OLER LA SANGRE

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Para quienes quieren emprender un recorrido hacia el pasado, la verdad y la unión de la sangre.

OLER LA SANGRE

Por Juan Carlos Araujo

Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)
 
 
“La abuela muere y nadie dice nada hasta que la hueles.”
 

La abuela ha muerto y el aroma que ha dejado su partida ha logrado que lo que queda de esta familia por fin se reúna. El marinero que huyó hace tanto tiempo de esas tierras ha vuelto, encumbrado por un pesado morral y la carga de todo un pasado del que ha tratado de escapar toda su vida. Ella, aquella que ha hecho de este lugar su hogar y que nunca ha explorado el mundo, lo conocerá por vez primera, descubrirá que tiene un hermano y que su madre se encuentra muy cerca. Dos sobres, dos cartas y un viaje que hacer hacia la villa de al lado; un recorrido que traerá luz a donde antes había oscuridad, que buscará crear un vínculo de sangre donde hace muy poco no había absolutamente nada.

“Reconóceme, soy tu hermana.”
 

La imposibilidad de huir del pasado, los vínculos indisolubles que se crean entre dos personas por el simple hecho de compartir el mismo origen y la fútil búsqueda de una verdad que nunca será absoluta son algunos de los temas que explora el dramaturgo Ro Banda en su más reciente pieza “Oler la Sangre”. Tras la muerte de su abuela, Alo, un hombre de mar que pareciera haber perdido toda la luz de su interior,  regresa a su pueblo natal para encontrarse con su hermana Ale quien desconocía por completo de su existencia. Este encuentro y un último deseo de la recién fallecida obligará a estos dos hermanos a emprender juntos un recorrido que los llevará a descubrirse, a reconciliar un oscuro pasado y posiblemente a continuar sus existencias con un poco más de paz.

“Este será un viaje que tendrán que emprender juntos.»
 

El verdadero encanto de la dramaturgia de Ro Banda en “Oler la Sangre” radica en la habilidad con la que este joven escritor consigue transportar a los asistentes a un lugar perdido en el tiempo, nostálgico y antiguo a la vez, recreando una atmósfera de antaño que nunca se llega a identificar pero que resulta curiosamente familiar. Una obra que pareciera dar la impresión de haber sido escrita hace más de un siglo, que casi evoca a una atmósfera rural europea, “Oler la Sangre” encierra en su interior una historia familiar de gran dolor y complejidad, incluso de tintes profundamente oscuros, envuelta en un estilo delicioso de narraturgia muy difícil de conseguir.

“Hermano, me había dicho hermano.”
 

La propuesta escénica que Ro Banda hace para su propio texto es interesante al crear todo un juego de iluminación a partir del uso de unas cuantas lámparas de piso, mismas que reflejarán diferentes estados anímicos y psíquicos en cada uno de los personajes. Este constante ir y venir de la luz en escena se une a un camino creado por los mismos cables de las lámparas, ambos diseñados por Felix Arroyo, donde se puede recorrer en no más de tres pasos, pero que llega a simbolizar tanto el viaje recorrido de una población a otra o incluso el andar de toda una vida dedicada a huir del pasado. Este buen trabajo de conceptualización escénica logra fortalecer el ritmo de la obra que llegará a ser mucho más robusto en la medida en la que Banda establezca mayores acentos tanto en tono como en el arco dramático por el que pasan los personajes. Una vez desarrollados estos puntos, “Oler la Sangre” tendrá todos los elementos necesarios para crecer hasta su máxima capacidad.

“Tengo miedo de que te duela tanto como a mí.”
 

Actoralmente, el reto que representa la interpretación de Ale y Alo es sin duda mayor, ya que “Oler la Sangre” es una obra cargada de emociones contenidas, llena de todo aquello que no se dice, lo que no explota pero que quisiera gritarse, de fantasmas ocultos en lo más recóndito de la mente, y que deben reflejarse sobre el escenario con tan sólo una inflexión, un gesto o una mirada. A partir de esta situación, Cecille Zepol y Carlos Rodríguez Rodríguez deciden construir sus personajes en tonalidades divergentes, hecho que podría constituir un elemento conflictivo para el espectador. Sin embargo, la fuerte personalidad de Zepol logra brillar con la misma opacidad con la que Rodríguez desarrolla a su personaje, lo cual da como resultado un contraste interesante entre una mujer llena de vida y un hombre a quien claramente le ha agotado su misma existencia. Un mayor trabajo por parte del director en conseguir acentos emocionales será de gran ayuda a que los espectadores se entreguen mucho a más a este viaje que recorren ambos personajes, consiguiendo así un impacto mucho más poderoso, sobre todo hacia el final de la obra.

“No te estoy pidiendo que me cargues, te estoy pidiendo que camines junto a mí.”
 

Todos estamos huyendo de algo. Todos guardamos recuerdos en nuestro corazón que quisiéramos ver desaparecer pero que sabemos que, por más que lo intentemos, nunca serán posible de olvidar. A más de 25 años del hecho, aún despierto a veces en la noche con la imagen de mi papá convulsionándose sobre una cama debido al ataque cardiaco que finalmente le robó la vida. Nunca lo voy a olvidar, sólo puedo estar en paz con el hecho de que esa memoria es parte integral de mí, de quien soy ahora, un acontecimiento que comparto con mis dos hermanos, quienes han sido igualmente marcados, aunque de distinta manera, por tan catastrófico evento. Somos sangre el uno del otro, no hay pleito o discusión que pueda borrar ese vínculo que se creó el día en que nacimos y que nos acompañará hasta nuestra muerte.

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Juan Carlos Araujo: entreteniateatro@gmail.com
Ricardo Castillo Cuevas: entreteniafoto@gmail.com

DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
 
OBRA: “Oler la Sangre”
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Ro Banda
ACTÚAN: Cecille Zepol y Carlos Rodríguez Rodríguez.
DÓNDE: Casa Actum
DIRECCIÓN: Héroes del 47 no. 9, Colonia Churubusco. Casi esquina con Tlalpan y a una cuadra de metro General Anaya.
CUÁNDO: Viernes 20:30, Sábado 20:00 y Domingo 18:00 hrs.
COSTO: $200 entrada general. Cupo limitado a 40 personas.
DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio.
DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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