DIÓGENES. OBJETOS NARRANTES DETRÁS DE LA PUERTA

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DIÓGENES. OBJETOS NARRANTES DETRÁS DE LA PUERTA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía de la MNT

¿Qué recuerdos se guardan en los objetos acumulados? Juguetitos de mercado y billetes falsos, audio casettes y un millar de fotos, biberones, libros, utensilios de cocina y hasta el cuchillo con el que se degolló el abuelo. Una vida entera a partir de todo lo que se encontraba en la casa de la señora Evangelina Barco, mejor conocida como Doña Eva, es el material que inspira a la compañía teatral Three Monkeys Teatro de San Luis Potosí para la creación de “Diógenes. Objetos Narrantes Detrás de la Puerta”.

Desde una infancia en que el sonido del carro de los helados podía ser la más grande de las emociones y el sabor de una simple tortilla con salsa un deleite, hasta la actualidad en que Doña Eva se encuentra en cama tras la pérdida a la diabetes de su esposo, “Diógenes. Objetos Narrantes Detrás de la Puerta” es un homenaje en vida a una mujer que, sin ser mejor o peor que ninguna, resulta fascinante por el nivel de honestidad y candor con que Doña Eva abre su corazón y alma a este grupo teatral para permitirles retratar su existencia de manera hermosa en una casa habitación que sido tomada por asalto para la representación.




Un puesto de dulces donde todos los espectadores compran golosinas o rifas con las monedas que se les entregó antes de comenzar el recorrido, el dulce sabor de una manzana que se amarga al saber que Doña Eva pasaba parte de su tiempo quitándole los gusanos, un mameluco de bebé que se retaca de juguetitos, mamilas, cucharitas y demás objetos necesarios para un infante y la recamara de un típico adolescente en los ochentas son tan sólo un puñado de los dispositivos escénicos creados por Caín Coronado para “Diógenes. Objetos Narrantes Detrás de la Puerta”. Abarcando cada espacio disponible, al aire libre o en los diferentes cuartos de la residencia, haciendo uso de lenguajes tan variados e imaginativos como son el teatro en miniatura, marionetas y teatro de sombras, la experiencia inmersiva y sensorial por la que apuesta el montaje es contundente, en parte, por el evidente amor y cuidado con que se han tomado las cosas de Doña Eva para resignificarlas en un lenguaje teatral que tiene el poder de robar de los espectadores un enternecedora sonrisa o una furtiva lágrima.

A momentos guía de turistas, en otros encarnando a la mismísima protagonista, la actriz Irma Hermsoso “Luna” consigue ser encantadora y profundamente honesta en proyectar los diferentes momentos en la vida de Doña Eva. Con un suspiro de dolor ante el descubrimiento del cuerpo inerte de su abuelo o uno de nostalgia ante un comedor libre del correr de muchos nietos mientras se escucha la canción You light up my life proveniente de una cajita de música, viendo directamente a su hijo para decirle que si se va de casa ella seguramente se muere, o simplemente relatando con franqueza las constantes desapariciones de su marido en las noches, el trabajo de “Luna” es, libre de todo melodrama, cargado de toda un rango de emociones que proyecta con certeza a un público que paso a paso, espacio por espacio, se deja llevar por el encanto de la totalidad de la propuesta.




A su lado, Caín Coronado y Leonardo Martínez completan el cuadro actoral, ambos realizando un sólido trabajo escénico, en donde se resalta el momento en que Coronado se transforma en el esposo de Eva al momento de sucumbir ante la diabetes al ritmo incesante de un metrónomo.

Presentada en el Kino Room en León, Guanajuato dentro de las actividades de la 38 Muestra Nacional de Teatro bajo la línea curatorial cuerpo e identidad, este entrañable y conmovedor trabajo de teatro-documental dedicado a todas las abuelas del mundo nos recuerda con absoluta certeza que toda vida es una historia digna de ser contada.




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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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