1984

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Para quienes desean enfrentarse a la distopia Orwelliana en una deslumbrante puesta en escena.

1984

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Pili Pala (@PiliPala)

 

“Big Brother te está observando.”

Winston Smith ha puesto pluma al papel y, en ese preciso instante, todo ha cambiado, incluyendo el futuro. Lo que ha cometido es el crimen de piensacrimen, lo que significa que en cuestión de tiempo la policía del pensamiento lo atrapará. Mientras eso sucede, él piensa que es libre, que es capaz de amar sin traicionar, que es posible declararse en contra de Big Brother, que tiene perfectamente claro en su cabeza cuál es la respuesta a la pregunta cuánto es dos más dos. Winston piensa… pero aún no entiende lo que le va a suceder una vez que entre al cuarto 101.

“La guerra es la paz.”

Un mundo dividido en tres super potencias, cada una de ellas controladas por gobiernos totalitarios en busca de dominar por completo al individuo, no sólo en sus actos, sino en sus pensamientos. En uno de esos países, Oceania, un rebelde se atreve a guardar en su mente pensamientos en contra del sistema, osa a entablar una relación carnal con una mujer, tiene la audacia de creer que sus pensamientos le pertenecen. Considerada como una de las mejores novelas escritas en el siglo XX, elogiada por muchos como la más grande distopia futurista escrita a la fecha y responsable de toda una gama de términos y conceptos, entre los que destaca la siempre presente figura mítica y aterradora de Big Brother, “1984” es la obra maestra del escritor inglés George Orwell, afamado también por su novela Rebelión en la Granja.




“La destrucción de las palabras es una belleza.”

Los reconocidos dramaturgos británicos Robert Icke (Orestiada) y Duncan Macmillan (Puras Cosas Maravillosas, Pulmones) se dieron a la tarea a principios de la primera década del siglo XXI de llevar la novela al escenario, una misión que parecería casi imposible de conseguir dada la muy compleja naturaleza del material origen. El resultado es una adaptación por demás acertada, contundente en su lenguaje escénico, fiel a la esencia misma de los preceptos políticos y sociales establecidos por Orwell. Ciertamente, parte de la anécdota ha sido cambiada, añadiendo un denso inicio y un innecesario final que suceden en un futuro más allá del aquí y ahora. Ambos de manera ilustrativa e incluso condescendiente dejan en claro la relevancia del mensaje de la obra como si la anécdota misma no fuera suficiente para establecer su propio mensaje. No obstante, y principalmente para aquello que son familiares con la novela, esta versión de “1984” es un verdadero deleite que captura en todo su horror lo que un gobierno, representado en este caso por el Partido, es capaz de hacer con tal de alcanzar el poder absoluto.

“La ignorancia es la fuerza.”

Una pantalla en lo alto del escenario donde la palabra INGSOC aparece súbitamente antes de dar paso a los dos minutos de odio; en un cuarto en la parte trasera de una tienda de antigüedades se dan los encuentros clandestinos entre Winston y su amante Julia, mismos que el público no ve más que a través de la misma pantalla; luces blancas cegadoras en la habitación 101 y oscuros totales que permiten repentinos cambios temporales y de escenas. El dispositivo escénico creado por el director José Manuel López Velarde, en complicidad con el escenógrafo e iluminador Jesús Hernández, consigue que la distopia Orwelliana de “1984” alcance niveles de teatralidad tanto visualmente deslumbrantes como sencillamente horrorizantes. De tal manera, la puesta en escena puede incluir a una mujer de gran tamaño tendiendo ropa desde un andamio de construcción en la parte trasera del escenario en contraposición con una violenta y lujuriosa danza de apareamiento entre Winston y Julia; la helada presencia de O’Brien en su perfectamente pulcro traje a punto de iniciar una grotesca tortura o sencillamente mostrar  una repetitiva hora de la comida en el interior de uno de los Ministerios del Partido donde la rutina siempre nunca cambia no importa quién esté presente o sencillamente desaparezca. López Velarde ha logrado capturar visualmente la esencia de “1984” en múltiples niveles, aun cuando el montaje pueda llegar a ser denso, más por la cantidad de información que se proporciona y discute, que por el bien alcanzado ritmo de la misma.




“Confesar no es lo mismo que traicionar.”

Winston y O’Brien platican en el lugar donde no hay oscuridad. En principio todo pareciera ser una plática amigable salvo por el hecho de los amarres en las muñecas y pies del primero que le impiden ponerse de pie. Winston temeroso, pero firme en sus convicciones, aunque su mirada se desorbita cada vez que una nueva tortura está a punto de suceder, se niega a traicionar lo más preciado que guarda en su alma. O’Brien, convencido de sus palabras y de la efectividad de sus métodos, no levanta la voz más allá de su casual hablar, hecho que resulta más atemorizante que cualquier vociferación. El elenco que conforma “1984” está encabezado de manera sólida por Antón Araiza como el emblemático Winston Smith y por Constantino Morán como su contraparte en el interior del partido. Ambos actores demuestran sus capacidades de contención emocional al servicio de la escena, entendiendo que un susurro bien plantado es tan eficaz como un grito o un golpe. Junto a ellos, Vanessa Restrepo realiza un trabajo igualmente loable como Julia, siendo importante recalcar que en esta historia menos es más ya que se trata de un universo distópico donde las emociones han sido castradas por el mismo sistema. El elenco se completa con buenos resultados por Alfredo Herrera, Terence Strickman, Angie Vega, Alberto Eliseo, Evan Regueira y Julieta Luna, así como por la acertadísima presencia de Clarissa Malheiros como la vocera de INGSOC.

“No han podido controlar la memoria.”

La primera vez que leí “1984” fue como tarea para la secundaria. Lo terminé en tres días. Desde entonces he revisitado la historia de Winston, la perversidad de Big Brother y las lecciones de Emmanuel Goldstein en múltiples ocasiones. Cada vez he encontrado nuevos significados, nuevas dimensiones a la lectura, nuevas conexiones con un presente donde cada uno de nosotros con nuestras cámaras en los teléfonos nos hemos convertido en cómplices del Partido. Big Brother no necesita de telepresencias para observarnos, ya lo estamos haciendo nosotros por él.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “1984”

DRAMATURGIA: Robert Icke y Duncan Macmillan basados en la novela homónima de George Orwell

DIRECCIÓN: José Manuel López Velarde

ACTÚAN: Antón Araiza, Constantino Morán, Vanessa Restrepo, Alfredo Herrera, Terence Strickman, Angie Vega, Alberto Eliseo, Evan Regueira y Julieta Luna.

VOZ EN OFF: Clarissa Malheiros

DÓNDE: Teatro Helénico dentro del Centro Cultural Helénico.

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.

CUÁNDO: Viernes 20:30, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 8 de Septiembre.

COSTO: $600y $350. Disponibles en taquilla y https://www.helenico.gob.mx/

DURACIÓN: 120 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking y estacionamiento.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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