YO TENÍA UN RICARDO HASTA QUE UN RICARDO LO MATÓ

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Para todos los mexicanos que exigimos que, no sólo en Chihuahua sino en todo el país, se detenga la violencia.

YO TENÍA UN RICARDO, HASTA QUE UN RICARDO LO MATÓ

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“Esto es Chihuahua, esto es Shakespeare.”

Este es el invierno de nuestro descontento. Todos los días desaparece gente, es asesinada, es reclutada por los narcos para que trabajen para ellos, es obligada a pagar cuotas de extorsión, es orillada a vivir bajo el yugo de uno de los personajes más macabros de la dramaturgia de Shakespeare. Sin embargo, esto no es una tragedia histórica del teatro isabelino escrita por el bardo inglés. No. Esto es Chihuahua desde hace años hasta nuestros días, esto es la realidad de México en 2018, una que todos tenemos que parar.

“Como una roca firme en el camino, no nos moverán.”

Una familia de ferrocarrileros que se ve diezmada por la policía federal, una joven que vive su peor pesadilla en la parte trasera del coche recién comprado de su mamá, un grupo de niños jugando a los sicarios llevan a la realidad lo impensable. La compañía Teatro Bárbaro de Chihuahua aborda su primer montaje de Shakespeare como una creación colectiva a partir de Ricardo III y de historias reales que tristemente suceden a diario en el estado del norte del país. El resultado es “Yo Tenía un Ricardo, Hasta que un Ricardo lo Mató”, una pieza profundamente dolorosa de teatro parte confesional, parte documental que entrelaza con maestría la tragedia del rey deforme con situaciones límites casi imposibles de creer que suceden no sólo en Chihuahua sino a lo largo de un país corrompido hasta la raíz por el crimen organizado, la corrupción y la ambición.

“Malditas las manos que hacen estas heridas.”

Datos duros sobre cuántas personas son asesinadas o desaparecen cada día, un relato sobre un aspirante a cineasta que de momento se encuentra en su propia cinta de Quentin Tarantino en medio de un sembradío de marihuana, una madre que confiesa sin pudor su nula afición por el chocolate para hacer una hiriente analogía sobre los crímenes de odio que suceden en Chihuahua, principalmente a causa de la homofobia. “Yo Tenía un Ricardo, Hasta que un Ricardo lo Mató” está compuesto de siete monólogos, cada uno tomando su sostén en diálogos de la ya antes mencionada tragedia de Shakespeare. Poco a poco en crescendo en su intensidad, en su impacto sobre el espectador, en su crudeza, pero también en su belleza estilística de ser contadas, estas narraciones se vuelven golpes certeros al alma, al centro del ese lugar en el corazón donde radica nuestro amor a México y que no para de sangrar ante tan terrible impunidad. Se dice siempre que la mejor dramaturgia proviene desde un lugar de verdad y de fractura, mejor ejemplo me cuesta en este momento encontrar.





“Villano, tú no conoces ley de Dios ni de hombre.”

Una paleta de grosella se va derritiendo poco a poco, derramando gotas carmín sobre una camisa blanca; una paleta de coco deja el sabor más amargo en la boca de los espectadores que la acaban de disfrutar al darse cuenta de las memorias que guarda en su dulce interior; 300 pesos que son recolectados entre los espectadores, moneda a moneda, arrancan lágrimas de dolor al entender lo que con esa poca cantidad de dinero se puede llegar a comprar. Fausto Ramírez dirige “Yo Tenía un Ricardo, Hasta que un Ricardo lo Mató” con una magistral capacidad para la manipulación emocional de todos los presentes. Ya sea encerrando a una actriz en una pequeña caja o recreando la imagen de La Piedad de Miguel Ángel mientras una madre clama que su hijo no debe ser muerto por tener una preferencia distinta a la de los demás, cada uno de los monólogos que conforman la puesta en escena es dirigido con precisión meticulosa para dar la impresión de un evento informal informativo que lentamente va enredando a los asistentes en una hiriente telaraña imposible de resistir y con el potencial de cambiar formas de pensar y de actuar para mejorar este tan derruido país. Ramírez explota todos y cada uno de los recursos actorales que tiene a su disposición y los combina exitosamente con un puñado de elementos escenográficos y de utilería para llevarlos hasta su máximo impacto posible.

“Si hubiéramos estado presentes, ese día habríamos salvado una vida.”

Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada una mujer abraza un muñeco de trapo que representa a su marido caído por las balas del crimen organizado, un hombre nos cuenta con urgencia como un grupo de personas reunió dinero para pagar una deuda de extorsión y así no perder su fuente de empleo, un niño confiesa que sus amigos y el cometieron un acto innombrable mientras jugaban “inocentemente”. El candor con que cada uno de los miembros del elenco que conforma “Yo Tenía un Ricardo, Hasta que un Ricardo lo Mató” revela sus más profundas entrañas es un hecho teatral que pocas veces se consigue con tal contundencia. Yaundé Santana, Rogelio Quintana, Tania del Castillo, Fátima Íseck, Rosa Peña, Miguel Serna, Iván Mena y Jessica Verdugo desnudan sus alma, ponen sus corazones al descubierto, para sencillamente vernos a los ojos y contarnos cuentos de terror. No hay personajes, no hay ficción, hay total entrega y absoluta honestidad en un hecho escénico que no se podrá olvidar mientras México no sea un mejor lugar para vivir.





“¿Hasta cuándo vamos a ser indiferentes?”

Teatro en el Parque ha sido hasta ahora uno de los eventos teatrales más importantes al que he tenido la fortuna de asistir en los últimos años. Desde el mero divertimento con el fin de acercar a los más jóvenes a la dramaturgia del bardo inglés hasta dos montajes monumentales que nos recuerdan la grandilocuencia que se encierran en la tragedia del Rey de Escocia, este maravilloso proyecto ha iniciado lo que espero sea una tradición anual. Sin embargo, nunca pensé que en medio del Bosque de Chapultepec, justo a lado del museo Rufino Tamayo, me podrían arrancar lágrimas de dolor, mismas que estoy derramando mientras escribo estas palabras, por un Chihuahua que es tan mío como de todos los mexicanos, pues lo que pasa allá, pasa aquí también. Yo tenía un país maravilloso al que siempre he amado con todas mis fuerzas, hasta que un Ricardo lo mató.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Yo Tenía un Ricardo hasta que un Ricardo lo Mató”

DRAMATURGIA: Creación colectiva

DIRECCIÓN: Fausto Ramírez

ACTÚAN: Yaundé Santana, Rogelio Quintana, Tania del Castillo, Fátima Íseck, Rosa Peña, Miguel Serna, Iván Mena y Jessica Verdugo.

DÓNDE: Teatro en el Parque.

DIRECCIÓN: Explanada del Museo Tamayo. Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec.

CUÁNDO: Consulta funciones y horarios en www.teatroenelparque.mx

COSTO: $600, $400 y $300. Boletos en taquilla y en www.ticketmaster.com.mx Existen paquetes para ver más de una obra dentro del Teatro en el Parque, así como boletos gratis. Más información en www.teatroenelparque.mx

DURACIÓN: 100 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Les recomendamos revisar el resto de la cartelera. Cuenta con estacionamiento.

 

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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