LA ESCUELA DEL DOLOR HUMANO DE SECHUÁN

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Para quienes se atreven a enfrentar la sinrazón detrás de la agonía humana.

LA ESCUELA DEL DOLOR HUMANO DE SECHUÁN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“¿Sabes algo del dolor?”

El noticiero de las seis anuncia, tras informar que Paty Chapoy será la nueva Secretaria de Cultura y que Evo Morales se integra como jurado de La Academia, que las instituciones educativas instaladas en zonas rurales dedicadas a enseñar la manera en que el dolor se integra a la vida cotidiana han sido motivo de cierto escandalo social. Quizás la pintora extranjera, la madre de la fortaleza o el niño sin brazo puedan brindar mayor claridad al asunto, aunque es poco probable ya que la situación es por demás bizarra. Uñas calcinadas, un tatuaje en vivo, encaje y látex, todo es parte de un universo donde la agonía y el éxtasis se confunden mientras que un pájaro obeso arde en llamas. Disfruten la transmisión.

“¿De qué se trata esto que están viendo?”

El escritor mexciano/peruano Mario Bellatin, aclamado por su novela Salón de Belleza, desdibuja la línea que separa la narrativa de la dramaturgia en “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán”. Su manuscrito, con anotaciones para la representación sin que sea propiamente teatral en su naturaleza, está conformado por 28 textos aparentemente disociados entre sí. No obstante, lo que el escritor propone es una crítica social, una denuncia a practicas barbáricas en la sociedad y una muestra de cómo el dolor, la discapacidad y el escarnio son parte de la vida diaria.




“Después de 7 operaciones me he vuelto un tanto adicta a esta sensación que llamamos dolor.”

Un noticiero protagonizado por un perverso conductor lleno de secretos recibe a invitados que se transforman y deforman durante la transmisión; una mujer que avista el mundo desde una ventana escala una pared e interactúa con un hombre pájaro que ha sido mutilado; un equipo de volibol conformado por miembros a quienes les faltan los dedos de la mano derecha explican su origen y una asistente de dirección se dirige directamente al público para aceptar que pareciera que nada de esto tiene sentido. Como resultado de un laboratorio escénico llevado a cabo por la compañía de teatro Efímero Teatro, el también director Guillermo Revilla sintetiza la obra de Bellatin, presentando un texto que se fusiona directamente con la propuesta de montaje. De tal manera, esta puesta en escena metateatral de “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán” representa tanto el discurso original del autor como las ideas que los miembros de Efímero Teatro quieren poner sobre la mesa. Por ejemplo, el masoquismo benigno que lleva a los seres humanos a arrancarse las costras o a tatuarse. o la absoluta verdad de que la discapacidad física es a única minoría a la cual cualquier persona podría acceder en cualquier momento. El resultado es oscuro, poco asequible para muchos, perturbador, provocador, y al mismo tiempo fascinante, sin duda.

“El dolor del alma se mide… cantando.”

Mientras el público toma sus asientos, se percibe que en la parte más alta del teatro se ha instalado una estación de tatuajes donde una persona ajena a la producción está siendo tatuada en vivo. Este hecho se transmitirá en tiempo real en una televisión que domina el centro del escenario, misma que sirve para proyectar el fársico noticiero con que inicia la obra. Un pizarrón en el que el niño sin brazo dibuja una proyección de su realidad, una pared de escalar con tres pantallas en las que aparece un ser grotescamente blanco para compartir sus confesiones y un abrazo entre un pájaro de corte sadomasoquista y una frágil mujer semidesnuda son algunos de los estímulos visuales que enmarcan la acción. Sin el menor problema con confesarlo, la dirección de Guillermo Revilla a “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán” es intencionalmente compleja, provocando que el espectador vaya llegando a sus propias conclusiones en base a los estímulos recibidos. Apoyado por un sólido equipo creativo que incluye a María María en la iluminación y el diseño del espacio, Diana García en la multimedia, y Aldo Vázquez Yela en el vestuario, Revilla consigue que el poco espacio disponible se convierta en al menos cinco universos que coexisten en armonía, todos ellos atados por la línea unificadora del dolor que une a los bizarros personajes que los habitan. Ciertamente, este trabajo es un reto a la imaginación, uno que demanda la participación pasiva del asistente a completar los huecos con sus propios referentes, a entender la propuesta desde su relación con el dolor, ya sea infligido por gusto como en el caso de un tatuaje o no intencional como es resultado de la brutal violencia que se vive a diario en nuestro país.




“Hoy tengo mi propio muerto.”

José Juan Sánchez se ha convertido en una criatura albina atrapada en sus perversiones y en las tres pantallas en que se muestra; Edgar Valadez se apropia por completo de la ineptitud de un comentarista, incluso cayendo en estereotipos raciales al informar desde China; debajo de una extraño peinado que cubre la mayor parte de su cara, Héctor Iván González manipula diestramente su brazo artificial mientras dibuja con gis su ambiente familiar. “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán” funciona gracias al comprometido y efectivo trabajo actoral de su elenco. Además de los arriba ya mencionados, se destaca la labor de Tania María Muñoz quien se muestra violenta en las alturas de la pared que escala con la misma facilidad con la que se vulnera en manos de su captor de látex. Igualmente loable, Priscilla Imaz baila y se fractura en encaje, una artista débil que debe sacar fuerzas de su propio interior para no abatirse por el peso de sus propias fallas. La puesta en escena es lograda, en gran parte, gracias a que cada uno de los actores sobre el escenario se dejan llevar por la sinrazón hasta sus últimas consecuencias del absurdo y lo doloroso.

“No es lo mismo un ahorcado que un decapitado.”

Tiene menos de seis meses que me tatué tres imágenes que ahora son parte de mi piel y que me sacaron gritos de exquisita agonía mientras cobraban vida. No tiene ni tres días que me lastimé uno de mis dedos mordiéndome una uña, hecho que provoca que el escribir estas líneas me duela. El ser humano es complejo en su relación con la violencia, con el dolor, con la discapacidad, con aquello que nos recuerda que estamos hechos de carne y hueso, que somos seres en proceso de descomposición. Una escena clave en “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán” muestra una serie de fotografías que se hicieron años ya a muertos como si se encontraran dormidos. Las formas de lidiar con nuestra mortalidad cambian con el tiempo, mutan como lo hace nuestra ideología, pero la inalienable realidad es que, con o sin dolor, nos acercamos cada día más a la tumba.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Escuela del Dolor Humano de Sechuán”

DRAMATURGIA: Mario Bellatin

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: Guillermo Revilla

ACTUAN: Priscilla Imaz, Héctor Iván González, Tania María Muñoz, José Juan Sánchez y Edgar Valadez.

DÓNDE: Teatro Santa Catarina

DIRECCIÓN: Jardín Santa Catarina 10, Plaza de Santa Catarina, Coyoacán.

CUÁNDO: Miércoles, Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 hrs. Hasta el 2 de Febrero 2020.

COSTO: $150. Boletos en taquilla. Aplican descuentos.

DURACIÓN: 75 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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