TRAGALUZ

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Para quienes desean ovacionar un íntimo reencuentro con olor a pasta donde el deseo, la culpa y la inequidad se enfrentarán.

TRAGALUZ

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Pili Pala

“Todo lo que se reprime paga su precio.”

Edward llegó con unas cervezas, unos CDs de rap y un olor a salchichas en la ropa; Tom con una botella del mejor whisky y dejando al chofer esperando en su lujoso auto. Hijo y padre, ambos regresaron en la misma noche a la vida de Kyara en busca de respuestas a una vida que terminó hace años y de la cuál ella ya no es parte. Memorias de exquisitos desayunos, un cuarto diseñado para despedir a una moribunda e intensos enfrentamientos entre una maestra idealista y un adinerado burgués incapaz de comer queso barato serán parte de un adiós perdido y de un calcinante deseo que podría dar calor al interior de un helado departamento.

“Mamá y papá se llevaba mejor cuando tú estabas ahí.”

Dos examantes se reúnen y son incapaces de darse el abrazo que tan claramente quisieran darse. La invitación a quitarse el abrigo por parte de ella pareciera gritar a viva voz que la tome en sus brazos y que la bese como no ha sucedido en más de tres años. Sin embargo, el peso del pasado y el abismo que se ha creado a partir de sus diferencias impiden que sucedan las tan anheladas muestras de afecto. En su lugar: cocinar una pasta. El reconocido dramaturgo inglés David Hare explora el deseo humano, el amor, el rencor y la culpa en “Tragaluz”, obra de 1995 y que es considerada por la crítica inglesa como su obra maestra a la fecha.




“¿No te parece que ya tenemos suficiente historia?”

Tras haber cedido a sus impulsos, Kyara sale de la recamara para comer pan con salsa de tomate y revisar algunos trabajos de sus alumnos. Momentos después un extasiado Tom pareciera dispuesta a dejar toda su vida atrás para mudarse en el pequeño, humilde y helado departamento donde vive la mujer que años atrás fuera amiga de su esposa, empleada suya y su más grande amor. “Tragaluz” no sólo indaga la condición humana, se adentra en temas mucho más políticos como lo fue la desigualdad social y económica que se desató en la década de los noventas en el Reino Unido. Esta dualidad de discursos, que sólo se potencializa con la contrastante presencia del hijo de Tom al inicio y al final de la obra, consigue una vorágine argumental donde dos seres que se aman profundamente parecieran condenados a no poder estar juntos ya sea por sus pecados cometidos, por la asfixiante culpa que los lleva a una penitencia autoinfligida o por la vulgar realidad de que viven en mundos distintos divididos por el dinero. A pesar de ciertos anglicismos mal aplicados en la traducción a cargo de Luis de Tavira, Marina de Tavira y Rafael Sánchez Navarro, la dramaturgia de Hare resulta pertinente y relevante en la contemporaneidad mexicana.

“Ya es hora de volvernos a ver.”

Un minúsculo departamento de una sola recámara recreado en su entereza en un reducido escenario que sólo se puede definir como profundamente íntimo. En la cocina Kyara cocina un espagueti llenando todo el lugar de su aroma. La luz de la lampara de techo crea con sus sombras la imagen del titular tragaluz y en un momento el departamento se llena con la luz matutina. El detalle ha llegado al punto que los jeans que usa la protagonista están rotos de la etiqueta claramente por el uso que se les ha dado por largo tiempo. La dirección que el director Luis de Tavira propone en “Tragaluz” es coherente con las producciones que se han realizado en otras partes del mundo, estableciendo un realismo profundo que incluye la preparación de los alimentos en escena, entre otros cuidados detalles. Apoyado por Alejandro Luna en la escenografía e iluminación y Carlo de Michelis en el vestuario, entre otros, este ya mencionado y esmerado realismo crea por un lado imágenes poéticas y entrañables al mismo tiempo que enfatiza el patetismo de la relación entre Tom y Kyara. Por ello resulta un tanto desconcertante la presencia al inicio, medio y final de la obra de música compuesta por Pedro de Tavira que no sólo es innecesaria, rebota por el aire melodramático que brinda a una puesta en escena que no necesita de esos elementos. Una vez dicho esto, el trabajo de Luis de Tavira es testimonio a su talento y experiencia en montajes de gran longitud donde la intimidad predomina y cautiva por completo la atención del espectador.




“Las flores pertenecen al tiempo en que me amabas.”

Kyara está sacando ingredientes del refrigerador para prepara su cena. En un intento por ayudar, Tom se acerca y la toca desde atrás. Como si se tratara de una gata siendo atacada, la reacción de Kyara en visceral y feroz en su retracción de quien fuera su amante. La tensión sexual entre ambos es profunda, se respira en el ambiente y, al no poder encontrar un desfogue, se traduce en violencia que puede llevar a una charola de metal a ser azotada con toda fuerza en el piso. La veracidad con que el montaje de “Tragaluz” ha sido construido es llevado al terreno de las actuaciones. Marina de Tavira y Rafael Sánchez Navarro accionan desde las entrañas, desde la más absoluta honestidad, misma que se percibe a los escasos centímetros que se encuentran los actores de las butacas. Mientras que Marina da vida a una Kyara que desde la mirada revela la vorágine de emociones que se debaten en su interior, ya sea frente a hijo o a padre, Sánchez Navarro encarna a un Tom flemático y altanero quien, a pesar de su amor aun muy vivo por su examante, es incapaz de superar las diferencias de clases entre ellos. El cuadro actoral lo completa Aldo Bringas como el joven Edward quien, a pesar de no estar a la misma altura que sus compañeros de escena más por una falta de kilometraje sobre las tablas que por ausencia de capacidad, consigue una escena final que se guarda en el alma como sencillamente entrañable.

“Soy un símbolo de eso contra lo que estás tan enojada.”

Nosotros podemos haber terminado con el pasado, pero el pasado no ha terminado con nosotros. Esta frase de la película Magnolia de Paul Thomas Anderson resuena profundamente con “Tragaluz”. Yo confieso haber pasado varias horas tras terminar de ver la puesta en escena pensando al qué será de estos personajes una vez que el oscuro final sucede. Si alcanzarán la felicidad, la paz, el perdón tan necesario en cada uno de ellos es una incógnita que posiblemente me aceche tal y como los fantasmas del pasado seguirán acechando a Kyara, Tom y Edward.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Tragaluz”

DRAMATURGIA: David Hare

DIRECCIÓN: Luis de Tavira

ACTÚAN: Marina de Tavira, Rafael Sánchez Navarro y Aldo Bringas.

DÓNDE: Casa del Teatro.

DIRECCIÓN: Vallarta 31, Colonia La Concepción.

CUÁNDO: Martes, Miércoles, Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas. Hasta el 7 de Julio.

COSTO: $300. Boletos en taquilla y www.boletia.com

DURACIÓN: 160 minutos con un intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Está a unas cuadras del centro de Coyoacán.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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