JACINTO Y NICOLASA

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Para quienes no quieren seguir ignorando lo que sucede en comunidades indígenas de este país.

JACINTO Y NICOLASA

 
“¿Usted es el de Previas? ¿Usted me lo va a devolver?”
 

Una madre acude a la municipalidad en busca de ayuda para poder encontrar a su muchacho de trece años que ha desaparecido. Unos tipos lo envolvieron como si fuera un muerto, se lo llevaron en una troca y desde entonces nadie lo ha vuelto a ver. Pareciera que a nadie le importa. Un hombre ha llegado también para declarar que ha matado a su compadre en una borrachera. El juez está ahora en Chihuahua así que sería mejor si regresa el próximo lunes. Pareciera que a nadie le importa. Los huaraches se gastan cada vez más con cada nueva vuelta al igual que la esperanza de encontrar justicia en un lugar donde a nadie le interesa ayudar a un par de indios.

“Enfermaste a tu casa, a tu gente.”
 

La dramaturga Camila Villegas ha escrito en “Jacinto y Nicolasa” una visión terriblemente agridulce que retrata la dura realidad a la que se tienen que enfrentar las comunidades indígenas en nuestro país. Los protagonistas que dan nombre a la obra son un par de indios raramuris, mejor conocidos como tarahumaras, que lo único que están pidiendo es que el sistema funcione. Estas dos historias, dos monólogos entrelazados, logran arrancar la risa, más por la indignación e incredulidad de lo que se está viendo en escena que por ser graciosas, con situaciones que, para los que estamos cómodamente sentados en un teatro de la Ciudad de México, deberían de avergonzarnos por saber que esto sucede en nuestro país y no mover un dedo para que cambie.

“No quiero ver lo que quiero ver.”
 

La marca de la dirección de Alberto Lomnitz se nota claramente en un trabajo escénico sutil, elegante e imaginativo a partir de dos sillas. Vestido muy eficazmente con la iluminación, el escenario de La Capilla se convierte en una oficina de gobierno, en la sierra, en una cárcel o en la casa de uno de los protagonistas con un simple reacomodo del mobiliario. Ver a Jacinto montar y después caer de un caballo, todo sentado en una de las sillas, es un bonito ejemplo de la magia que consigue el teatro en manos expertas. Ciertamente el ritmo es un tanto lento, sobre todo hacia la parte final; sin embargo, la obra requiere de este tono pausado para enfatizar la inmovilidad del sistema al que se enfrentan y los momentos más introspectivos, sobre todo al ver a Nicolasa negociando con sus sueños.

“Yo voy a soñarlo vivo pa que me lo encuentre pronto.”
 

Un verdadero actor se aleja de sí mismo para tomar posesión de cada nuevo personaje, sin dejar rastro de los anteriores. Hace menos de un mes aplaudí el trabajo de Olivia Lagunas en “La Chica Conejita” (nuestra crítica en www.entretenia.com), donde interpretaba a un personaje entre niña boba y una fantasía sexual de Playboy dentro de una familia clase media disfuncional. De no haber sabido con anterioridad que la misma actriz era quien interpretaba a Nicolasa, jamás lo habría creído. Olivia cambia su corporalidad, su habla, su cara misma para ser esta india raramuri, desesperada por volver a soñar y encontrar a su hijo. Lo que Lagunas ha conseguido en el escenario es un trabajo digno de ser mostrado a quienes buscan dedicarse a la actuación para entender lo que el talento y el compromiso pueden conseguir.

“Quería ver cómo se le salía toda la sangre.”
 

Bernardo Velasco es mucho más mesurado y contenido en su interpretación de Jacinto. De entrada esto parecería un error de dirección, siendo que el trabajo de Olivia brilla con enorme intensidad mientras que Bernardo es relegado a las sombras. Sin embargo, uno debe entender los roles y caracteres dentro de las comunidades a las que alude “Jacinto y Nicolasa” para poder apreciar que esta aparente inexpresividad de Bernardo se debe más a una inhabilidad de su personaje por reflejar sus emociones al mismo nivel de extroversión que Nicolasa. Finas líneas que dejan entrever un verdadero y concienzudo trabajo de mesa de parte de todos los involucrados. 

“No va a soltarse de la tierra nunca.”
 

México es víctima terrible de la discriminación: el color de la piel, la ignorancia, el huarache y el pinole son motivos de vergüenza, de desprecio. Yo confieso sentir una profunda pena que me hace agachar la cabeza pues al terminar de ver “Jacinto y Nicolasa”, y a lo largo de todo este artículo, he discutido valores teatrales, actorales, dramatismo y escritura cuando el tema a tratar debería ser la profunda injusticia que se vive cada día en estas comunidades indígenas las cuales deberían de llenarnos de orgullo y no, como muchos lo hacemos, tratar de barrerlas debajo de la alfombra, como si se tratara de basura.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

 

OBRA: “Jacinto y Nicolasa”
DRAMATURGIA: Camila Villegas
DIRECCIÓN: Alberto Lomnitz
ACTÚAN: Olivia Lagunas y Bernardo Velasco
DÓNDE: Teatro La Gruta dentro del Centro Cultural Helénico
DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1300
CUÁNDO: Lunes 20:30 hrs.
COSTO: $150. Boletos en taquilla y ticketmaster. Aplican descuentos.
DURACIÓN: 75 minutos sin intermedio.
DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking. 
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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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