FOTOGRAFÁS: RICARDO CASTILLO CUEVAS
YO PENSÉ QUE ERA ESPECIAL
Para quienes entienden que las catástrofes de la vida nos pueden ayudar a volar más alto que nunca.
YO PENSÉ QUE ERA ESPECIAL

“Hoy quiero hablar de mis erupciones volcánicas y mis catástrofes aéreas.”
A sus más de 40 años y con su corta estatura, Lucía se ha tenido que enfrentar contra con más de un obstáculo en su carrera como actriz, en su niñez, a lo largo de toda su vida. Una mejor amiga descabezada, una madre avergonzada, retretes de distintos colores al blanco y el adiós de más de un ser querido son tan solo algunas cuantas de las catástrofes que le han curtido la piel, que la han llevado a ser este ser humano lleno de cicatrices, sin duda, pero cada una de ellas demostrando que tan resiliente es. Su avión se ha ido en picada más de una vez, incluso se ha estrellado, y aun así aquí está, frente a todes, con la frente más alta que nunca.
“Vengo a actuar, a hacer un personaje, no a hablar de mí.”
Una crisis de los 40, exacerbada por frustraciones profesionales, produce que una mujer desbloquee recuerdos de su infancia, llevándola a emprender una travesía hacia su interior para confrontarse, reconocerse, y encontrar la paz en las cicatrices que conforman su historia de vida. Esta premisa es la base sobre la que Enara Labelle y la también intérprete Rocío Leal desarrollan “Yo Pensé que era Especial”, un unipersonal que, desde la muy persona anécdota de la protagonista, trasciende hacia lo universal permitiendo que todo espectador conecte con la narrativa y la traduzca hacia sus propias catástrofes personales, hacia aquello que lo ha llevado a ser quien es hoy en día.
“Últimamente siento que el vacío me jala.”
Una audición donde se le pide a Rocío que hable sobre lo que le apasiona provoca que la actriz se disocie por completo y se vaya a lugares muy oscuros de su mente; la violencia infantil a la que fue sometida, comenzando con un cruel apodo que la persigue como fantasma en su vida adulta, culmina con un procedimiento quirúrgico innecesario y desesperado; las razones del por qué una niña que alguna vez fue feliz dejó de serlo, el por qué desarrolló el silencio como un arma de supervivencia y su imposibilidad de usar retretes ajenos esconden lo peor que existe en la especie humana.
“Las mejores historias nacen de la rabia, de la sed de venganza.”
El camino personal que recorre “Yo Pensé que Era Especial” pareciera ser, en su lectura más llana y superficial, el de una persona que simplemente está insatisfecha con su vida. Sin embargo, a medida que Leal va complejizando su narrativa, va revelando más y más capas de subtexto, va desnudando su alma y deja al descubierto sus heridas, desde las razones detrás de su fascinación con los documentales de catástrofes hasta la manera en que su madre la traumatizó con una piñata de una famosa caricatura mexicana, la obra se revela como un metafórico puñetazo al estómago que pega justo en esas heridas aun punzantes que cada uno de los espectadores cargan en su psique. Con ligeros toques de humor, una narrativa en crescendo que no cesa, y un personaje más real que ficticio, Leal y Labelle, además, abren conversaciones en torno a las agresiones que más de una mujer vive a diario en este país y en el mundo, de como hay maneras de marcar a otra persona para el resto de su vida.
“Tuve que decepcionarte para poder ser yo.”
Al centro del escenario hay un no muy amplio cuadrado de madera con un hueco casi al centro, espacio desde donde la protagonista acciona el unipersonal. Un banquito, igual de madera, va cambiando su significado a lo largo de la obra, a veces representando un balón o un volante, en otros momentos a la actriz misma. Algunos cuencos tibetanos de tamaños variantes están dispuestos en la parte trasera del escenario, instrumentos musicales que serán utilizados cuando Rocío se deje llevar por el dolor de la perdida a un lugar muy íntimo de su entristecido corazón.
“¿Por qué hay tanta belleza en la tragedia?”
La dirección escénica de “Yo Pensé que era Especial” corre a cargo de Hugo Arrevillaga Serrano quien a últimas fechas ha demostrado una gran capacidad en el montaje de unipersonales, mismos que llevan su rúbrica al compartir ciertos elementos como el ceñir la actuación a un espacio delimitado dentro del escenario como se vio en puestas en escena anteriores como Zombi y Entre los Rotos. Con el recurso de ir resignificando objetos, específicamente el banquito arriba mencionado, al establecer un ritmo in crescendo que culmina en una implosión emocional del personaje, y crear una intimidad que le permite al espectador compenetrarse de lleno con la narrativa de Rocío, Arrevillaga consigue potencializar la dramaturgia a lugares de mayor dolor y contundencia.
“Acuérdate que tú no puedes ser bonita.”
El hablar de Rocío en un inicio es relajado, casi casual, en un estilo de desenvolverse por el escenario que pareciera que no está actuando. A medida que va revelando los pasajes más oscuros de su historia, la narradora va dejando entrever la rabia que guarda detrás de su mirada, el profundo duelo que aun sangra a causa de pérdidas en su vida, y que sólo es capaz de mitigar con su cantar, deja al descubierto todo su ser para, desde la fractura, poder ver al público, confrontarlo incluso, antes de declarar su independencia como un ser humano completo.
“Esta es la historia de los perdedores, de los que se quedaron callados.”
Al centro de “Yo Pensé que era Especial” se encuentra la interpretación que realiza Rocío Leal de una versión teatralizada de sí misma que opera desde la verdad, desde el centro de su esencia. Encantadora e incluso algo juguetona al explicar las razones detrás de su participación en un coro de niñas, hasta dolida ante las explicaciones que da para reclamar su propio nombre como parte de su identidad; desde berrinchuda en su deseo de ser una virgencita en una obra infantil, hasta rota en su compartir la relación que sostiene con sus padres, cada paso que va dando Leal en el unipersonal va acercando a los asistentes a un espacio de amor propio que se hace merecedor de lágrimas y una ovación.
“Primero hay que dejarse caer para volver a volar.”
En uno de sus últimos álbumes, Madonna tiene una canción llamada Beautiful Scars (bellas cicatrices) donde la cantante habla de esas marcas sobre su cuerpo y en su interior que ahora carga no como una herida sino como señales de orgullo por haber sobrevivido la guerra. Esa canción del 2015 se convirtió en una especia de mantra para mí, un himno a la autoaceptación, melodía que me ha ayudado a entender que cada golpe que me han dado, cada abandono y muerte que he sufrido, cada corazón roto o destruido, me han traído a un lugar: al aquí y ahora, un espacio donde me veo al espejo y veo belleza, donde puedo ser feliz. No conozco las profundidades a las que ha descendido Rocío, pero yo he bajado a mis propios infiernos y, desde ahí, he retomado el vuelo para llegar a un lugar muy mágico y especial, el yo.

DATOS GENERALES
(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Yo Pensé que era Especial
DRAMATURGIA: Rocío Leal y Enara Labelle
DRECCIÓN: Hugo Arrevillaga Serrano
ELENCO: Rocío Leal
DÓNDE: Teatro Salvador Novo, dentro del Centro Nacional de las Artes
DIRECCIÓN: Avenida Churubusco 79, Country Club Churubusco.
CUÁNDO: Jueves, Viernes y 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 22 de Febrero 2026.
COSTO: $150. Boletos en taquilla y Yo pensé que era especial – CENART Aplican descuentos.
DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio.




