POR LOS BIGOTES DE MIS TOMPIATES

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Para quienes desean adentrarse al Mictlán, y al teatro comunitario, para un ingenioso encuentro epistolar entre dos de los más grandes revolucionarios.

POR LOS BIGOTES DE MIS TOMPIATES

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“¿Ha llegado el General?”

Zapata ya no está a cargo del Ejército Revolucionario del Sur ni planeando derrocar a Huerta; Villa ya no está al mando de la División del Norte ni haciendo promesas que no cumplirá. No, ahora los dos caudillos de la Revolución se han reencontrado en el inframundo más puramente mexicano para recordar esas cartas que se mandaron durante años, para rememorar sus anhelos de liberación y cambio, para tomarse una icónica foto con miembros de la comunidad. Entre risas y resorterazos, en medio de juegos de palabras y decidir si es buena idea sentarse en una silla maldita, Zapata y Villa dejarán en claro que la Revolución sigue y seguirá mientras en este México sangrante no se le termine de hacer justicia a el pueblo, sin excepción alguna.

“Tanto penar para morirse uno.”

Mulato Teatro, bajo la dirección general de Marisol Castillo, con sede en Ticumán, Morelos, y con un sólido historial de creación escénica a través del teatro comunitario, une fuerzas con la Compañía Nacional de Teatro, a través del programa En Compañía de la Compañía, para presentar “Por los Bigotes de mis Tompiates”. La obra fue escrita por el reconocido dramaturgo Jaime Chabaud, autor con amplia experiencia en entremezclar la ficción dramática con la historia de México, como se puede apreciar en obras como Estampas Zapatistas, Yanga y ¡Que Viva Cristo Rey!. A partir de la correspondencia que Emiliano Zapata y Francisco Villa sostuvieron entre 1913 y 1919, Chabaud desarrolla un discurso que, a través de un humor cargado de ingenio, doble sentido, y un toque de absurdo, no sólo da un vistazo a lo que fue la Revolución Mexicana, también presenta una mirada crítica sobre el México actual en diversas aristas como puede ser la corrupción del poder o la lucha feminista.

“Ah chirrión, ¿este me manda a mí?”

En una de sus primeras misivas, Zapata le otorga un cargo militar a Villa, como si fuera su subalterno, hecho que el caudillo del Norte toma con asombro, un toque de ofensa, y con el humor suficiente para seguir la comunicación epistolar. A pesar de apenas poder leer, Villa hace su mejor esfuerzo, aun cuando se tenga que enfrentar a un verdadero trabalenguas donde la palabra Ayala deja de tener cualquier significado. Cuando por fin los dos revolucionarios se encuentran cara a cara, un shot de whisky hará sus estragos en uno de ellos, y culminará con el más absoluto antojo por una malteada de fresa.

“Ah chirrión, ¿yo escribí eso?”

Gracias al evidente entendimiento que Jaime Chabaud tiene del tema, y a su capacidad de hilvanar una narrativa desde lo dramático y lo chusco, es que “Por los Bigotes de mis Tompiates” tiene múltiples capas de lectura, resultando delectable tanto para el experto en la Revolución Mexicana como para un espectador casual con un conocimiento básico del hecho histórico. Sin embargo, donde la dramaturgia cobra verdadera potencia, trasciende el momento histórico donde se ubica y conecta con el aquí y ahora, es en la fina manera en que inserta cuestionamientos sin aleccionar, como se percibe con un personaje femenino que deja en claro que la Revolución no la hicieron sólo hombres, aboga por poéticas nacionales sin caer en lo panfletario, con el simple hecho de plantear la historia en el Mictlán y no en el infierno, nos recuerda que este país es de quien está al pie del cañón y no en la silla presidencial, con el simple hecho de llevar al espectador a ser parte de la Revolución misma que se captura con una fotografía.

“Se me disciplinan y toman la capital.”

Debajo de un árbol Huamuchil, nombrado por la comunidad como Ubuntu, que en lenguas zulú y xhosa significa Yo soy porque nosotros somos, se encuentra el escenario de Mulato Teatro. En él, una serie de mamparas y biombos de carrizo representan el Mictlán, el cual cobra vida con humo, una iluminación verde/azul y hasta la presencia de un ser del inframundo representado con una media máscara. En este espacio entre presente y onírico, Villa y Zapata luchan contra el enemigo con sus resorteras y sus caballitos de palo, traen de un lado al otro a una Coronela y a una escribana y hasta tienen un concurso por ver quien tiene la soga más larga. Cuando por fin se encaran, no pueden menos que juntar sus manos para representar el cariño que los caudillos se tienen.

“Están aquí para ganar la guerra, no para echar novio.”

La dirección escénica de “Por los Bigotes de mis Tompiates” corre a cargo de Ismael Rojas, apoyado en la iluminación por Óscar Santín, en la escenografía y vestuario por Nadia M. y en el diseño musical por Alberto Rosas. A nivel técnico, el montaje es sólido, uno que permite con facilidad la movilidad, ya que la obra tendrá funciones itinerantes, donde cada uno de los elementos apoya con esmero a la narrativa. Una vez dicho esto, el ingenio y humor inherente en la dramaturgia sucede, a pesar de no ser explotado hasta alcanzar su máximo potencial. Las risas están donde hay cabida a la carcajada, a momentos hay silencio donde claramente se escucha y se aprecia la presencia de un juego de palabras o un doble sentido. En este sentido, el ritmo, el flujo de la puesta en escena, el llevar hasta sus últimas consecuencias a las palabras de Chabaud son áreas de oportunidad para un mayor crecimiento de la obra.

“Ayúdame a partirle su madre a Obregón.”

Zapata le ordena a su Coronela que redacte una nueva carta a Villa. Momentos después, Villa le ordena a su escribana que haga lo mismo. Las ordenes a una y a otra se lanzan como balazos, mientras que la actriz Ángeles Martínez va de un lado al otro del escenario asumiendo ambos roles mientras se pone y quita un bigote falso. Al inicio de la obra, Francisco Villa aparece como un zombie llegando al infierno, hasta que se le despabila y se le aclara que aquí es el Mictlán. Ya como un líder revolucionario, Villa se presenta con aplomo y fuerza, hasta que se toma una copa de alcohol y se colapsa de manera graciosa. Por su parte, Zapata se presenta casi como un estereotipo del macho mexicano, formal y serio, ya sea solicitando que el Plan de Ayala se lleve a cabo, o lanzando piedras con su resortera.

“Esta silla está maldita.”

Un punto determinante en este montaje de “Por los Bigotes de mis Tompiates” es la de un elenco consistente de dos actores no profesionales, formados dentro del programa de teatro comunitario de Mulato Teatro, Ángeles Martínez y Martín Ocampo, y la de un miembro del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro, Ernesto García. Dada esta particularidad, es notorio el compromiso y entrega de los tres participantes por igual, del equilibrio que existe entre ellos en sus interpretaciones, donde claramente se percibe la generosidad de García en poner su experiencia al servicio de la puesta con la misma entrega con que Martínez y Ocampo se dejan llevar por la ficción. Ciertamente, este es un montaje que con el paso de las funciones se irá fortaleciendo, sobre todo en cuanto al desarrollo de complicidad entre los tres actantes. No obstante, es sencillamente admirable la manera en que el teatro comunitario y el profesional pueden convivir en un escenario de manera armónica cuando se trata de dar vida a una ficción. Esa es la verdadera revolución.

“Qué prisa por convertirse en mito y leyenda.”

Antes de comenzar la función, a la entrada de Mulato Teatro, la maestra Teresa de Jesús Ortíz Martínez, orgullosa miembro de la comunidad, ha sido invitada a montar una pequeña exposición sobre la Revolución Mexicana, tema del cual ella es experta. Igualmente, antes de la tercera llamada, Marisol Castillo invita a los asistentes a tomar asiento para leer entre todos, en comunidad, el cuento de Cristina Verónica Masferrer Las Preguntas Viajan en Autobús para discutir temas importantes para la compañía teatral, principalmente en torno a la afrodescendencia y la diversidad. Antes de que el fenómeno escénico suceda, la comunidad que se ha reunido ha cantado en coro canciones con orígenes afro, le ha comprado papitas a una mujer de la zona, quien próximamente también participará en otro montaje de Mulato Teatro. La comunidad de Ticumán, Morelos, y zonas aledañas, se ha reunido para ver teatro y estar en compañía de la Compañía Nacional de Teatro. ¿Sería posible que la Compañía Nacional de Teatro pudiera extenderle los brazos a esta comunidad y darles la bienvenida en su hogar en la Sala Héctor Mendoza para llevar este programa tan vital, necesario y exitoso, al siguiente nivel, donde actores comunitarios ya no estén en Compañía sino EN la Compañía, aunque sea por una temporada?

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Por los Bigotes de mis Tompiates

DRAMATURGIA: Jaime Chabaud

DIRECCIÓN: Ismael Rojas

ELENCO: Ángeles Martínez, Martín Ocampo y Ernesto García

DÓNDE: –

  • Sábado 7 de febrero 18:00 horas: Centro Cultural Mulato Teatro, Ticumán, Morelos. Entrada libre.
  • Sábado 21 de febrero 18:00 horas: Museo de la Revolución del Sur, Tlaltizapán, Morelos. Entrada libre.
  • Sábado 28 de febrero 18:00 horas: Foro ARTHA, Yautepec, Morelos. Entrada $70.

DURACIÓN: 50 minutos sin intermedio.

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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