BYE BYE BIRD

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Para quienes desean ovacionar la hilaridad detrás de la nada graciosa violencia que se vive a diario en esta ciudad.

BYE BYE BIRD

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Cortesía del INBA

 

“Caminábamos por la unidad como si fuéramos la tira del lugar.”

La armónica del negro muy negro Bye Bye Bird ya no sonará jamás en la Unidad Habitacional de Interés Social Benito Juárez ubicada en la delegación Azcapotzalco. La música terminó el día que le dispararon en la cara. Ahora sólo queda la memoria de las canciones que tocaba de noche, el recuerdo de todas sus proezas que inculco en los jóvenes y, por supuesto, el inglés que les enseñó a todos los del edificio E-5. Bye Bye Bird se ha ido, una víctima más de la imparable y abominable violencia que se vive todos los días en esta muy corrompida Ciudad de México. No importa, para los chavos que la habitan, todo esto no es más que un juego.

“El disparo sonó entre todos los edificios.”

Violencia, sexo, alcohol, drogas, secuestros, corrupción y toda una gama de vicios y excesos urbanos, demasiado reales en la actualidad para ser graciosos, son presentados con verdadero ingenio e hilaridad en la obra ganadora del Premio Nacional de Joven Dramaturgia Gerardo Mancebo del Castillo 2016 “Bye Bye Bird” de José Manuel Hidalgo. Haciendo un uso admirable del estilo de escritura denominado narraturgia, retratando con casi grotesca veracidad lo que ocurre en zonas marginales de esta ciudad y creando toda una serie de personajes que causan verdaderas carcajadas en el público a partir de su muy patética existencia donde la violencia, la ilegalidad y una educación a través de YouTube es el día a día, Hidalgo sorprende al crear una potente crítica social a partir de la risa.

“Había veces que chacaleábamos hasta quince celulares en una tarde.”

Descripciones espeluznantes de cómo personas secuestradas son torturadas en el interior de algún departamento de la unidad habitacional, un cínico relato sobre la manera en que muy amablemente un joven roba celulares a destajo con el puro poder de intimidación, una casual narración sobre cómo tres jóvenes se sorprenden cuando, al querer tirar un cuerpo muerto en un contenedor de basura, se encuentran con tres cadáveres más. Una de las principales valías artísticas detrás de “Bye Bye Bird” radica en la muy hábil manera en que el autor consigue provocar hilaridad donde debiera existir terror, en su capacidad de pintar los más escabrosos actos de violencia con una deliciosa gracia al mismo tiempo que obliga a la reflexión en el espectador sobre el tipo de barbarie a la que hemos llegado como sociedad, al fondo que hemos alcanzado como humanos. El que todo esto esté enmarcado bajo la sombra de un personaje que claramente le rinde homenaje a la canción Bye Bye Bird del músico de blues Sonny Boy Williamson es un verdadero toque de elegancia entre toda la podredumbre que se presenta.





“Toda la unidad estaba implicada.”

Un escenario giratorio donde la parte trasera de una pick-up, una serie de bocinas de coche, media llanta, una farola y un altavoz, entre muchos otros elementos, recrean el inframundo detrás de la Unidad Habitacional de Interés Social Benito Juárez. Sobre este espacio reducido, tres jóvenes entran en comunión tocando con tres armónicas un blues que de inmediato remite a Nueva Orleans. Esto justo antes de iniciar un relato a tres voces con un ritmo fluido de una precisión casi milimétrica y con un tono exacto que permite la risa sin opacar el mensaje sobre todos los horrores que culminaron con el asesinato del personaje titular de la obra. La propuesta de dirección que Alejandro Ricaño aporta a “Bye Bye Bird” es contundente ya que consigue fortalecer de manera sustentada la dramaturgia, dotándola de una teatralidad capaz a la vez de hacer aún más graciosas y terribles cada una de las situaciones descritas. Gracias a una clara visión y un meticuloso cuidado en cada detalle, hecho que se aprecia en el diseño de escenografía de Jesús Hernández, la precisa y potente iluminación de Matías Gorlero y el diseño de vestuario de Gabriela Fernández y Jorge Trujillo, Ricaño alcanza uno de sus trabajos más interesantes como director a últimas fechas.

“Las pistolas a veces sirven para matar gente.”

Entremezclando la rabia y prepotencia con la ignorancia y un cierto toque de fragilidad, capturando la esencia de una juventud urbana marginada, reaccionando ante un embarazo no deseado con preocupación o desenfado, revelando su ignorancia ante temas elementales de educación o platicando con total despreocupación sobre la manera en que les aventaban caldo caliente a la cara a un grupo de personas secuestradas, el elenco de “Bye Bye Bird” conformado por Sara Pinet, Ricardo Rodríguez y Luis Eduardo Yee se entregan de lleno a la visión del director y ponen a su servicio sus capacidades histriónicas con enorme éxito. De aterradores vivales a desconcertados adultos que ven su universo colapsarse, con toda una gama de matices en medio, los tres actores sorprenden, causan risas y golpean el estómago con verdadera honestidad.

“Recuerden que trabajamos por un Azcapotzalco más seguro.”

Yo confieso que tengo miedo. Mucho. Desde que vi “Bye Bye Bird” no puedo dejar de pensar en qué tan lejos me encuentro de esas jóvenes bestias que han creado sus propias reglas, donde chacalearle el celular a un incauto es lo menos de lo que son capaces. Yo confieso que me siento triste. Muy. Me duele mi ciudad que tanto amo y que he visto descomponerse ante la impunidad y la corrupción. Yo confieso que me queda esperanza. Mucha. Porque sé que aun somos mayoría los que creemos que es posible mejorar las cosas, que podemos trabajar por un mundo donde la gente pueda caminar sin tener que ver de reojo a sus espaldas. Me reí mucho durante la obra, no he dejado de pensar en ella desde que la aplaudí. Tenemos que mejorar.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Bye Bye Bird”

DRAMATURGIA: José Manuel Hidalgo

DIRECCIÓN: Alejandro Ricaño

ACTÚAN: Sara Pinet, Luis Eduardo Yee y Ricardo Rodriguez

DÓNDE: Sala Xavier Villaurrutia dentro del Centro Cultural del Bosque.

DIRECCIÓN: Paseo de la Reforma y Campo Marte S/N.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 hrs. Hasta el 15 de Abril.

COSTO: $150. Boletos en taquilla y en ticketmaster.

DURACIÓN: 55 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: El Centro Cultural del Bosque cuenta con una extensa cartelera en sus diferentes teatros, les recomendamos revisarla. Cuentan con dos estacionamientos gratis al mostrar sus boletos para la obra. Se encuentra detrás del Auditorio Nacional.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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