DONDE LOS MUNDOS COLAPSAN

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Para quienes entienden que el caos o el destino puede unir a dos personas, aún en las peores circunstancias.

DONDE LOS MUNDOS COLAPSAN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía de Iván Pasillas

“Mi abuela decía que el día que nací el tiempo se detuvo.”

Nacieron el mismo día, exactamente a la misma hora, en costas diferentes. La niña de furia y el niño con premoniciones llevan vidas separadas, ningún indicio que pudiera indicar que hay algo que los una salvo el abandono, los desastres naturales y una mirada fortuita que nunca se olvidaría. Él ha visto a la gente en las calles, ha sentido venir la caída de los edificios; ella está a punto de liberar su rabia contenida en un grito que cimbrará la tierra hasta hacerla retumbar desde las entrañas.

“Un huracán les pasó encima y ni se dieron cuenta.”

El caos que reina en el universo, aquel que puede causar que dos estrellas mueran al mismo tiempo, que un huracán devaste costas o que dos absolutos extraños crucen sus caminos una y otra vez a lo largo de sus vidas es parte es parte de la tesis que el dramaturgo y director Adrián Vázquez explora en su más reciente obra “Donde los Mundos Colapsan”. Con su ya característico estilo de narraturgia ágil y cargado de humor ácido, Vázquez presenta las historias paralelas de Valeria, una mujer llena de curiosidad y de fuertes raíces chamánicas, y Richard, un hombre profundamente sensible y dotado con la capacidad de ver el futuro. Ambos con historias familiares complejas, víctimas del abandono de un padre a temprana edad y tratando de encontrar sus caminos entre México y los Estados Unidos, estos personajes encuentran sus destinos hilados una y otra vez hasta que sus manos se encuentran en la peor de las circunstancias.




“El tiempo no es la medida.”

Es el 26 de marzo del año 2000. La Chona ha muerto y Valeria, quien vive en Seattle con su muy fumadora madre, sale corriendo a la calle consumida por la pena que esto le ocasiona. Se detiene en el estacionamiento del Kingdome Stadium lista para lanzar un grito de desesperación y rabia. No muy lejos, Richard es parte del equipo encargado de la demolición del estadio. Se da cuenta de la presencia de una mujer en medio del estacionamiento a escasos momentos de que comience la implosión. El segundo encuentro entre ellos está por suceder. Misticismo y realismo mágico, un melodrama exacerbado que a momentos cae en lo manipulador, y una capacidad asombrosa para entretejer narrativas que parecieran inconexas dentro de un arco dramático bien logrado son algunos de los puntos que conforman la dramaturgia de “Donde los Mundos Colapsan”. A pesar de un final que raya en lo chantajista al hacer uso uso de eventos sucedidos en el año pasado como el punto climático de la historia, Vázquez entrega una obra que satisface, principalmente a un público nuevo que no esté tan familiarizado con trabajos del dramaturgo mucho más redondos y menos exacerbados en el sentimiento.

“Confía en las miradas, en los ojos.”

Al frente del escenario Richard hace una ingeniosa imitación de Michael Jackson con todo y moonwalk. Segundos después, en la parte trasera del escenario, aparece  la madre del joven realizando una rutina de pole bañada en humo y luz cálida, claro contraste de las vidas que llevan. En una escena más cercana al final, Valeria se encuentra aterrada y en peligro de perder la vida en el interior de una escenografía de madera conformada por dos anillos que giran a momentos uniéndose y a otros distanciándose profundamente. A medida que sus esperanzas se agotan, los anillos se mueven poco a poco, encerrándola en el interior, para gran angustia de los espectadores. La dirección que el mismo Adrián Vázquez realiza para “Donde los Mundos Colapsan” es coherente con la línea dramatúrgica al crear cuadros escénicos y provocando imágenes que exacerban el melodrama y potencializan el humor. Apoyado por un magnífico trabajo de escenografía a cargo de Pepe Valdés, quien también es responsable de la iluminación, Vázquez recrea con exactitud los movimientos erráticos de un coche en manos de una mujer que no sabe manejar, es capaz de realizar una escena de encuentro sexual con toda su incomodidad y torpeza, o recrear una explosión y rescate que se hace vivida en la mente del espectador. Sin embargo, el uso de música en vivo compuesta e interpretada por David Ortiz y Ricardo Estrada, cae en lo ilustrativo y, una vez más, en lo manipulador, donde pareciera que se quiere forzar al público a un sentimiento que debe de aflorar naturalmente por el simple curso de una historia bien contada.




“Todo cambia, todo muere eventualmente.”

Richard entra al cuarto de su hermana y descubre que está siendo estrangulada por su novio en curso. Él arremete contra el atacante y lo que recibe a cambio es un ataque feroz por parte de la mujer a quien se suponía que estaba defendiendo. Harta de ser la que protege y cuida, la hermana de Richard le espeta toda una serie de verdades y reclamos con un fuego en la mirada que calcina. Alejada por completo de su zona de confort, atreviéndose y retándose a trabajar desde la víscera, la verdad y la fractura y claramente haciendo uso de todos sus recursos histriónicos, Silvia Navarro entrega una interpretación real, sostenida y muy merecedora de la ovación que recibe al final del montaje. Ya sea bailando como desquiciada en medio de un bar, describiendo su primera experimentación con la sexualidad o aterrada por verse atrapada sin salida, Navarro se arriesga de lleno y el resultado es por demás positivo. A su lado, Osvaldo Benavides realiza un trabajo igualmente positivo, mostrando su colmillo para resolver en escena situaciones imprevistas como el que una persona del público se pare en frente de él para salir mientras entrega uno de sus monólogos iniciales, y siendo capaz de vulnerarse como un niño que despierta llorando ante una premonición que acaba de tener. Ambos actores demuestran sus sólidas capacidades actorales al abordar un texto de Vázquez, misión nada fácil, con un compromiso encomiable.

“Hay siete pisos encima de mí.”

Siempre he creído en la serendipia, en ese afortunado giro del destino que pareciera haber llegado por razones desconocidas y que alteró irremediablemente nuestro camino para bien. De no ser porque a veces los astros se alinean de tal o cual manera yo puedo asegurar que jamás habría regresado al teatro tras una ausencia de casi quince años, no hubiera sido posible escribir estas líneas que me llenan de tanto gozo y, sobre todo, no habría conocido al hombre que hoy llamo lleno de amor mi esposo.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Donde los Mundos Colapsan”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Adrián Vázquez

ACTÚAN: Silvia Navarro y Osvaldo Benavides

DÓNDE: Teatro López Tarso dentro del Centro Cultural San Ángel.
DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1733, San Ángel, enfrente de Avenida de la Paz.

CUÁNDO: Viernes 19:99 y 21:00, Sábados 18:00 y 20:00 y Domingos 18:00 horas. Hasta el 28 de Octubre.

COSTO: $500, $400, $300 y $200. Boletos en taquilla y ticketmaster.

DURACIÓN:  80 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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