ESPERANDO A GODOT

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Para quienes quieren sentir como la espera es muy diferente encerrado en Santa Martha Acatitla.

ESPERANDO A GODOT

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)

Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“No hay nada que hacer, lo empiezo a creer.”

Vladimir y Estragón esperan. Ni el hambre, ni los golpes recibidos durante la noche, sin importar las piedras en los zapatos o el dolor en las piernas, nada los detienen de aguardar su llegada. Aunque es muy probable que sea hoy, realmente no saben cuándo será su arribo. Lo que es seguro es que será aquí, bajo este árbol, donde se encontrarán con él. Didi y Gogo están juntos y seguramente lo seguirán estando durante toda una eternidad ya que las cadenas que los unen son más fuertes que las que unen a un amo y a su fiel sirviente, son más poderosas que cualquier celda que los contenga. Son menos dolorosas que sus anhelos de libertad. Esperar y esperar… lo más seguro es que Godot nunca llegará.

“No porque somos de la misma especie quiere decir que somos iguales.”

A través del poder transformador del teatro, el área de Proyectos de Impacto Social del Foro Shakespeare, junto con la Compañía de Teatro Penitenciario y El77 Centro Cultural Autogestivo, han realizado durante más de nueve años una labor impresionante dentro de las instalaciones de la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla con montajes de obras de teatro que van desde el Cabaret y una reinterpretación de un clásico cuento para niños, hasta una poderosísima versión de Ricardo III de William Shakespeare. Esta iniciativa busca dignificar las condiciones de vida que se viven dentro de esta penitenciara tan cerca y al mismo tiempo tan aislada de nuestra realidad; crear un cambio, una catarsis en los internos, algo que modifique su visión hacia algo constructivo y positivo que genere nuevas fuentes de trabajo acercando a estas personas hacia una verdadera rehabilitación y, primordialmente, para construir un puente de comunicación real que vincule estos dos mundos, el del ciudadano libre y el del recluso.

“Este árbol está muerto, igual que todos ustedes.”

Considerada la pieza cumbre del teatro del absurdo y la obra dramatúrgica más importante del siglo XX, “Esperando a Godot” del dramaturgo irlandés Samuel Beckett es posiblemente la máxima representante de la sinrazón humana que alguna vez haya sido escrita. Esperar a que algo suceda a sabiendas de que no pasará, sufrir vejaciones y humillaciones con tal de tener compañía, el profundo deseo de moverse sin dar un solo paso, esta indiscutible obra maestra lleva a al espectador a reevaluar el significado de su propia existencia a través de Vladimir y Estragón, dos hombres que a lo largo de la obra esperan infructuosamente la llegada del mítico Godot, quizás uno de los personajes en la historia del teatro que más interpretaciones ha tenido en cuanto a su significado.

“En este momento, nosotros somos la humanidad.”

Bajo el contexto del interior de una penitenciaria, los temas tanto absurdistas como existencialistas contenidos en “Esperando a Godot”, incluyendo la co-dependencia, la violencia, el aburrimiento de una eterna espera y el amor que se genera entre dos compañeros involuntarios de vida, cobran un significado mucho más complejo y terrible a la vez, desgarrador y descorazonador que toca fibras muy delicadas en el espectador sobre todo a sabiendas de que todos seguimos esperando a Godot, sólo que algunos lo haremos desde afuera de las paredes de Santa Martha Acatitla. Aunado a esto, las ligeras modificaciones y adaptaciones que se le han hecho al texto, incluyendo una dura protesta al sistema político nacional en voz del mensajero de la obra y cantada en hip hop, o el monólogo que declama el esclavo Lucky, convirtiéndolo en una confrontación con los actores sobre el escenario acerca de los crímenes que han cometido, les agregan a las palabras de Beckett un dolor y relevancia muy particular al contexto en el que sucede la puesta en escena.





“Soñaba que era feliz.”

Dejando que sea el texto el que cobre el primer plano del montaje, permitiendo que sean las palabras de Beckett en voz de los reclusos las que golpeen con toda su potencia al espectador, la directora de “Esperando a Godot”, Itari Marta, toma la arriesgada, pero acertada decisión, de presentar un montaje libre de todo aspaviento o teatralidad innecesaria más allá de una escenografía constituida por un árbol construido por los mismos reclusos con tubos de PVC y estopa. Sin embargo, la propuesta visual en la dirección también se construye a partir de un vestuario y maquillaje elaborado, casi bufonesco, al principio de la puesta, mismo que poco a poco va dejando atrás sus capas para revelar a los actores tal y como son, hombres encerrados por un crimen cometido, presos con tatuajes de la santa muerte en los brazos, seres humanos como cualquiera que están purgando una condena y que están sanando con teatro mientras esperan.

“Intenta inspirarme compasión para que me quede con él toda la vida.”

El elenco de “Esperando a Godot”, conformado por José Luis Padilla Hernández, Juan Antonio Santillán, José Francisco García Ortiz, Juan Luis Hernández Domínguez y Fidel Gómez Pérez, no son hombres jugando al teatro sino actores que se han ido formando en las tablas, con la experiencia adquirida en los montajes anteriores, con cada nueva función donde más de 20,000 espectadores ya han aplaudido su trabajo. De tal forma que cada uno de los involucrados utiliza sus variantes niveles de talento y aprendizaje sobre el escenario y los dotan de verdad y fractura emocional para que Didi y Gogo sean capaces de esperar con una sonrisa en la cara y una vacía esperanza en el alma a un Godot que nunca llegará, que Pozzo sea arrogante y soberbio en un principio para más adelante gritar con desesperación su ceguera y, impresionantemente, para que Lucky desate una furia sobre sus compañeros de escena a quienes acusa de asesinos, secuestradores y violadores sin la más mínima contención emocional de su parte. Cada uno de los actores que participan en esta puesta en escena se ganan a pulso los aplausos y la admiración de un espectador quien es capaz de olvidar donde se encuentra para simplemente dejarse llevar por la magia del teatro.

“El señor Godot dice que no puede venir hoy, vendrá mañana.”

Todos estamos esperando a Godot, sea quien sea, tenga el significado que se le quiera dar. Sin embargo, la espera no es la misma, jamás será la misma desde la comodidad de mi libertad a dentro de los confines de Santa Martha Acatitla. Inocente yo que pensé que, tras haber ya vivido la experiencia de teatro penitenciario en varias ocasiones, su efecto sería menos impactante sobre mí. La zozobra que siento mientras escribo estas palabras, el dolor que aun reside en mi corazón de saber que ellos, los reclusos, en ese lugar tan alejado de mi realidad, siguen en la espera de Godot me hiere en el alma. Nunca me había dolido tanto mi libertad.

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Juan Carlos Araujo: entreteniateatro@gmail.com
Ricardo Castillo Cuevas: entreteniafoto@gmail.com




DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Esperando a Godot”

DRAMATURGIA: Samuel Beckett

DIRECCIÓN: Itari Marta

ACTÚAN: José Luis Padilla Hernández, Juan Antonio Santillán, José Francisco García Ortiz, Juan Luis Hernández Domínguez y Fidel Gómez Pérez, miembros de la Compañía de Teatro de la Penitenciaria del Distrito Federal.

DÓNDE: Teatro Juan Pablo de Tavira, Penitenciaria del D.F., Santa Martha Acatitla.

DIRECCIÓN: La salida es desde el Foro Shakespeare, ubicado en Zamora 7, Colonia Condesa.

  • Reservaciones: teatroyprision@foroshakespeare.com
    Teléfono: 5553-4642
  • Proporciona tu nombre completo y tu fecha de nacimiento.
  • Revisa con atención el reglamento de ingreso al penal que te será enviado.

CUANDO: Sábados 11:30 hrs. (previo registro y confirmación).

COSTO: $250. Se paga a la llegada del Foro Shakespeare el día de la función.  Incluye transportación y un pequeño refrigerio.

DURACIÓN: La obra tiene una duración de 90 minutos aproximadamente. La salida es a las 11:30 am y el regreso se calcula aproximadamente a las 17:30 hrs.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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