LAS HIJAS DEL AZTLÁN

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Para quienes desean reír con un cabaret irreverente, prehispánico y feminista proveniente del lugar de las garzas.

LAS HIJAS DEL AZTLÁN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Mi primer punto de ataque es rescatar la virilidad.”

Las cosas están que arden en el paraíso. El Frente Heterosexual Activamente Activo de los Onvres (FHAALO), anda planeando regresar a la Tierra para reestablecer ciertos valores tradicionales perdidos donde los hombres son machos y las mujeres sumisas. Sin embargo, la musa de la Historia ClioTilde no piensa permitir que esto suceda. Con ayuda de las hilanderas del destino, mejor conocidas como la Enchilada, la Enmolada y la Tostada, esta aguerrida y empoderada hembra levantará una enardecida voz contra una sociedad que mata a las mujeres sin piedad.

“A estos les gusta la comedia… pero no la divina.”

César Enríquez, una de las voces de mayor resonancia en el cabaret contemporáneo y responsable de poderosos montajes como La Prietty Guoman, Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores y Petunia Sola en Sanborts aborda el tema del machismo, la falocracia, la violencia de género y la discriminación en su más reciente propuesta “Las Hijas del Aztlán”. Con su ya característico sentido del humor, ácido y confrontacional, el dramaturgo y director une esfuerzos con la compañía de Teatro Penitenciario para realizar un espectáculo de cabaret que pone en tela de juicio lo que constituye lo femenino y lo masculino. Asimismo, es una feroz denuncia a una sociedad que no permite que un hombre tenga sentimientos, trate con respeto a las mujeres o sea libre de ejercer su derecho a usar tacones altos.




“¿Tequila o medias de seda?”

Un monólogo inicial a cargo de ClioTilde introduce al público a un mundo místico y paradisiaco donde los dioses y los héroes mandan y las mujeres no tienen mucho que hacer. Más adelante conoceremos a los miembros de FHAALO, el General Próculo y a su achichincle Pápalo Quelite, quienes darán a conocer su muy ofensivo manifiesto. A partir de ahí se detonan toda una serie de ingeniosas y divertidas situaciones que llevarán a Pápalo a asumir la personalidad de la bella Kristal y a la musa a ocultar su traje típico de Chihuahua en favor de un saco y un sombrero de hombre.

“Entre más picuda la bota, más grande la jota.”

Libre de toda referencia a la vida en prisión de los actores, parte necesaria en la evolución de la compañía teatral, y con muy ligeros guiños a montajes de Enríquez anteriores, “Las Hijas del Aztlán” utiliza la comicidad, el albur y un fuerte número de altisonancias para provocar carcajadas.  Al mismo tiempo, también se genera una fuerte reflexión sobre los valores erróneos que como sociedad hemos exaltado y que han permitido que las mujeres sean, en pleno 2018, blanco de la violencia. La obra es inteligente, así como manipuladora y demasiado larga, cayendo en lo reiterativo a momentos. Enríquez, cínicamente, se burla de este último hecho dentro del mismo montaje, haciendo en una escena chistes de que ya hay que pasar a otra cosa. En el proceso de evolución y maduración de la puesta en escena este punto se irá corrigiendo. Sobre la manipulación, el creador escénico ha demostrado su habilidad en ello, perfeccionando cada vez más el provocar hilaridad para después lanzar una dura bofetada.




“No más cabrones, nomás nosotras.”

En el escenario, varios telares artesanales conforman la escenografía diseñada por Javier Ángeles. Se evoca al paraíso azteca, a las tradiciones artesanales de nuestro país y los hilos que entretejen el destino de todos.  La música en vivo, a cargo de Eduardo Sixto Escobar y uno de los elementos mejor sólidos de toda la propuesta, lleva la puesta en escena del terreno fársico hasta lo casi caricaturesco gracias a un hilarante diseño sonoro que permite que una manguera de hule se utilice para hacer sonidos de lluvia o que una flauta marque los pasos sigilosos de Pápalo Quelite. La dirección en “Las Hijas del Aztlán” de César Enríquez, apoyado por la siempre pertinente asistencia de Luis Montalvo y el trabajo en la coreografía y el movimiento escénico de Erika Mendez, hace buen uso de los recursos que tiene a su alcance en el espacio al mismo tiempo que aporta una estética que consigue desdibujar las líneas que separan lo “tradicionalmente” masculino de lo femenino. Unas bien insertadas interacciones con el público, incluyendo una encuesta para medir el machismo en un incauto espectador, apoyan el ritmo que a lo largo de la temporada irá mejorando, aportando a que la misma dramaturgia no se sienta tan larga.

“¿Por qué nos han dejado tan solas?”

La Enmolada entra a escena claramente ebria. Sin decir palabra, se pasea por el espacio con la mirada perdida y pasos poco estables. De su pecho saca una lata de cerveza Indio y la mira con un deseo que podría leerse como amor o como lujuria. Un momento silente muy bien llevado por Héctor Maldonado quien demuestra el largo y fructífero camino que ha recorrido desde que se lo vi actuar por primera vez en el interior de Santa Marta Acatitla en El Mago Dioz. Lo mismo se puede decir de Ismael Corona, quien en el papel de Pápalo Quelite demuestra una verdadera capacidad en su lenguaje corporal, para la comedia y para el clown ya sea travestido y bailando pole dance o reaccionando con ojos desorbitados a los secreteos que recibe al oído de la musa de la historia. Javier Cruz, como ClioTilde y la paralítica Tostada, se permite el ridículo mientras mueve los pliegues de su vestido típico con coquetería, mientras que Antonio Hernández expande su rango histriónico como el muy macho Próculo o como la borracha Enchilada con su gato de zacate al hombro.




“Así, soltera y empoderada vivo plena y feliz.”

Atrás han quedado las confesiones y temáticas carcelarias de Ricardo III Versión 0.3 o de La Espera, los miembros de la Compañía de Teatro Penitenciario ahora se divierten, abordan nuevos lenguajes escénicos como el clown en La Mordida o el cabaret de “Las Hijas del Aztán”. Más allá de sus calidades actorales en este montaje en particular se debe admirar la evolución, los retos tomados, la evidente búsqueda que estos cuatro nacientes histriones están realizando sobre el escenario para cada vez ofrecer mejores obras a un público que no tiene porque regalarles el aplauso por su duro pasado sino entregarlo con gusto resultado de un gran trabajo. Si a esto se suma un discurso contundente sobre la violencia de género, uno entregado con overoles y tacones altos, la recompensa es una merecida ovación de pie.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Las Hijas del Aztlán”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: César Enríquez

ACTÚAN: Ismael Corona, Javier Cruz, Héctor Maldonado y Antonio Hernández.

MÚSICA EN VIVO: Eduardo Sixto Escobar

DÓNDE: El77 Centro Cultural Autogestivo

DIRECCIÓN: Abraham González 77, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:30, Sábado 19:00 y 21:00 horas. Hasta el 8 de diciembre.

COSTO: $200 entrada general.

DURACIÓN: 75 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.Principio del formulario

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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