentía. El holocausto siempre ha sido uno de los temas más sensibles en mi vida, siendo que he tenido una relación muy cercana con la comunidad judía desde que tengo uso de memoria. Nunca entenderé las razones, nunca comprenderé cómo actos tan sencillamente barbáricos se dieron lugar, nunca debemos olvidar. Nunca.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Himmelweg”

DRAMATURGIA: Juan Mayorga

DIRECCIÓN: Ricardo Rodríguez

ACTÚAN: Luis Eduardo Yee, Cristian Magaloni, Hamlet Ramírez, Santiago Álvarez, Francisco Borrayo, Juan Pablo Monsalvo, Alan Nieva, Rodrigo Silva, Ana Escalante, Ana Irigoyen, Pablo Villegas, Katya Bizarro, Gabriela del Río, Ayelen Muzo y Ana Escalante. (Alternan funciones).

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 7, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Lunes 20:00 horas. Hasta el 16 de Diciembre 2019.

COSTO: $250 entrada general. Boletos en taquilla o https://boletopolis.com/es/

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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