LA CABRA O LA FÁBULA DEL NIÑO Y SU DOBERMAN

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Para quienes se atreven a entrar en el brutalmente violento mundo de los sicarios a costa de la individualidad.

LA CABRA O LA FÁBULA DEL NIÑO Y SU DOBERMAN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Pronto se me dejará de castigar… tanto.”

Los elefantes se columpian sobre la tela de una araña en una canción que se ha convertido en parte de la interminable tortura. El silbato suena y Perra reacciona de manera obediente. Pronto Marrana dejará de quejarse y también obedecerá. En este infierno sicario, nadie tiene nombre ni voluntad, sólo la misión de cuidar a una cabra pues en ella se encierra el secreto para la supervivencia del más fuerte. ¡Que suene la música y que comiencen los golpes! Esto no se acaba hasta que haya derramamiento de sangre.

“Mi cerebro está creciendo más que mi cráneo.”

Perra y Marrana, dos hombres encerrados en una especie de corral circense, tienen la misión de cuidar a una cabra, ya que su destino será el mismo que compartan ellos, para bien o para mal. En medio de una canción infantil que se repite hasta la eternidad, peleas salvajes donde los golpes es lo que menos duele y demás torturas diseñadas por el mariscal, comienza un lento pero sistemático proceso en el que el “yo” desaparece por completo. Los procesos de deshumanización por los que debe pasar una persona para poder acceder a los altos rangos dentro de los sicarios son retratados de manera bestial por Guillermo Revilla en su obra “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman”, una pieza experimental que lleva al límite tanto a sus personajes como a los espectadores mientras que se adentran al averno que reside en una de las agrupaciones más sanguinarias de nuestro historia.




“Lo que le toca a uno les toca a todos.”

La historia de como fue creada la raza de perros Doberman y su relación con la violencia, las razones por las cuales en los circos sólo se pueden tener a elefantas, una madre que espera con ansias el regreso de su hijo a casa y un ser sin rostro que quema cuerpos lentamente en un tambo. Oscura en su lectura y abierta en su interpretación, “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman” es un texto sin concesiones que demanda del espectador su absoluta atención así como una apertura a la compleja narrativa que de entrada puede provocar rechazo del espectador casual. Sin embargo, si se decide jugar el juego propuesto, uno es capaz de desentrañar una perturbadora narrativa que lleva a conocer el abrumador y barbárico proceso en el que una persona es capaz de perder por completo su identidad para poder ser parte de un grupo de asesinos capaces de cortar una garganta sin el menor resquemor. Revilla expone una grotesca realidad, está en cada uno de nosotros verla con repudio y asco o como la exposición de un hecho que, por más terrible que sea, es muy real hoy en día.

“Alguien tiene que pagar por nuestra falta.”

Las puertas del corral donde Perra y Marrana se encuentran encerrados se abren y el mariscal entra bailando al ritmo de What is Love de Hadddaway. Con cada pitido de su silbato, los aspirantes a ser reaccionan como si se trataran de perros de Pavlov. Más adelante, una pelea se desata, dando pie a una extendida escena de combate escénico donde los cuerpos salen volando y los golpes sobre los cuerpos suenan sumamente reales. Si el texto es duro de absorber, la dirección de Guillermo Revilla para “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman” lo es aún más. Un traje de piel humana, malabares con manos y pies cortados, y un impresionante trabajo de Miguel Ángel Barrera en el diseño de las escenas de pelea, son algunos de los elementos que conjunta el director para alcanzar visuales arrebatadores que al mismo tiempo impactan y horrorizan. Siguiendo la misma línea de la dramaturgia, el montaje no es amable con el público, lo confronta y lo violenta de la misma manera en que Perra, Marrana y la cabra están siendo atacados, en busca de que los últimos pierdan su humanidad, en busca de que los primeros nunca la olvidemos. Estamos ante teatro experimental de propuesta y, como tal, es contundente en su cometido.




“Toda criatura debe alabar y cuidar a su creador.”

Perra duerme sobre el suelo. Al sonido del silbato salta a sus pies y recita de memoria frases que seguramente se le han inculcado meticulosamente. Su mirada está en trance, al igual que sus movimientos, listo para atacar al instante que sea necesario. Al llegar, Marrana está completamente aterrado. Poco a poco y sistemáticamente el espectador podrá ir viendo su proceso de deshumanización hasta convertirse en un sanguinario asesino libre de toda caridad. “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman” cuenta con un sólido elenco que se compromete con las demandas del montaje tanto en cuerpo como en alma. Héctor Iván González, Jose Juan Sánchez, Óscar Serrano y Edgar Valadez en los papeles de Marrana, Perra, la cabra y el mariscal respectivamente se dejan llevar por sus emociones y muestran sus fauces o la más encantadora de las sonrisas, se involucran con toda su fisicalidad en batallas que los lanzan por los suelos. Ciertamente es necesario trabajar más en las reacciones, sobre todo frente a la violencia, así como evitar a toda costa la pretensión de emociones, pero es justo aplaudir el trabajo actoral de este grupo de talentosos y comprometidos creadores. El elenco lo completa Tania María Muñoz y Andranik Catañón quien alternará funciones.

“Ha llegado el día de la inmensa piedad.”

Debo confesar que mientras veía “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman” me sentí fascinando y aterrado por la compleja puesta en escena que se desarrollaba frente a mis ojos. Por un lado estaba consciente de la experimentación rebuscada que estaba realizando la compañía teatral, tratando de decidir cual era la interpretación sobre la que seguiría mi apreciación. Por el otro, no podía dejar de pensar sobre cuán real y salvaje es la violencia a la que hemos llegado como sociedad. Somos animales, en esos nos hemos convertido. Quizás en el teatro podamos reencontrarnos con un poco de nuestra humanidad perdida.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Cabra o la Fábula del Niño y su Doberman”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Guillermo Revilla

ACTUAN: Andranik Castañón, Héctor Iván González, Tania María Muñoz, Jose Juan Sánchez, Óscar Serrano y Edgar Valadez (alternan funciones).

VOZ EN OFF: Emma Dib

DÓNDE: Foro La Gruta dentro del Centro Cultural Helénico.

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.

CUÁNDO: Martes 20:30 horas. Hasta el 18 de Diciembre.

COSTO: $200 entrada general. Disponibles en taquilla y Ticketmaster.

DURACIÓN: 80 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking y estacionamiento.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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