PARACELSUS

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Para quienes desean descubrir lo que se esconde en la sala de conciencia de un escritor con el corazón roto.

PARACELSUS

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

 

“Iniciando amanecer en 3… 2… 1.”

Las cosas no han sido las mismas en la sala de conciencia desde que se descompusieron los tubos de mensajería automática. Desde entonces, ha habido cambios, muchos cambios… los cambios no siempre son buenos. Han llegado un nuevo compañero de trabajo con quien jugar ajedrez y que dice venir desde la memoria, y una hermosa mujer dice ser la nueva mensajera. Hay algo raro en todo esto, quizás debería analizarlo, pero afuera, en la naturaleza, un escritor está a punto de darse un golpe en la cabeza y todo está a punto de terminar.

“A veces el cerebro manda señales muy extrañas.”

Un viaje a la perfecta pero inmensurablemente compleja maquinaria que es el cuerpo humano, específicamente a esa parte encargada de la conciencia, es el punto de partida de donde Christopher Aguilasocho construye “Paracelsus”, una propuesta a la vez cómica, enternecedora y desgarradora que se destaca tanto por su originalidad como por su inteligencia en su historia, sus giros de tuercas y capas de lectura. Lo que a principio pareciera una llana comedia con tintes absurdistas se revela como un doloroso grito desesperado a la obsesión, a la co-dependencia y la memoria que se niega a desaparecer.

“¿No crees que los del sistema excretor harían lo que fuera por cambiar de trabajo?”

Con una agenda oculta para salvar una causa deseperada, un nuevo empleado llega a la sala de conciencia para ayudar en las tareas diarias de operar el cuerpo de un escritor que pasa demasiado tiempo viendo televisión cuando en verdad debería estar terminando su más reciente novela. A momentos remitiendo a la hilarante película de Woody Allen Todo lo que Siempre Quiso Saber Sobre el Sexo a otras al clásico contemporáneo de Charlie Kaufman Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, “Paracelsus” es una amalgama de sensaciones y emociones que diestramente manipulan al espectador a que baje sus defensas a través de la risa para después poder arremeter con una punzante espina a lo más frágil del corazón. A pesar de una parte final que podría fortalecerse con un trabajo de síntesis que concretice el sentir de los personajes, el trabajo dramatúrgico que realiza Aguilasocho es bien logrado, original, sólido y sobre todo de enorme teatralidad.





“Yo soy de la idea de que la soledad no siempre es buena.”

Entre cables, visores, palancas, tornillos y tuercas, un globo luminoso se alza al centro de la sala conteniendo todo lo que el escritor percibe del mundo exterior cuando está despierto. En su peor momento, esa sala se llena del respiro de su dueño, del caer incesante de una gota y de la oscuridad que reina desde el cerebro. Es ahí donde la conciencia y ese recuerdo que jamás desaparecerá tendrán su último encuentro. Resolver a nivel escénico un texto de una complejidad como la de “Paracelsus”, imprimiendo con equilibrio y verdad tanto la comedia como el dolor, es el reto que asume y consigue con éxito el director Juan Celis apoyado por el ingenioso trabajo de escenografía e iluminación de Edgar Mora. Entendiendo los mecanismos que accionan la risa como el drama, así como el ritmo que conllevan cada uno de ellos, Celis consigue fortalecer e imprimirle un nuevo significado a la dramaturgia al traducirla con destreza a un bello lenguaje teatral. Sin embargo, al igual que con las letras, es necesario amarrar la parte final de la puesta para que el espectador no disperse su atención absoluta conseguida durante los primeros sesenta minutos de la obra.

“Te estás aferrando con las uñas a algo, ¿pero a qué?”

Una conciencia fastidiada ante las muy públicas muestras de afecto entre su nuevo compañero de trabajo y la ciertamente atractiva mensajera hace saber su sentir en lo que se podría definir como una clásica rutina de comedia. Momentos después el terror se apodera de todo su ser al leer el reporte sobre el estado actual del cuerpo, anuncio inminente de una revelación que nunca estará dispuesto a aceptar. El elenco conformado por Daniel Ortiz, Ditmara Náder y Christopher Aguilasocho entiende cabalmente los diferentes tonos que “Paracelsus” maneja, poniéndose al servicio de cada uno de ellos para el buen fluir del montaje. Aun cuando ciertamente se destaca el trabajo de Aguilasocho, quien demuestra una verdadera facilidad para la comedia tanto en su corporalidad como en su trabajo más visceral, Oritz y Náder entregan con buenos resultados la carga emocional más oscura en una puesta en escena redonda, disfrutable y, una vez más, inteligente.

“El final es la parte más importante de la historia.”

Paracelsus, físico, alquimista y astrologo suizo mejor conocido como el padre de la toxicología, aseguro “que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo”. Como alguien que alguna vez sufrió de serios problemas de co-dependencia, encuentro esta frase inspiradora, profunda y a la vez retadora. Aquí, sentado frente a mi computadora escribiendo, con todas esas pequeñas criaturas que habitan en mi interior trabajando incansablemente para que mi cuerpo siga adelante, sonrío feliz de compartir mi vida con quien amo, al mismo tiempo absolutamente consciente de que nadie es dueño de mi… más que yo.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Paracelsus”

DRAMATURGIA: Christopher Aguilasocho

DIRECCIÓN: Juan Celis

ACTUAN: Daniel Ortiz, Ditmara Náder y Christopher Aguilasocho.

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 7, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Domingo 18:00 hrs. Hasta el 15 de Octubre.

COSTO: $200 entrada general. Aplican descuentos. Boletos en taquilla y en www.redticket.com.mx

DURACIÓN: 75 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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