RICITOS DE ORO NO HABLA ALEMÁN

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Para quienes entienden que la vida real es muy distante de los cuentos de hadas.

RICITOS DE ORO NO HABLA ALEMÁN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Héctor Ortega

“¿Cuándo empezó nuestro final?”

Al entrar a Casa Balbuena, uno se encuentra con una mesa plagada de mapas, folletos, trípticos y demás papelería relacionada con Alemania, recuerdos inertes de un viaje que nunca sucedió. Contra una pared, se proyectan videos de una vida en pareja, de momentos personales de un proceso creativo, imágenes de un tiempo que ya carece de sentido. Las hojas secas desperdigadas por todo el suelo conducen a un mural de fotografías que adentran al espectador a un universo íntimo y privado que los convierte en invasores, en testigos de lo que alguna vez fue, y no es ya. El oso bebé que anda deambulando en un triciclo es parte de un cuento de hadas que ya desapareció, igual que lo hicieron muchos sueños, mucho amor, muchas ilusiones que ahora sólo dejan un vació demasiado parecido a la nada.

“Estoy en un tiempo artificial.”

Haciendo uso del biodrama, de crear una ficción a partir de eventos reales sucedidos en 2020, Paula Watson, en mancuerna con Luis Eduardo Yee, coordina la creación escénica colectiva “Ricitos de Oro no Habla Alemán”. La dificultad de levantarse de la cama cada mañana, las discusiones entre una pareja, ya sea por no cambiar un foco o por la ausencia de unos cigarros, la cancelación de un viaje y la frustración que conllevó, y la imperante necesidad de encontrar un lugar en el universo que se sienta como un hogar son tan sólo algunos de los múltiples conflictos que se plantean en este montaje, tomando como excusa y línea narrativa el cuento de Robert Southey en el que una niña invade el espacio de tres osos esperando encontrar el propio. El resultado es un viaje onírico, surreal, profundamente honesto y doloroso a la vez alrededor del camino que una mujer tuvo que recorrer para poder llegar a un atisbo de la felicidad que tanto anhela.




“Las cosas se mueven más rápido cuando hay silencio.”

Paula y Luis Eduardo se confrontan. Están parados frente a frente, pero en planos distintos por lo que no se están realmente viendo a los ojos. Son una pareja cansada, llena de reclamos, con afecto el uno por el otro, pero que claramente la cotidianidad los ha desgastado. Hay hormigas en la cocina, se lanzan reclamos por entender que las plantas no se riegan solas, el hastío de todo aquello que se ha dicho mil y mil más veces es evidente. Son múltiples las líneas argumentales que conforman “Ricitos de Oro no Habla Alemán”, todas ellas conduciendo al camino de la insatisfacción. A momentos metateatral, donde Luis Eduardo Yee rompe con la ficción para convertirse en director de escena pidiendo a Paula Watson que exprese sus sentimientos de manera distinta para hacerlos más contundentes, en otros una alucinación surreal en la que tres osos, dos actores y una versión más joven de Paula se sientan a la mesa a comer sopa de papa, cada una de las escenas que conforman la puesta en escena es el claro resultado de una muy sincera exploración, no sólo escénica pero igualmente visceral y emocional. El nivel de impacto y resolución de cada uno de los momentos no siempre llega a ser contundente, algunos incluso resultan confusos, pero el total de la propuesta llega a los asientos como si de una bofetada se tratara, obligando al espectador a plantearse muchas preguntas sobre dónde se encuentra su lugar en el universo, golpe que es recibido con gusto ante tan compleja y fascinante dramaturgia escénica.

“¿Crees que lo que hemos deseado es imposible?”

Mamá oso, papá oso y bebé oso se ponen a ver televisión. Escuchan a un comentarista hablar sobre los seis hábitos de una familia feliz. Comer juntos, hacer ejercicio, respetar el tiempo a solas… cada una de las recomendaciones que se mencionan, los osos las realizan mientras que Ricitos los observa a cierta distancia. Las acciones se repiten, cada vez más frenéticamente, y Ricitos trata de integrarse a ellas, impone su presencia en las dinámicas de una familia que no le pertenece, exponiendo así su necesidad de ser aceptada. La escenificación de “Ricitos de Oro no Habla Alemán” está íntimamente ligada con su dramaturgia, experimentación que lleva a que Luis Eduardo Yee baile con tres osos una famosa canción de Mecano, a que una casita de miniatura sirva como reflejo de las situaciones presentadas por los actores, a que una casona antigua y derruida se transforme en un espacio donde seis actores puedan exorcizar sus propios demonios. Apoyado por el meticuloso concepto escénico y el diseño de vestuario de Mauricio Ascencio, así como del diseño sonoro a cargo de Joaquín Martínez y Emiliano López, el equipo de creativos comandados por Watson y Yee presentan génesis y apocalipsis de una crisis existencial, una que más de uno proyectará sobre su propia realidad y sus referentes a partir de que el mundo dejará de tener sentido debido a una pandemia.




“Yo no sé en qué momento nos creímos eternos.”

La mano de Ricitos/Paula se mueve por un momento de manera seductora por su propio cuerpo, hasta llegar a su propio cuello para ahorcarlo. Su desesperación ha llegado hasta ese punto. Durante una fuerte pelea entre Paula y Luis Eduardo, el segundo propone repetir la escena con totalmente otra emotividad. Ambas escenas, igual entre sí en diálogos, se presentan con la misma honestidad. Discutir sobre el cómo regar unas plantas se convierte en un terreno minado en el que ambos miembros de la pareja muestran sus emociones descarnadas. El reto actoral que representa “Ricitos de Oro no Habla Alemán” es abordado desde la fractura emocional por parte de Paula Watson y Luis Eduardo Yee, quienes interpretan personajes de ellos mismos en una potente demostración de biodrama. Junto con ellos, , Luis Ra Acosta, Leonardo Barragán y Christopher Fragoso Íñiguez interpretan a los tres osos del cuento vestidos en disfraces de dichos animales, aportando un elemento casi fársico a momentos, de verdadero patetismo en otros. El elenco lo completa Ayla Rodríguez como una alter-ego de Watson, una donde se miran al espejo preguntándose qué pasó.

“No olvides que aquí eres feliz.”

He amado profundamente. Me he entregado por completo a relaciones, para un día despertar y ver a la persona a mi lado como si fuera un extraño. Más de una vez me he metido a la regadera para perderme bajo el agua con ensoñaciones de cuán mejor sería mi vida si tuviera el valor de irme a otro lado, de romper con los lazos que me ahorcan, si decidiera alejarme para encontrar mi propia cama, mi propio hogar. Ricitos no es un cuento de hadas, no es una historia de tres ositos con platos de sopa de papa. Ricitos eres tú, soy yo, somos todos los que estamos perennemente en esa búsqueda eterna de llegar a un lugar en el que nos sintamos completamente en casa.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Ricitos de Oro no Habla Alemán”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Creación colectiva coordinado por Paula Watson.

ACTUAN: Paula Watson, Luis Eduardo Yee, Ayla Rodríguez, Luis Ra Acosta, Leonardo Barragán y Christopher Fragoso Íñiguez.

DÓNDE: Casa Balbuena

DIRECCIÓN: Sur 103 No. 1120, Colonia Aeronáutica.

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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