SONATA PARA ADELA

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Para quienes entienden que la lucha de las mujeres, desde la Revolución hasta nuestros días, no ha sido fácil, pero ha valido la pena.

Mujeres de Aliento

Por Urani Montiel
Fotografías: Urani Montiel, Edwin Sarabia y Alejandra Serano

Como antesala, suenan las canciones “Qué pena siente el alma” de Violeta Parra y el “Corrido de Pancho Villa”, de Jorge Saldaña, esta última interpretada por Amparo Ochoa. En cuestiona, en uno de los primeros versos: “¿A dónde irán los cantos más dolientes?”. Esta última pieza musical prefigura el contexto y época de “Sonata para Adela”, monólogo escrito por Luis Santillán y dirigido por Patricia Estrada. Aun cuando la puesta en escena se estrenó en diciembre 2019, en el 5to Festival de Unipersonales Xalapa, su primera temporada inició en febrero de este año en Área 51 Foro Teatral.

Debido al confinamiento que ha causado, entre muchos estragos, el cierre indefinido de espacios escénicos, el equipo creativo a cargo de La Talacha Teatro y Dionisiacas Colectivo Teatral decidió adaptar “Sonata para Adela” para que pueda ser apreciada en tiempo real, pero de manera remota a través de Zoom, el equivalente a en vivo que permite la era digital.

La función comenzó con un oscuro y el resplandor de un papel en llamas en donde estaba escrito el título de la puesta en pantalla, interpretada por Eglantina González. La actriz porta una blusa ancha de manga larga y una amplia falda en tonos ocres, así como un cinturón con funda para su arma. Apoyado por la asistencia de Tayde Pedraza, quien se encarga de activar ciertos efectos de sonido e iluminación, el montaje ha encontrado su cauce en el diseño de una experiencia virtual. Bajo esta “nueva normalidad”, sin espacios de recreación, los elementos, secuencias y rituales tradicionales que ocurren en el foro teatral bregan por su transmisión (o adecuación) en streaming. Los riesgos son demasiados, pero aplaudo y disfruto que sean afrontados.

El uso de la luz, por ejemplo, en “Sonata para Adela” resulta ilustrativo. En varias ocasiones, se busca que la gradación lumínica signifique, que abra o cierre escenas, que el resplandor del fuego reduzca la mirada o que la proyección de sombras ocupe la profundidad detrás de la figura de la actriz. Sin embargo, el artilugio no siempre corresponde a la voluntad artística; la velocidad del obturador de la cámara es demasiado lenta respecto al cambio de luz, por lo que la imagen se desenfoca, el movimiento parece entrecortado y nos llega una señal pixeleada. Tenemos la oportunidad de presenciar el choque entre la técnica del artefacto contra la propuesta estética de un montaje hecho en la intimidad de una casa. Una producción cinematográfica resolvería estas cuestiones con el equipo adecuado, profesional, sofisticado; no obstante, en una puesta de manufactura artesanal, el trabajo actoral sigue siendo la guía y herramienta vital, a pesar de que en algunos cuadros por segundo se llegue a disociar el cuerpo de la voz.

La historia gira en torno a Adela, estampa femenina de la Revolución Mexicana en donde se alojan otras tantas mujeres –Juana, Petra, Altagracia, Hermila, Eglantina–, partícipes de la revuelta armada, pero que han ido perdiendo su identidad individual entre los anaqueles de la historia. En esta sonata –composición para un solo instrumento (normalmente para piano) o con algún otro de acompañamiento– el protagonismo surge a partir de un ejercicio de memoria en torno a la bisabuela de la narradora, Carmen Almazán Nieto, quien se unió a las filas de los insurrectos hacia 1912. Por medio de flashbacks y la manipulación de diversos objetos como una navaja, un megáfono, un anafre, o un piano de juguete), se narran pasajes que van del recuerdo íntimo, como “el olor a viejita” de la revolucionaria, hasta giros nacionales, como la militancia femenina no solo en las trincheras sino en un activismo político capaz de distribuir noticias prohibidas.

La participación de estas “mujeres que no le tenían miedo a nada” en los márgenes mediáticos –como en mítines, amotinamientos y en la redacción de volantes sediciosos– exhibe el pensamiento, propósitos y propuestas de lo que hoy llamamos periodismo y comunicación feminista. En 1909, apareció un artículo en el periódico Mujer moderna, “Aquí venimos”, escrito por Andrea Villarreal. Eglantina González retoma esas palabras para subrayar la colectividad femenina plasmada en un panorama contestatario a la dictadura: “Iniciamos el movimiento, venimos a combatir, hablaremos… venimos a buscar libertad para nosotras… Porque en estos momentos la rebeldía es la salvadora del mundo que se pudre en el pasivismo abyecto”.

“¿Habrá valido la pena?”, se pregunta la nieta de Carmen al rememorar la imagen de una antigua señora rodeada de soledad. A pesar de la constelación de conflictos narrados (huelgas, exilio, protesta, muertes, duelo y luto), también se advierten los logros de las luchas sociales feministas: Primer Congreso Feminista de Yucatán en pro de los derechos de la mujer (1916), la larga pugna por el voto femenino (1938-1955), las brigadas y colectivos universitarios en las décadas de los años 60s y 70s, así como la despenalización del aborto en todo el país (desde 1990). ¿Valió la pena? La respuesta se encuentra cifrada entre estos triunfos y futuros alcances.

Si la sonata que titula a la pieza fue compuesta por “un sordo para una ciega cuando esta le pidió ver un claro de luna”, el arte de La Talacha Teatro y del colectivo Dionísiacas es esa luz que disipa las tinieblas en estos tiempos de resistencia.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Sonata Para Adela»

DRAMATURGIA: Luis Santillán

DIRECCIÓN: Eglantina González y Patricia Estrada.

ACTÚAN: Eglantina González

DÓNDE: Zoom

CUÁNDO: todos los martes, miércoles jueves y domingos de junio a las 19:00 horas. Reservaciones al correo area51foroteatral@gmail.com o al perfil de Facebook de Área 51 Foro Teatral.

COSTO: $100.

DURACIÓN: 25 minutos sin intermedio

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