EL ZOOLÓGICO DE CRISTAL

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Para quienes desean aplaudir la muy frágil y distorsionada obra maestra de Tennessee Williams.

EL ZOOLÓGICO DE CRISTAL

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía del Centro Cultural Helénico

“Esta obra es una memoria.”

Dentro los confines de este humilde departamento lo que domina es la ilusión, las fantasías y unas muy delicadas piezas traslúcidas que podrían despedazarse en cualquier momento si la realidad se atreviera a cruzar por la puerta. Esta noche, como todas las noches, Tom seguramente irá al cine, mamá no dejará de recordar tiempos mejores en que fue feliz y Laura seguirá jugando con un unicornio a cuyo cuerno le queda poco tiempo de vida. Ningún pretendiente habrá de tocar esa puerta.

“Yo muestro verdades disfrazadas de ilusión.”

La gran depresión económica que azotó a los Estados Unidos principalmente duranta la década de los 30s del siglo XX es retratada por el gran dramaturgo norteamericano Tennessee Williams de manera poética y terrible en su primera obra maestra “El Zoológico de Cristal” dentro de los confines de una familia profundamente disfuncional de clase baja. Usando sus propios recuerdos de la juventud e inspirándose en su propia familia, el autor de obras tan importantes como El Tranvía Llamado Deseo y La Gata Sobre el Tejado Caliente crea un universo de ambiciones frustradas y de escapismos banales donde la felicidad pareciera basarse en encontrarle un pretendiente a una joven con problemas motrices e inmadurez emocional que prefiere ver la luz a través de una figurita de cristal que enfrentar su insufrible realidad.

“Lo bonito de los pretendientes es que llegan cuando menos te lo esperas.”

Al inicio de la obra, Tom se dirige al público directamente con uno de los monólogos más icónicos de la dramaturgia estadounidense del siglo XX para explicar el contexto de la historia que está a punto de comenzar, así como para recordarles a todos que esto no es más que una obra de teatro y que, como tal, las cosas pueden no haber sido como se narran. Entre los muchos logros que alcanza Tennessee Williams en “El Zoológico de Cristal” es su capacidad para la metateatralidad como recurso para guiar al espectador por una anécdota por demás patética y lamentable de manera fluida e hipnótica. De igual manera, su construcción de personajes– la enervante y castrante Amanda, el ávido por aventuras Tom y la tan frágil Laura –es prueba irrefutable de la capacidad del autor para darle vida a seres incapaces de lidiar con sus circunstancias, habilidad que llegaría a su máxima expresión con su atormentada Blanche Dubois del Tranvía o con su iracundo Brick de la Gata.





“Mis dos hijos están hechos de dones mágicos.”

Dentro del pequeño departamento de los Wingfield, un espacio con ángulos tan distorsionados como la realidad en la que viven sus habitantes, Laura y su supuesto pretendiente Jim platican a la luz de unas cuantas velas pues la compañía de luz recién acaba de cortar el servicio. Una plática sin prisas no es más que una charla casual para uno mientras que para la otra es la realización de todos sus sueños. Cada gesto, movimiento e intención que realizan los personajes es recibida por el público con exclamaciones de sorpresa, emoción o franca decepción. La dirección que Diego del Río realiza a “El Zoológico de Cristal”, apoyado por la potente escenografía de Jorge Ballina y la exquisita iluminación de Víctor Zapatero, revela un claro entendimiento del texto, sus intenciones y su subtexto. Al realizar un montaje realista y basado en la verdad dentro de los confines de una propuesta visual cargada de simbologías incluso hasta en la paleta de colores elegida, el director ofrece una visión relevante y contemporánea de una obra escrita en 1944 que perfectamente conecta de manera directa con el público del 2018. La aún muy joven carrera de Diego del Río alcanza su punto más alto con su puesta en escena de la primera obra de teatro escrita por Williams.

“Cuando te decepcionas pones una cara de sufrimiento horrible.”

Tras ser llevado al límite de su paciencia por las constantes reprimendas de su madre, Tom estalla en furia y arremete contra ella con palabras por demás hirientes. Amanda, fiel a su personalidad, utiliza el chantaje, la manipulación y la victimización como armas para defenderse de su hijo. Mientras esa batalla campal sucede en el fondo del escenario, Laura pareciera no escuchar nada pues se encuentra muy lejos, en su pequeño y perfecto mundo de cristal. Dada la profunda complejidad detrás de cada uno de sus personajes, “El Zoológico de Cristal” demanda actuaciones potentes, contundentes en sus motivaciones y objetivos, pero sobre todo basadas en la verdad. La entraña que contiene o libera Pedro de Tavira como Tom, toda la gama de emociones que presenta Adriana Llabrés como Laura al ser meramente rozada en el hombre por el único hombre que alguna vez ha querido o el cansancio que revela en sus ojos Blanca Guerra al escuchar un perdón de su hijo mayor son muestra de la calidad actoral que se consigue sobre el escenario. Cada uno de ellos haciendo uso de recursos histriónicos diferentes, Guerra a momentos siendo casi una caricatura estereotípica de la madre castrante para provocar risas o exasperación, Llabrés proyectando su debilidad dejando caer una furtiva y fugaz lágrima ante una revelación devastadora, Tavira como una bestia enjaulada en una celda que siempre ha tenido la puerta abierta, el elenco eje del montaje es digno de una ovación de pie por su entrega y honestidad. El reparto lo completa con una calidad equiparable David Gaitán, quien alterna funciones con Mariano Palacios.





“El cristal es algo que se debe cuidar muy bien.”

Al no pagar la cuenta de la luz, Tom toma un determinante paso a lo que será el resto de su vida. Esa decisión al final de “El Zoológico de Cristal” podrá parecer terrible, egoísta para muchos, detestable en sus implicaciones. Sin embargo, es el único camino que podía tomar para poder aspirar a un ápice de felicidad, algo que muchos nunca alcanzan en toda su existencia. Tenemos mucho que aprender de Tom, de los muy atormentados personajes de Tennessee Williams y sus historias si es que no queremos acabar solos y desesperados, con la vana esperanza de que un pretendiente llame a la puerta.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “El Zoológico de Cristal”

DRAMATURGIA: Tennessee Williams

DIRECCIÓN: Diego del Río

ACTUAN: Blanca Guerra, Pedro de Tavira Egurrola, Adriana Llabrés y David Gaitán/Mariano Palacios.

DÓNDE: Teatro Helénico dentro del Centro Cultural Helénico.

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.

CUÁNDO: Jueves y viernes 20:30, Sábado 18:00 y 20:30, Domingo 17:00 y 19:30 horas. Hasta el 24 de Junio.

COSTO: $450, $350 y $200. Disponibles en taquilla y Ticketmaster.

DURACIÓN: 120 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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