MENDOZA

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Para quienes quieren ovacionar una revolucionaria adaptación a la tragedia del rey de Escocia en su ambiente natural.

MENDOZA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

 

“Antes de que el gallo cante nos encontraremos con el tal Mendoza.”

En la explanada justo afuera del Museo Rufino Tamayo, en medio del Bosque de Chapultepec, se erige una estructura de metal y madera de gran altura: un teatro isabelino en semejanza al teatro de la Rosa donde se presentaron las obras del inmortal William Shakespeare. Siguiendo la tradición de otras grandes ciudades del mundo, siendo la más representativa Nueva York, Teatro en el Parque llega a la Ciudad de México para ofrecer al público siete montajes alrededor de la figura del bardo inglés.

“El aire huele a podrido y la lluvia a sangre derramada.”

La guerra es tierra fértil para que surjan héroes y villanos, afloren las más perversas de las ambiciones, se planeen las más nefandas de las traiciones. La bruja y su gallina Canosa vaticinaron el porvenir de quien a base de sangre derramada se convertiría primero en general de división, más tarde en el mismísimo gobernador. Mendoza no será el rey de Escocia, así como el México revolucionario dista mucho de ser la Inglaterra isabelina. Sin embargo, Shakespeare no conoce ni de tiempos ni de fronteras, como tampoco lo hace la muy podrida alma humana.

“¿Ha visto usted a un coyote temblar por las gallinas?”

En plena Revolución Mexicana el General Mendoza, manipulado por su amada Rosario, se mancha las manos de carmín en su desesperada lucha por alcanzar todo aquello que una hechicera le profetizara. Los hijos de Aguirre alcanzarán glorias similares a las de Mendoza, el Gobernador Becerra habrá de morir traicionado en una hacienda y la ama y señora del lugar seducirá la locura producida por una culpa que ninguna cantidad de agua podrá limpiar. El inmortal poder detrás de la dramaturgia de William Shakespeare radica, en muchos sentidos, en su capacidad de ser adaptado a cualquier momento histórico y no perder un ápice de su relevancia o urgencia. “Mendoza” es una magistral adaptación a Macbeth realizada por Antonio Zúñiga y Juan Carrillo que lleva la tragedia del rey de Escocia a los tiempos de Pancho Villa.

“Que duerma en esta casa Montaño para que no despierte.”

Referencias al gobierno de Vicente Fox y a los desaparecidos de Ayotzinapa, un uso preciso del lenguaje para transportar al público al México de principios del siglo XX, personajes complejos y perfectamente dimensionados en su momento histórico que se apropian de los diálogos shakesperianos con toda naturalidad. Entre muchos y variados méritos dramatúrgicos, “Mendoza” se destaca por tener una verdadera propuesta en su dramaturgia, haciendo toda una serie de paralelismos entre la Revolución Mexicana y el México del siglo XXI, hecho que alcanza una nueva dimensión justo en este año electoral. Las palabras del bardo inglés recitadas por un gobernador que poco menos que declara su permanencia en el poder de manera indefinida, declamadas por una mujer que ha sido podrida por su inmensa sed de poder, susurradas por Mendoza tras haber muerto a su mejor amigo quien habrá de volver para maldecirlo, nunca han sido más urgente de escuchar que antes de los comicios que podrían cambiar el porvenir de este país.





“El trono es tuyo… mátalo.”

Mendoza es bañado amorosamente por su mujer Rosario, tal como lo haría siglos atrás María Magdalena con Jesús. Más adelante, el mismo Mendoza le ofrece un cigarro a Aguirre, señalándolo como el hombre que debe ser asesinado, tal y como lo hiciera Judas a su señor con un beso. Hacia el final de la obra, un gobernador desesperado se postra en el suelo con los brazos extendidos en forma de cruz mientras que una gallina le picotea el costado como se le hizo a Cristo con una lanza estando en la cruz. Más allá de una estupenda dramaturgia, la dirección que Juan Carrillo propone en “Mendoza” la eleva a un término que realmente no se debe usar a la ligera: una obra maestra. Participaciones del público que los convierten de testigos pasivos a cómplices enmascarados de la puesta en escena, incluso con una buena cerveza helada en la mano, detalles sencillamente elegantes y hermosos como el desaparecer a una bruja con tan sólo lanzar una tela blanca al cielo o asesinatos escenificados con una violencia deliciosamente teatral, ya sea con la explosión de una manzana en el suelo o con telas remojadas en el más negro de los carmesí son pruebas contundentes e irrefutables de la impactante capacidad que demuestra Carrillo para llevar un texto hasta sus últimas consecuencias sin atravesar ni una sola vez la línea del exceso, manteniendo el montaje en una línea de contención y precisión que sencillamente hipnotizan en su belleza y horror por igual.

“Ya me cansé de limpiarme la sangre de los tuyos.”

El gobernador Montaño lanza un apasionado discurso a sus seguidores que refleja la ambición que lleva en el corazón; como toda una mujer de ranchería, Rosario habla en tonos serviles a su hombre al mismo tiempo que le llena el alma de ponzoña y de ideas de asesinar; Mendoza poco a poco va dejando su personalidad apocada de lado y da paso a una bestia sanguinaria a medida que sus crímenes se acumulan. Lejos de la ruta fácil de exacerbar las emociones de los personajes shakesperianos, el director Juan Carrillo establece una línea actoral contenida y sutil que lleva a los actores a una interpretación mucho más honesta y profunda. Enrique Arreola, Mónica del Carmen, Roam León y Martín Becerril cumplen con este planteamiento con creces en los papeles de Mendoza, Rosario, Aguirre y Montaño respectivamente, regalando pasiones verdaderas sin la necesidad de trucos escénicos. El resto del elenco conformado por Erandeni Durán, Leonardo Zamudio, Germán Villarreal, Ulises Martínez, Alfredo Monsivais y Yadira Pérez realiza un magnífico trabajo, destacando el trabajo de Durán y de Zamudio como la muy confianzuda sirvienta de Rosario y del desagradable Meco. Todos los participantes de “Mendoza” sobre el escenario demuestran sus capacidades histriónicas bajo el mando de un director que los ha sabido guiar por el mejor camino.

“Un hombre si no es tu incondicional mejor que esté muerto.”

Me siento afortunado de vivir en una ciudad donde puedo ver en una misma semana tres versiones profundamente diferentes e igualmente interesantes de la tragedia del rey de Escocia, todas al aire libre con el bosque a mi alrededor. Ya sea ahogándome de la risa con “Algo de un Tal Shakespeare”, maravillado por la propuesta de García Lozano en “Macbeth” o sencillamente poniéndome de pie y aplaudiendo rabiosamente una obra maestra del teatro mexicano contemporáneo en “Mendoza”, Teatro en el Parque es un proyecto que debe repetirse año con año, ser una nueva tradición en la Ciudad de México. Shakespeare es grande, siempre lo ha sido, con grandes creadores escénicos llevándolo a la escena junto al Museo Rufino Tamayo lo es aún más.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Mendoza”

DRAMATURGIA: Antonio Zúñiga y Juan Carrillo

DIRECCIÓN: Juan Carrillo

ACTÚAN: Enrique Arreola, Mónica del Carmen, Erandeni Durán, Leonardo Zamudio, Martín Becerra, Germán Villarreal, Ulises Martínez, Alfredo Monsivais, Roam León y Yadira Pérez (alternan funciones).

DÓNDE: Teatro en el Parque.

DIRECCIÓN: Explanada del Museo Rufino Tamayo. Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec.

CUÁNDO: Consulta funciones y horarios en www.teatroenelparque.mx

COSTO: $600, $400 y $300. Boletos en taquilla y en www.ticketmaster.com.mx Existen paquetes para ver más de una obra dentro del Teatro en el Parque, así como boletos gratis. Más información en www.teatroenelparque.mx

DURACIÓN: 120 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Teatro en el parque recrea un teatro isabelino al aire libre para poder representar las obras de Shakespeare como se hacía en su época. Cuenta con estacionamiento. Les recomendamos revisar el resto de la cartelera.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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