LAS ALEGRES COMADRES DE ATRACOMULCO

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Para quienes desean carcajearse en una tertulia de lo más política, oligofrénica y cabaretera.

LAS ALEGRES COMADRES DE ATRACOMULCO

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“Aquí no vamos a hablar mal de política.”

Las siempre refinadas y elegantes hermanas Castro Montiel han cumplido con su voto de castidad durante 89 años, siguiendo así cabalmente la profecía que hace tantas lunas vaticinara la abuela Francisca. Gracias a esta pureza que ambas señoritas han mantenido con sus piernas bien cerradas, las familias del lugar que nos está hundiendo a todos, mejor conocido como Atracomulco, se han preservado en el poder. Sin embargo, el amor y los deseos carnales son cada vez más difíciles de resistir, más aún cuando el bello Quique está a punto de liberarse de esa silla presidencial que lo tiene tan acabado.

“Si hay un mal social, nunca lo debes mencionar.”

El cabaret como un espacio disidente para la denuncia social y la crítica política pocas veces llega a los niveles de absurdo e hilaridad que se alcanzan en “Las Alegres Comadres de Atracomulco” escrita y dirigida por Francisco Reyes. Bajo el marco de una tertulia a disfrutar con dos finas damas de la más alta sociedad y con la excusa de una maldición lanzada aproximadamente por las mismas fechas que el PRI comenzó su velada dictadura a mediados del siglo XX, Reyes construye una feroz crítica al sistema gobernante de este país, al mismo tiempo que arranca sendas carcajadas de los asistentes.

“Hay que aprender a ver con ojos de ciego y a escuchar con oídos de sordos.”

Canciones de amor que hacen divertidas analogías con la comida, irreverentes menciones a la niña Paulette, Frida Sofía y a Joan Sebastian, una sarta de constantes ataques a cuanto político sea posible y dos muy neuróticas hermanas en una competencia por ver quien es la más oligofrénica. Es verdad que “Las Alegres Comadres de Atracomulco” tiene un hilo narrativo débil, a momentos casi inexistente, donde la historia se reduce a una mera excusa para poder seguir provocando risa. Esto sería un grave error de no ser porque la hilaridad es verdaderamente constante a lo largo de toda la obra, siendo esto lo verdaderamente destacable de la labor de Reyes como escritor de la obra. En más de una ocasión me pregunté de qué exactamente se trataba la obra que estaba viendo, en todas las ocasiones me respondía que no importaba pues las lágrimas de la risa no me dejaban pensar. Sin embrago, es importante recalcar que la comedia está muy bien balanceada con la crítica político-social que la obra busca, haciendo de esta propuesta una sólida muestra del buen cabaret que existe en nuestra ciudad.





“Hay mucho pastel del que dijo el partido que nos vamos a repartir este año.”

Un escenario mínimo donde todo se dispone para la hora del té. En el fondo, en el lugar de honor que le corresponde, una foto de la abuela Francisca domina la escena. A sus lados, fotos de Carlos Salinas de Gortari y de Enrique Peña Nieto. A nivel dirección, “Las Alegres Comadres de Atracomulco” goza de un ritmo vertiginoso y de valor de producción destacables. A pesar de una iluminación que ensucia constantemente la escena en tonos rojizos, verdosos o azulados, y una carta que se le entrega a un miembro del público sin la más mínima consecuencia al respecto ya durante la obra, el resultado sale por demás bien librado gracias al sólido manejo de Reyes del tono irreverente propio del cabaret y de una desfachatez para abordar a los asistentes. También es necesario mencionar el buen manejo de la música dentro de la obra, toda a cargo del también actor Eduardo Pueblo, cuyas letras y apariciones durante la puesta son exquisitas y graciosas.

“Una señorita decente no mete los dedos en la taza de té.”

Mientras cantan la canción del té, dos hermanas mueven sus cabezas de un lado al otro al ritmo de la música como si fueran un par de muñequitas de porcelana. Claro que eso sucede después de que una de ellas se convirtiera en cubana a partir de llenarse la boca de bombones de chocolate y la otra revelara una personalidad bipolar digna de una poseída. Todos los logros detrás de “Las Alegres Comadres de Atracomulco” no sería posibles si no fuera por la presencia en el escenario de Yanin Arroyo y Luis Montalvo. Ambos actores demuestran sus enormes capacidades para la comedia, transitando libremente entre el absurdo, la farsa, la oligofrenia y la más absoluta seriedad. Ya sea blandiendo una enorme cuchara para castigar una afrenta, declarando con toda pasión el amor por el actual presidente, usando la fuerza para castigar a un criado o cantando sobre pozole, tanto Arroyo como Montalvo logran potencializar a niveles insospechados la propuesta del dramaturgo y director, llevando el montaje entero a una delicia cómica como pocas. No menos importante, Eduardo Pueblo sirve como el contrapeso serio de la obra y el patiño, al mismo tiempo que demuestra su gran talento con la música.





“Yo quiero una casa blanca, no una tarjeta de monex.”

Estamos a muy poco tiempo de las elecciones presidenciales en este país. Vivimos en una sociedad dividida por sus opiniones políticas bajo un ambiente hostil y explosivo principalmente a causa de una imperante necesidad social porque las cosas cambien. Necesitamos pensar, es urgente que se tomen decisiones informadas, pero también es de vital importancia no perder esa habilidad para reírnos de cuán absurda es toda esta situación. Gracias queridas comadres por regalarme una exquisita e hilarante velada con uno de los mejores shows de cabaret que he visto en los últimos años. Mi voto secreto en las próximas elecciones se los dedico a ustedes.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Las Alegres Comadres de Atracomulco”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Francisco Reyes

ACTÚAN: Yanin Arroyo, Luis Montalvo y Eduardo Pueblo.

DÓNDE: Foro Shakespeare.

DIRECCIÓN: Zamora 7, Colonia Condesa. A dos cuadras de Metro Chapultepec.

CUÁNDO: Domingo 18:00 hrs. Hasta el 27 de Mayo.

COSTO: $250 entrada general. Boletos en taquilla y ticketmaster.

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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