LA MADRIGUERA

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Para quienes desean aplaudir las múltiples formas en que una familia lidia con la pérdida.

LA MADRIGUERA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“No va a pasar que un día despertemos y todo va a estar bien.”

Ya han pasado 8 meses desde el accidente. Beca dobla con cuidado la recién lavada ropa que era de Dani para poderla donar mientras su hermana le comparte una gran noticia. Todo pareciera normal, nada más lejano de la realidad. En un oscuro rincón de una sala un hombre no para de mirar videos en su computadora con la mirada nublada; para quien alguna vez fue madre de tres y abuela de uno, el alcohol ha sido un buen escape; en un cómic de ciencia ficción un joven conductor está tratando de lidiar con su culpa; y una desesperada ama de casa se ha convertido en una bomba de tiempo que cuando estalle hará cimbrar las estructuras mismas de lo que alguna vez fue un hogar.

“No fue culpa de nadie.”

Un hombre busca la intimidad con su esposa en un vano intento de comenzar a sanar; un desafortunado regalo de cumpleaños que desata un injustificadamente agresivo pleito, clara manera de liberar un poco de la tensión acumulada ante lo que no se puede hablar; una mujer mayor trata de hacer un paralelismo entre la maldición Kennedy y lo que ha ensombrecido por completo la felicidad de toda una familia. Las muy distintas formas en que cinco personas manejan el duelo ante la muerte de un ser querido, desde el más mortecino silencio hasta la violencia en un supermercado por culpa de un juguito de mango, son exploradas con dolorosa veracidad y gran sentido del humor por el escritor David Lindsay-Abaire en “La Madriguera”, ganadora del Premio Pulitzer en 2007. Bajo la adaptación del también director José Sampedro, la acción se ubica a la perfección dentro de la realidad de la Ciudad de México, con menciones a Santa Fe o Polanco o a la preparación de un buen flan napolitano.




“Tienes que parar de borrarlo.”

Javi se sienta en la sala de su casa para poder ver algunos videos de Dani en su laptop, actividad que realiza de manera constante durante su día a día desde el accidente. De pronto lanza un grito urgente a su esposa Beca pues algunos videos han desaparecido. Al ser cuestionada, la casi hermética mujer responde casual que a la hora de limpiar el disco duro eliminó varias cosas, incluyendo muchos videos, asumiendo que había un respaldo para todo. La furia que se desata es sin paralelo, abriendo la caja de Pandora a toda una serie de reclamos y acusaciones producto del dolor que embarga a ambos. Una de las razones por las que “La Madriguera” es tan poderosa y contundente radica en la tan precisa construcción de los personajes. El dramaturgo, responsable también de la obra Buenas Personas, captura las diferentes caras del dolor en voz de distintas personalidades, utilizando como eje narrativo a Beca, quien ha optado como mecanismo de defensa el sencillamente no sentir nada. Sin embargo, es importante también aplaudir el muy ligero atisbo de esperanza que Lindsay-Abaire ofrece a aquellos sumergidos en la pena a partir de la teoría de universos paralelos y sobre la que se explica el título de la obra. Es en esta aparentemente pequeña línea argumental que la obra se aleja de una mera exposición casi voyerista del dolor, y plantea una posible salida a la herida para la cual no existe salida alguna.

“Para tu información, los accidentes no son contagiosos.”

Es el cumpleaños número 33 de la impulsiva y un tanto caótica Isa. Se ha partido un pastel preparado por Beca y los regalos están próximos a abrirse. La tensión que se percibe dentro de tan linda festividad se podría cortar con un cuchillo. La mención de un hermano fallecido hace varios años provoca el primer estallido, las cosas sólo se ponen peor cuando se descubre un certificado de regalo para una tienda de ropa para bebés y un set de baño. Los dos mayores aciertos del director José Sampedro en su propuesta de “La Madriguera” se encuentran en su preciso manejo de la tensión dramática a partir de pausas y silencios, de miradas cruzadas y todo aquello que se grita sin pronunciar palabras, así como de establecer un tono serio, realista, libre prácticamente de todo melodrama que pudiera manipular las emociones del espectador. Gracias a este par de muy atinadas decisiones es que la obra de casi tres horas de duración funciona de manera fluida y libre de pesadez. Apoyado por un sólido trabajo de escenografía por parte de Javier Gerardo Ángeles, quien juega con varios niveles para crear los diferentes espacios en la casa de Beca y Javi, y de una iluminación por Víctor Zapatero capaz de crear gran intimidad, incluso magia estrellada, la dirección de José Sampedro es un triunfo sobre tan complejo reto.




“No estoy hablando de culpa, estoy hablando de consuelo.”

Mientras terminan de guardar en cajas lo que alguna vez fueron las pertenencias de un dulce niño de apenas 4 años, madre e hija logran entablar una franca conversación sobre el proceso de duelo. Con profundo dolor en la mirada, mientras se aferra a un muñeco en las manos, Naty le menciona a Beca que el dolor no se va a ir, sólo se vuelve más manejable con el tiempo. Toda la pena por la que ha pasado Naty por la ausencia de su nieto y de su hijo se han encapsulado de manera precisa en su mirada, en su cuerpo cansado, en ese juguete que pareciera ser un verdadero salvavidas. “La Madriguera” tiene una de sus cartas más fuertes en la presencia sobre el escenario de Margarita Sanz, una actriz que opera por completo a partir de la entraña, de crear verdaderas emociones, mismas que transmite con igual cantidad de profundidad o de hilaridad con su peculiar y preciso manejo de la comedia. A su lado, Nacho Tahhan muestra una madurez actoral sin precedente, siendo capaz de capturar el dolor que embarga su alma con la misma veracidad con la que desata su rabia contra aquellos que atentan contra la memoria de su hijo. No menos destacable es Adriana Llabrés como la embarazada Isa, quien aborda al personaje desde un realismo excepcional. El elenco se completa por Johanna Murillo en el papel de Beca y Dalí Jr González como el joven Diego. A pesar de que Murillo se encarga del personaje eje de la obra, la actriz no llega a transmitir el muy contenido infierno que está viviendo Beca, llevándola al territorio de la forma y no del fondo.

“Esta es sólo la versión triste de nosotros.”

No hay receta para el duelo. Cuando mi padre murió hace 33 años mi familia se resquebrajó por completo, cada uno de los integrantes haciendo uso de diferentes mecanismos de supervivencia. Mientras que mi madre se enfocó al trabajo para poder poner comida en la mesa, mi hermana desarrolló epilepsia psicosomática y mi hermano entro en una terrible fase de rebeldía. Yo, a los 12 años, entré en una depresión clínica durante seis meses, terminando con alimentación intravenosa ante mi inhabilidad mover la boca para masticar. “La Madriguera” nos lleva a lugares profundamente oscuras de la psique humana, un camino muy necesario de recorrer en el escenario pues es inevitable que en algún momento lo experimentemos en vida.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Madriguera”

DRAMATURGIA: David Lindsay-Abaire

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: José Sampedro

ACTÚAN: Johanna Murillo, Nacho Tahhan, Margarita Sanz, Adriana Llabrés y Dalí JR González.

DÓNDE: Foro Lucerna

DIRECCIÓN: Lucerna 64 esquina con Milán, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Martes 20.30 horas. Hasta el 17 de Septiembre 2019.

COSTO: $450. Boletos en taquilla y www.ticketmaster.com.mx

DURACIÓN: 180 minutos con un intermedio de 10 minutos.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera, así como las obras que se presentan en el Teatro Milán, dentro del mismo edificio.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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